El Kybalion - Hermes Trismegistus
Mucho placer nos causa el poder presentar este trabajo a la
atención de los estudiantes e investigadores de las Doctrinas Secretas,
obra que está basada en las antiquísimas enseñanzas
herméticas. Se ha escrito tan poca cosa sobre este asunto, a pesar
de las innumerables referencias que se han hecho de estas enseñanzas
en muchos de los trabajos sobre ocultismo, que los investigadores de las
verdades arcanas habrán, sin dudas, presentido la aparición
de este libro.El propósito de éste no es la enunciación de una
filosofía o doctrina especial, sino más bien el de dar al
estudiante una exégesis de la verdad, que le sirva para conciliar
los muchos tópicos de los conocimientos ocultos que puede ya haber
adquirido, pero que, aparentemente, son contradictorios y paradójicos,
lo que a menudo desanima y disgusta al principiante. Nuestro intento no
es el de erigir un nuevo templo de sabiduría, sino el de colocar
en manos del investigador una clave maestra con la cual pueda abrir las
numerosas puertas internas que conducen al Templo del Misterio.Ningún conocimiento oculto ha sido tan celosamente guardado como
los fragmentos de las enseñanzas herméticas, los que han
llegado hasta nosotros a través de las centurias transcurridas desde
los tiempos del Gran Fundador, Hermes Trismegisto, «el elegido de
los dioses», quien murió en el antiguo Egipto, cuando la raza
actual estaba en su infancia. Contemporáneo de Abraham, y, si la
leyenda no miente, instructor de aquel venerable sabio, Hermes fue y es
el Gran Sol Central del Ocultismo, cuyos rayos han iluminado todos los
conocimientos que han sido impartidos desde entonces. Todas las bases fundamentales
de las enseñanzas esotéricas que en cualquier tiempo han
sido impartidas a la raza son originarias, en esencia, de las formuladas
por Hermes. Aun las más antiguas doctrinas de la India han tenido
su fuente en las enseñanzas herméticas.Desde la tierra del Ganges muchos ocultistas avanzados se dirigieron
hacia el Egipto para postrarse a los pies del Maestro. De él obtuvieron
la clave maestra, que, al par que explicaba, reconciliaba sus diferentes
puntos de vista, estableciéndose así firmemente la Doctrina
Secreta. De todas partes del globo vinieron discípulos y neófitos
que miraban a Hermes como el Maestro de los Maestros, y su influencia fue
tan grande que, a pesar de las negativas de los centenares de instructores
que había en los diferentes países, se puede fácilmente
encontrar en las enseñanzas de estos últimos las bases fundamentales
en las que se asentaban las doctrinas herméticas. El estudiante
de religiones comparadas puede fácilmente percibir la influencia
tan grande que las enseñanzas herméticas han ejercido en
todas las religiones, sea cual fuere el nombre con que se les conozca ahora,
bien en las religiones muertas o bien en las actualmente existentes. La
analogía salta a la vista, a pesar de los puntos aparentemente contradictorios,
y las enseñanzas herméticas son como un conciliador de ellas.La obra de Hermes parece haberse dirigido en el sentido de sembrar la
gran verdad que se ha desarrollado y germinado en tantas y tan extrañas
formas, más bien que en el de establecer una escuela de la filosofía
que dominara el pensamiento del mundo. Sin embargo, la verdad original
enseñada por él ha sido guardada intacta, en su pureza primitiva,
por un reducido número de hombres en cada época, los cuales,
rehusando gran número de aficionados y de estudiantes poco desarrollados,
siguieron el proceder hermético y reservaron su conocimiento para
los pocos que estaban prontos para comprenderlo y dominarlo. De los labios
a los oídos fue transmitido este conocimiento entre esos pocos.
Siempre han existido en cada generación y en los diversos países
de la tierra algunos iniciados que conservaron viva la sagrada llama de
las enseñanzas herméticas, y que siempre han deseado emplear
sus lámparas para encender las lámparas menores de los del
mundo profano, cuando la luz de la verdad languidecía y se anublaba
por su negligencia, o cuando su pabilo se ensuciaba con materias extrañas.
Han existido siempre los pocos que cuidaron el altar de la verdad, sobre
el cual conservaron siempre ardiendo la lámpara perpetua de la Sabiduría.
Esos hombres dedicaron su vida a esa labor de amor que el poeta describiera
en estas líneas:«O, let not the flame die out! Cherished age after age in its
dark cavern —in its holy temples cherished. Fed by pure ministers of love—
let not the flame die out!»«¡Oh, no dejes extinguirse la llama! Sustentada por generación
tras generación en su oscura caverna —en sus templos sagrados sustentada.
Nutrida por puros sacerdotes de amor— ¡no dejes extinguirse la llama!»Estos hombres no buscaron nunca ni la aprobación popular ni acaparar
gran número de prosélitos. Son indiferentes a esas cosas,
pues saben de sobra cuán pocos hay en cada generación, capaces
de recibir la verdad, o de reconocerla si se les presentara. Ellos «reservan
la carne para los hombres», mientras que los demás «dan
leche a los niños», conservan sus perlas de sabiduría
para los pocos elegidos capaces de apreciar su valor y de llevarlas en
sus coronas, en vez de echárselas a los cerdos que las mancillarían
y pisotearían en el cieno de sus chiqueros. Mas estos hombres no
han olvidado aún los preceptos de Hermes respecto a la transmisión
de estas enseñanzas a los que estén preparados para recibirlas,
acerca de lo cual dice El Kybalion: «Dondequiera que estén
las huellas del Maestro, allí, los oídos del que está
pronto para recibir sus enseñanzas se abren de par en par».
Y además: «Cuando el oído es capaz de oír, entonces
vienen los labios que han de llenarlos con sabiduría». Pero
su actitud habitual ha estado siempre estrictamente de acuerdo con otro
aforismo, de El Kybalion también, que dice que «los
labios de la Sabiduría permanecen cerrados, excepto para el oído
capaz de comprender.»Y esos oídos incapaces de comprender son los que han criticado
esta actitud de los hermetistas y los que se han lamentado públicamente
de que aquellos no hayan expresado nunca claramente el verdadero espíritu
de sus enseñanzas, sin reservas ni reticencias. Pero una mirada
retrospectiva en las páginas de la historia demostrará la
sabiduría de los maestros, quienes conocían la locura que
era intentar enseñar al mundo lo que éste no deseaba ni estaba
preparado para recibir. Los hermetistas nunca han deseado ser mártires,
sino que, por el contrario, han permanecido retirados, silenciosos y sonrientes
ante los esfuerzos de algunos que se imaginaban, en su ardiente entusiasmo,
que podían forzar a una raza de bárbaros a admitir verdades
que sólo pueden comprender los que han avanzado mucho en el Sendero.El espíritu de persecución no ha muerto aún en
la tierra. Hay ciertas enseñanzas herméticas que, si se divulgaran,
atraerían sobre sus divulgadores un griterío de odio y el
desprecio de las multitudes, las que volverían a gritar de nuevo:
¡Crucificadlo!… ¡Crucificadlo!…En esta obrita hemos tratado de daros una idea de las enseñanzas
fundamentales de El Kybalion, indicando todo cuanto se refiere a
los principios actuales, dejándoos el trabajo de estudiarlos, más
bien que el de tratarlos nosotros mismos en detalle. Si sois verdaderos
estudiantes o discípulos, comprenderéis y podréis
aplicar estos principios; si no, debéis desarrollarlos, pues de
otra manera las enseñanzas herméticas no serán para
vosotros sino «palabras, palabras, palabras».
Capítulo I
cerrados, excepto para el oído capaz de comprender.»
Desde el antiguo Egipto han venido las enseñanzas
fundamentales y secretas que tan fuertemente han influido en los sistemas
filosóficos de todas las razas y de todos los pueblos, durante centurias
enteras. El Egipto, la patria de las pirámides y de la Esfinge,
fue la cuna de la Sabiduría Secreta y de las doctrinas místicas.
Todas las naciones han sacado las suyas de sus doctrinas esotéricas,
La India, Persia, Caldea, Medea, China, Japón, Asiria, la antigua
Grecia y Roma, y otros no menos importantes países, se aprovecharon
libremente de las doctrinas formuladas por los hierofantes y Maestros de
la tierra de Isis, conocimientos que sólo eran transmitidos a los
que estaban preparados para participar de lo oculto.Fue también en el antiguo Egipto donde vivieron los tan grandes
adeptos y Maestros que nadie después ha sobrepasado, y que rara
vez han sido igualados en las centurias que han transcurrido desde los
tiempos del Gran Hermes. El Egipto fue la residencia de la Gran Logia de
las fraternidades místicas. Por las puertas de su templo entraron
todos los neófitos que, convertidos más tarde en Adeptos,
Hierofantes y Maestros, se repartieron por todas partes, llevando consigo
el precioso conocimiento que poseían y deseando hacer partícipe
de él a todo aquel que estuviera preparado para recibirlo. Ningún
estudiante de ocultismo puede dejar de reconocer la gran deuda que tiene
contraída con aquellos venerables Maestros de Egipto.Pero entre esos grandes maestros existió uno al que los demás
proclamaron «el Maestro de los Maestros». Este hombre, si es
que puede llamarse «hombre» a un ser semejante, vivió
en Egipto en la más remota antigüedad y fue reconocido bajo
el nombre de Hermes Trismegisto.Fue el padre de la sabiduría, el fundador de la astrología,
el descubridor de la alquimia. Los detalles de su vida se han perdido para
la historia, debido al inmenso espacio de tiempo transcurrido desde entonces.
La fecha de su nacimiento en Egipto, en su última encarnación
en este planeta, no se conoce ahora, pero se ha dicho que fue contemporáneo
de las más antiguas dinastías de Egipto, mucho antes de Moisés.
Las autoridades en la materia lo creen contemporáneo de Abraham,
y en alguna de las tradiciones judías se llega a afirmar que Abraham
obtuvo muchos de los conocimientos que poseía del mismo Hermes.Después de haber transcurrido muchos años desde su muerte
(la tradición afirma que vivió trescientos años),
los egipcios lo deificaron e hicieron de él uno de sus dioses, bajo
el nombre de Thoth. Años después los griegos hicieron también
de él otro de sus dioses y lo llamaron «Hermes, el dios de
la sabiduría». Tanto los griegos como los egipcios reverenciaron
su memoria durante centurias enteras, denominándole el «inspirado
de los dioses», y añadiéndole su antiguo nombre «Trismegisto»,
que significa «tres veces grande». Todos estos antiguos países
lo adoraron, y su nombre era sinónimo de «fuente de sabiduría».Aun en nuestros días usamos el término «hermético»
en el sentido de «secreto», «reservado», etc.,
y esto es debido a que los hermetistas habían siempre observado
rigurosamente el secreto de sus enseñanzas. Si bien entonces no
se conocía aquello de «no echar perlas a los cerdos»,
ellos siguieron su norma de conducta especial que les indicaba «dar
leche a los niños y carne a los hombres», cuyas máximas
son familiares a todos los lectores de las escrituras bíblicas,
máximas que, por otra parte, habían sido ya usadas muchos
siglos antes de la Era Cristiana.Y esta política de diseminar cuidadosamente la verdad ha caracterizado
siempre a los hermetistas, aun en nuestros días. Las enseñanzas
herméticas se encuentran en todos los países y en todas las
religiones, pero nunca identificada con un país en particular ni
con secta religiosa alguna. Esto es debido a la prédica que los
antiguos instructores hicieron para evitar que la Doctrina Secreta se cristalizara
en un credo. La sabiduría de esta medida salta a la vista de todos
los estudiantes de historia. El antiguo ocultismo de la India y la Persia
degeneró y se perdieron sus conocimientos, debido a que los instructores
se habían convertido en sacerdotes y mezclaron la teología
con la filosofía, siendo su inmediata consecuencia que perdieron
toda su sabiduría, la que acabó por transformarse en una
cantidad inmensa de supersticiones religiosas, cultos, credos y dioses.
Lo mismo pasó con las enseñanzas herméticas de los
gnósticos cristianos, enseñanzas que se perdieron por el
tiempo de Constantino, quien mancilló la filosofía mezclándola
con la teología, y la iglesia cristiana perdió entonces su
verdadera esencia y espíritu, viéndose obligada a andar a
ciegas durante varios siglos, sin que hasta ahora haya encontrado su camino,
observándose actualmente que la iglesia cristiana está luchando
nuevamente por aproximarse a sus antiguas enseñanzas místicas.Pero siempre han existido unas cuantas almas que han conservado viva
la llama, alimentándola cuidadosamente y no permitiendo que se extinguiera
su luz. Y gracias a esos firmes corazones y a esas mentes de extraordinario
desarrollo tenemos aún la verdad con nosotros. Mas no se encuentra
en los libros. Ella ha sido transmitida del Maestro al discípulo,
del iniciado al neófito, de los labios a los oídos. Si alguna
vez se ha escrito algo sobre ella, su significado ha sido cuidadosamente
velado con términos de astrología y alquimia, de tal manera
que sólo los que poseían la clave podían leerlo correctamente.
Esto se hizo necesario a fin de evitar las persecuciones de los teólogos
de la Edad Media, quienes luchaban contra la Doctrina Secreta a sangre
y fuego. Aun en nuestros días nos es dable encontrar algunos libros
valiosos de filosofía Hermética, pero la mayor parte se ha
perdido. Sin embargo, la Filosofía Hermética es la única
clave maestra que puede abrir las puertas a todas las enseñanzas
ocultas.En los primeros tiempos existió una compilación de ciertas
doctrinas herméticas que eran las bases fundamentales de toda la
Doctrina Secreta, y que habían sido, hasta entonces, transmitidas
del instructor al estudiante, compilación que fue conocida bajo
el nombre de El Kybalion, cuyo exacto significado se perdió
durante centenares de años. Sin embargo, algunos que han recibido
sus máximas de los labios a los oídos las comprenden y las
conocen. Sus preceptos no habían sido escritos nunca hasta ahora.
Son, simplemente, una serie de máximas y axiomas que luego eran
explicados y ampliados por los Iniciados. Estas enseñanzas constituyen
realmente los principios básicos de la «alquimia hermética»,
la que, contrariamente a lo que se cree, está basada en el dominio
de las fuerzas mentales, más bien que en el de los elementos materiales;
en la transmutación de una clase de vibraciones mentales en otras,
más bien que en el cambio de una clase de metal en otro. La leyenda
acerca de la piedra filosofal, que convertía todos los metales en
oro, era una alegoría relativa a la Filosofía Hermética,
alegoría que era perfectamente comprendida por todos los discípulos
del verdadero hermetismo.En esta obrita invitamos a nuestros estudiantes a examinar las enseñanzas
herméticas, tal como fueron expuestas en El Kybalion, explicadas
y ampliadas por nosotros, humildes estudiantes de las mismas, que si bien
llevamos el título de iniciados somos, sin embargo, simples discípulos
a los pies de Hermes, el Maestro. Transcribimos aquí muchas de las
máximas y preceptos de El Kybalion, acompañadas por
explicaciones y comentarios que creemos ayudarán a hacer más
fácilmente comprensible esas enseñanzas por los hombres modernos,
especialmente teniendo en cuenta que el texto original ha sido velado a
propósito con términos obscuros y desconcertantes.Las máximas originales, axiomas y preceptos de El Kybalion
están impresos con otro tipo de letra. Esperamos que los lectores
de esta obra sacarán tanto provecho del estudio de sus páginas
como lo han sacado otros que han pasado antes por el mismo sendero que
conduce a la maestría desde los tiempos de Hermes Trismegisto, el
Maestro de los Maestros, el Tres veces Grande, hasta ahora.Dice El Kybalion:
«Donde quiera que estén las huellas del Maestro, allí
los oídos del que está pronto para recibir sus enseñanzas
se abren de par en par.»«Cuando el oído es capaz de oír, entonces vienen
los labios que han de llenarlos con sabiduría.»
De manera que, de acuerdo con lo indicado, este libro sólo atraerá
la atención de los que están preparados para recibirlo. Y
recíprocamente, cuando el estudiante esté preparado para
recibir la verdad, entonces este libro llegará a él. El principio
hermético de causa y efecto, en su aspecto de «ley de atracción»,
llevará los oídos junto a los labios y el libro junto al
discípulo.
Capítulo II
comprende esto perfectamente, posee la clave mágica ante la cual
todas las puertas del Templo se abrirán de par en par.»
Los siete principios sobre los que se basa toda la Filosofía
Hermética son los siguientes:
EL PRINCIPIO DE MENTALISMO.
EL PRINCIPIO DE CORRESPONDENCIA.
EL PRINCIPIO DE VIBRACIÓN.
EL PRINCIPIO DE POLARIDAD.
EL PRINCIPIO DEL RITMO.
EL PRINCIPIO DE CAUSA Y EFECTO.
EL PRINCIPIO DE GENERACIÓN.
El principio de mentalismo
El principio de correspondencia
El principio de vibración
El principio de polaridad
El principio del ritmo
El principio de causa
y efecto
El principio de generación
- «El TODO es Mente; el universo es mental.»
Este principio encierra la verdad de que «todo es mente».
Explica que el TODO, que es la realidad sustancial que se oculta detrás
de todas las manifestaciones y apariencias que conocemos bajo los nombres
de «universo material», «fenómenos de la vida»,
«materia», «energía», etc., y en una palabra,
todo cuanto es sensible a nuestros sentidos materiales, es espíritu,
quien en sí mismo es incognoscible e indefinible, pero que puede
ser considerado como una mente infinita, universal y viviente. Explica
también que todo el mundo fenomenal o universo es una creación
mental del TODO en cuya mente vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser.
Este principio, al establecer la naturaleza mental del universo, explica
fácilmente los varios fenómenos mentales y psíquicos
que tanto han preocupado la atención del público, y que sin
tal explicación no son comprensibles y desafían toda hipótesis
científica. La comprensión de este principio hermético
de mentalismo habilita al individuo a realizar y conocer la ley que rige
el universo mental, aplicándola a su bienestar y desarrollo. El
estudiante de la Filosofía Hermética puede emplear conscientemente
las grandes leyes mentales, en vez de usarlas por casualidad o ser usado
por ellas. Con la clave maestra en su poder, el discípulo puede
abrir las puertas del templo del conocimiento mental y psíquico
y entrar en el mismo, libre e inteligentemente. Este principio explica
la verdadera naturaleza de la energía, de la fuerza y de la materia,
y el cómo y el porqué todas estas están subordinadas
al dominio de la mente. Uno de los antiguos Maestros escribió largo
tiempo ha: «El que comprenda la verdad de que el universo es mental,
está muy avanzado en el sendero de la maestría». Y
estas palabras son tan verdad hoy en día como lo eran cuando fueron
escritas. Sin esta clave maestra la maestría es imposible, y el
estudiante que no la posea, en vano llamará a la puerta del Templo.
- «Como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba.»
Este principio encierra la verdad de que hay siempre una cierta
correspondencia entre las leyes y los fenómenos de los varios estados
del ser y de la vida, y el antiquísimo axioma hermético se
refiere precisamente a esto, y afirma: «Como es arriba, es abajo;
como es abajo, es arriba», y la comprensión de este principio
da una clave para resolver muchos de los más obscuros problemas
y paradojas de los misteriosos secretos de la Naturaleza. Hay muchos planos
que no conocemos, pero cuando aplicamos esa ley de correspondencia a ellos,
mucho de lo que de otra manera nos sería incomprensible se hace
claro a nuestra conciencia. Este principio es de aplicación universal
en los diversos planos, mental, material o espiritual del Kosmos: es una
ley universal. Los antiguos hermetistas consideraban este principio como
uno de los más importantes auxiliares de la mente, por cuyo intermedio
se puede descorrer el velo que oculta lo desconocido a nuestra vida. Su
aplicación puede desgarrar un tanto el Velo de Isis, de tal manera
que nos permita ver, aunque más no sea, algunos de los rasgos de
la diosa. De igual manera que el comprender los principios de la geometría
habilita al hombre para medir el diámetro, órbita y movimiento
de las más lejanas estrellas, mientras permanece sentado en su observatorio,
así también el conocimiento del principio de correspondencia
habilita al hombre a razonar inteligentemente de lo conocido o lo desconocido;
estudiando la mónada se llega a comprender al arcángel.
- «Nada está inmóvil; todo se mueve;
todo vibra.»
Este principio encierra la verdad de que todo está
en movimiento, de que nada permanece inmóvil, cosas ambas que confirma
por su parte la ciencia moderna, y cada nuevo descubrimiento lo verifica
y comprueba. Y, a pesar de todo, este principio hermético fue enunciado
cientos de años ha por los Maestros del antiguo Egipto. Este principio
explica las diferencias entre las diversas manifestaciones de la materia,
de la fuerza, de la mente y aun del mismo espíritu, las que no son
sino el resultado de los varios estados vibratorios. Desde el TODO, que
es puro espíritu, hasta la más grosera forma de materia,
todo está en vibración: cuanto más alta es esta, tanto
más elevada es su posición en la escala. La vibración
del espíritu es de una intensidad infinita; tanto, que prácticamente
puede considerarse como si estuviera en reposo, de igual manera que una
rueda que gira rapidísimamente parece que está sin movimiento.
Y en el otro extremo de la escala hay formas de materia densísima,
cuya vibración es tan débil que parece también estar
en reposo. Entre ambos polos hay millones de millones de grados de intensidad
vibratoria. Desde el corpúsculo y el electrón, desde el átomo
y la molécula hasta el astro y los Universos, todo está en
vibración. Y esto es igualmente cierto en lo que respecta a los
estados o planos de la energía o fuerza (la que no es más
que un determinado estado vibratorio), y a los planos mentales y espirituales.
Una perfecta comprensión de este principio habilita al estudiante
hermético a controlar sus propias vibraciones mentales, así
como las de los demás. Los Maestros también emplean este
principio para conquistar los fenómenos naturales. «El que
comprenda el principio vibratorio ha alcanzado el cetro del poder»,
ha dicho uno de los más antiguos escritores.
- «Todo es doble, todo tiene dos polos; todo, su
par de opuestos: los semejantes y los antagónicos son lo mismo;
los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado;
los extremos se tocan; todas las verdades son medias verdades, todas las
paradojas pueden reconciliarse.»
Este principio encierra la verdad de que todo es dual; todo
tiene dos polos; todo su par de opuestos, afirmaciones que son de otros
tantos axiomas herméticos. Explica y dilucida las antiguas paradojas
que han dejado perplejos a tantísimos investigadores, y que literalmente
decían: «La tesis y la antítesis son idénticas
en naturaleza, difiriendo sólo en grado»; «los opuestos
son idénticos en realidad, diferenciándose en su gradación»;
«los pares de opuestos pueden conciliarse, los extremos se tocan»;
«todo es y no es al mismo tiempo», «toda verdad no es
sino media verdad»; «toda verdad es medio falsa», etc.
Este principio explica que en cada cosa hay dos polos, dos aspectos, y
que los «opuestos» no son, en realidad, sino los dos extremos
de la misma cosa, consistiendo la diferencia, simplemente, en diversos
grados entre ambos. El calor y el frío, aunque opuestos, son realmente
la misma cosa, consistiendo la diferencia, simplemente, en diversos grados
de aquella. Mirad un termómetro y tratad de averiguar donde empieza
el calor y donde termina el frío. No hay nada que sea calor absoluto
en realidad, indicando simplemente ambos términos, frío y
calor, diversos grados de la misma cosa, y que ésta se manifiesta
en esos opuestos no es más que los polos de eso que se llama Calor,
o sea la manifestación del principio de polaridad que nos ocupa.
El mismo principio se manifiesta en la «luz» y la «oscuridad»,
las que, en resumen, no son sino la misma cosa, siendo ocasionada la diferencia
por la diversidad de grado entre los dos polos del fenómeno. ¿Dónde
termina la oscuridad y dónde empieza la luz? ¿Cuál
es la diferencia entre grande y pequeño? ¿Cuál entre
duro y blando? ¿Cuál entre duro y blando? ¿Cuál
entre blanco y negro? ¿Cuál entre alto y bajo? ¿Cuál
entre positivo y negativo? El principio de polaridad explica esta paradoja.
El mismo principio opera de idéntica manera en el plano mental.
Tomemos, por ejemplo, el amor y el odio, dos estados mentales completamente
distintos aparentemente, y notaremos que hay muchos grados entre ambos;
tantos, que las palabras que nosotros usamos para designarlos, «agradable»
y «desagradable», se esfuman una en la otra, hasta tal punto
que muchas veces somos incapaces de afirmar si una cosa nos causa placer
o disgusto. Todas no son más que gradaciones de una misma cosa,
como lo comprenderéis claramente por poco que meditéis sobre
ello. Y aun más que esto, es posible cambiar o transmutar las vibraciones
de odio por vibraciones de amor, en la propia mente y en la mente de los
demás, lo que es considerado como lo más importante por los
hermetistas. Muchos de los que leéis estas páginas habréis
tenido experiencias en vosotros mismos y en los demás de la rápida
e involuntaria transición del amor en odio y recíprocamente.
Y ahora comprenderéis la posibilidad de efectuar esto por medio
del poder de la voluntad, de acuerdo con las fórmulas herméticas.
El «Bien» y el «Mal» no son sino los polos de una
misma y sola cosa, y el hermetista comprende y conoce perfectamente el
arte de transmutar el mal en el bien aplicando inteligentemente el principio
de polaridad. En una palabra, el «arte de polarizar» se convierte
en una fase de la alquimia mental, conocida y practicada por los antiguos
y modernos Maestros herméticos. La perfecta comprensión de
este principio capacita para cambiar la propia polaridad, así como
la de los demás, si uno se toma el tiempo y estudia lo necesario
para dominar este arte.
- «Todo fluye y refluye; todo tiene sus períodos
de avance y retroceso, todo asciende y desciende; todo se mueve como un
péndulo; la medida de su movimiento hacia la derecha, es la misma
que la de su movimiento hacia la izquierda; el ritmo es la compensación.»
Este principio encierra la verdad de que todo se manifiesta
en un determinado movimiento de ida y vuelta; un flujo y reflujo, una oscilación
de péndulo entre los dos polos que existen de acuerdo con el principio
de polaridad, descrito un momento ha. Hay siempre una acción y una
reacción, un avance y un retroceso, una ascensión y un descenso.
Y esta ley rige para todo; soles, mundos, animales, mente, energía,
materia. Esta ley lo mismo se manifiesta en la creación como en
la destrucción de los mundos, en el progreso como en la decadencia
de las naciones, en la vida, en las cosas todas, y, finalmente, en los
estados mentales del hombre, y es con frecuencia a esto último que
creen los hermetistas que este principio es el más importante. Los
hermetistas han descubierto este principio, encontrándolo de aplicación
universal, y han asimismo descubierto ciertos métodos para escapar
a sus efectos, mediante el empleo de las fórmulas y métodos
apropiados. Emplean para ello la ley mental de neutralización. No
pueden anular el principio o impedir que opere, pero han aprendido a eludir
sus efectos hasta un cierto grado, grado que depende del dominio que se
tenga de dicho principio. Saben como usarlo, en vez de ser usados por él.
En este y en otros parecidos métodos consiste la ciencia hermética.
El Maestro se polariza a sí mismo en el punto donde desea quedarse,
y entonces neutraliza la oscilación rítmica pendular que
tendería a arrastrarlo hacia el otro polo. Todos los que han adquirido
cierto grado de dominio sobre sí mismos ejecutan esto hasta cierto
punto, consciente o inconscientemente, pero el Maestro lo efectúa
conscientemente, y por el solo poder de su voluntad alcanza un grado tal
de estabilidad y firmeza mental casi imposible de concebir por esa inmensa
muchedumbre que va y viene en un continuado movimiento ondulatorio, impulsada
por ese principio de ritmo. Este, así como el de la polaridad, ha
sido cuidadosamente estudiado por los hermetistas, y los métodos
de contrabalancearlos, neutralizarlos y emplearlos, forman una de las partes
más importantes de la alquimia mental hermética.
- «Toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene
su causa; todo sucede de acuerdo a la ley; la suerte no es más que
el nombre que se le da a la ley no reconocida; hay muchos planos de casualidad,
pero nada escapa a la Ley.»
Este principio encierra la verdad de que todo efecto tiene
su causa, y toda causa su efecto. Afirma que nada ocurre casualmente y
que todo ocurre conforme a la Ley.
La suerte es una palabra vana, y si bien existen muchos planos de causas
y efectos, dominando los superiores a los inferiores, aun así ninguno
escapa totalmente a la Ley. Los hermetistas conocen los medios y los métodos
por los cuales se pude ascender más allá del plano ordinario
de causas y efectos, hasta cierto grado, y alcanzando mentalmente el plano
superior se convierten en causas en vez de efectos. Las muchedumbres se
dejan llevar, arrastradas por el medio ambiente que las envuelve o por
los deseos y voluntades de los demás, si éstos son superiores
a las de ellas. La herencia, las sugestiones y otras múltiples causas
externas las empujan como autómatas en el gran escenario de la vida.
Pero los Maestros, habiendo alcanzado el plano superior, dominan sus modalidades,
sus caracteres, sus cualidades y poderes, así como el medio ambiente
que los rodea, convirtiéndose de esta manera en dirigentes, en vez
de ser los dirigidos.
Ayudan a las masas y a los individuos a divertirse en el juego de la
vida, en vez de ser ellos los jugadores o los autómatas movidos
por ajenas voluntades. Utilizan el principio, en vez de ser sus instrumentos.
Los Maestros obedecen a la causalidad de los planos superiores en que se
encuentran, pero prestan su colaboración para regular y regir en
su propio plano. En lo dicho está condensado un valiosísimo
conocimiento hermético: que el que sea capaz de leer entre líneas
lo descubra, es nuestro deseo.
tiene su principio masculino y femenino; la generación se manifiesta
en todos los planos.»
Este principio encierra la verdad de que la generación
se manifiesta en todo, estando siempre en acción los principios
masculino y femenino. Esto es verdad, no solamente en el plano físico,
sino también en el mental y en el espiritual. En el mundo físico
este principio se manifiesta como «sexo», y en los planos superiores
toma formas más elevadas, pero el principio subsiste siempre el
mismo. Ninguna creación física, mental o espiritual, es posible
sin este principio. La comprensión del mismo ilumina muchos de los
problemas que tanto han confundido la mente de los hombres. Este principio
creador obra siempre en el sentido de «generar», «regenerar»
y «crear». Cada ser contiene en sí mismo los dos elementos
de este principio. Si deseáis conocer la filosofía de la
creación, generación y regeneración mental y espiritual,
debéis estudiar este principio hermético, pues él
contiene la solución de muchos de los misterios de la vida. Os advertimos
que este principio nada tiene que ver con las perniciosas y degradantes
teorías, enseñanzas y prácticas, que se anuncian con
llamativos títulos, las que no son más que una prostitución
del gran principio natural de generación. Tales teorías y
prácticas no son más que la resurrección de las antiguas
doctrinas fálicas, que sólo pueden producir la ruina de la
mente, del alma y del cuerpo, y la Filosofía Hermética siempre
ha alcanzado su verbo de protesta contra esas licencias y perversiones
de los principios naturales. Si lo que deseáis son tales enseñanzas,
debéis irlas a buscar a otra parte: el hermetismo nada contiene
sobre ellas. Para el puro todas las cosas son puras; para el ruin todas
son ruines.
Capítulo III
demás elementos, pueden ser transmutados, de estado en estado, de
grado en grado, de condición en condición, de polo a polo,
de vibración en vibración. La verdadera transmutación
hermética es una práctica, un método, un arte mental.»
Como indicamos anteriormente, los hermetistas fueron
los verdaderos creadores de la alquimia, de la astrología y la sicología,
habiendo sido Hermes el fundador de esas escuelas de pensamiento. De la
astrología ha derivado la astronomía moderna; de la alquimia
ha surgido la química y de la sicología mística la
sicología moderna. Mas no debe suponerse que los antiguos fueron
unos ignorantes respecto a lo que las escuelas modernas creen de su exclusiva
propiedad. Las inscripciones grabadas en las piedras y monumentos de Egipto
prueban concluyentemente que los antiguos poseían el más
perfecto conocimiento acerca de la astronomía, mostrando la construcción
de las mismas pirámides una relación estrechísima
entre sus designios y su conocimiento de la ciencia astronómica.
Tampoco debe suponerse que ignoran la química, pues los fragmentos
de antiguas escrituras descubiertas muestran que estaban muy familiarizados
con las propiedades químicas de los cuerpos. En una palabra, sus
teorías respecto a la física han sido posteriormente verificadas
y confirmadas por los últimos descubrimientos de la ciencia moderna,
sobre todo en lo que se refiere a la constitución de la materia.
Lejos de ignorar los llamados modernos descubrimientos psicológicos,
los egipcios estaban muy al corriente de todo ello, especialmente en ciertas
ramas que ignoran completamente las escuelas modernas, y sobre todo en
«ciencia psíquica», la que tanto está confundiendo
a los psicólogos de hoy en día, y haciéndoles confesar
al fin que, «después de todo, bien puede haber algo de cierto
en ello».Lo cierto es que, además de la química, astronomía
y sicología (esto es, la sicología en su aspecto de función
cerebral), los antiguos poseían un conocimiento trascendental de
la astronomía que se llamó alquimia y de la sicología
trascendental titulada sicología mística. Y no solamente
poseían este conocimiento interno, sino también el externo,
siendo este último el único que conocen los hombres de ciencia
modernos. Entre los muchos aspectos y tópicos de conocimientos secretos
de los hermetistas se encuentra lo que se conoce como «transmutación
mental», de la que vamos a tratar en este capítulo.«Transmutación» es el término generalmente
empleado para designar el antiguo arte de transmutar los metales, especialmente
los de poco valor, en oro. La palabra «transmutar» significa
«cambiar de naturaleza, de sustancia y de forma, convirtiéndose
en otra; transformarse en otra cosa» (Webster). Y de acuerdo con
esa definición, «transmutación menta» significa
el arte de transformar o cambiar los estados, cualidades, formas, condiciones
mentales etc., en otros. Así que podéis ver que la transmutación
mental no es otra cosa que una especie de química mental; y si preferís
el término, una forma especial práctica de sicología
mística.Mas esto tiene un significado muchísimo mayor de lo que parece
a simple vista. La transmutación alquímica en el plano mental
es tan importante en sus efectos que de ser conocida sería uno de
los estudios más importantes para el hombre. Y esto no es más
que el principio. Veamos por qué.El primero de los siete principios herméticos es el de mentalismo,
que afirma que «el TODO es mente, que el universo es mental»,
lo que significa que la única realidad que se oculta tras todo cuanto
existe es mente; y el universo en sí mismo es una creación
mental, esto es, existe en la mente del TODO. Consideraremos este principio
en las sucesivas lecciones, pues ahora vamos a estudiar sus efectos, suponiendo
que dicho principio fuera cierto.Si el universo es de naturaleza mental, entonces la transmutación
mental debe ser el arte de cambiar o transformar las condiciones del universo,
trátese de la materia, de la energía o de la mente. Así
que esa transmutación, no es otra cosa que la magia, de la que tanto
han hablado los escritores antiguos en sus obras místicas, pero
acerca de la cual daban tan pocas instrucciones prácticas. Si todo
es mental, entonces la posesión del medio que permita transmutar
las condiciones mentales debe hacer del Maestro el dirigente y controlador
de las condiciones materiales, así como de las operaciones llamadas
mentales.Es muy cierto que nadie, excepto los alquimistas mentales más
avanzados, han alcanzado el grado de poder necesario para dominar las condiciones
físicas más densas, tales como los elementos de la naturaleza,
la producción y cesación de las tempestades, la producción
y cesación de terremotos u otros fenómenos físicos
de cualquier clase, pero que tales hombres existieron y que existen es
una cosa que no duda ningún ocultista, sea de la escuela que sea.
Los mejores instructores aseguran a sus estudiantes que los Maestros existen,
habiendo aquellos tenido algunas experiencias personales que justificaban
su creencia. Estos Maestros no hacen exhibición pública de
sus poderes, sino que, por el contrario, permanecen solitarios para poder
así actuar y trabajar mejor en el sendero de la realización.
Mencionamos aquí su existencia, meramente para llamar vuestra atención
acerca de que sus poderes son enteramente mentales y que operan en el sentido
de la más elevada transmutación mental, según el principio
del mentalismo de El Kybalion, que dice: «El universo es una
creación mental».Mas los estudiantes y hermetistas de los grados inferiores al de Maestro
—los iniciados e instructores— pueden también actuar y obrar libremente
en el plano mental.Todo cuanto llamamos «fenómenos psíquicos»,
«influencia mental», «mentalismo» etc., son transmutación
mental, pues existe un principio único, y nada importa el nombre
que se dé a los fenómenos que se produzcan.El que practica la transmutación mental trabaja en ese plano,
transformando condiciones y estados mentales en otros, de acuerdo con fórmulas
más o menos eficaces. Los varios «tratamientos», «afirmaciones»,
«autosugestiones», etc., de las escuelas mentalistas no son
más que esas mismas fórmulas (muy a menudo imperfectas y
empíricas), del arte hermético. La mayoría de los
que las practican son unos ignorantes comparados con los antiguos Maestros,
porque no poseen el conocimiento fundamental sobre la cual está
basada esa operación.No solamente los estados mentales de uno mismo pueden ser transmutados
según los métodos herméticos, sino que también
puede hacerse esto con la mentalidad de los demás y, efectivamente,
todos sufrimos transformaciones mentales de cualquier índole, inconscientemente,
por lo general, pero a veces conscientemente, cuando comprendemos algo
acerca de las leyes y principios que los rigen, y sobre todo cuando los
demás ignoran los medios de protegerse a si mismos. Muchos estudiantes
de mentalismo saben que las condiciones materiales dependen de las mentes
de los demás, y pueden ser transmutadas y cambiadas de acuerdo con
los deseos de la persona que quiere modificar sus condiciones de vida.
Se ha hecho esto tan público hoy en día, que no creemos necesario
mencionarlo en detalle, siendo nuestro propósito únicamente
el de mostrar la acción de este principio hermético que se
oculta tras todas esas varias formas de operar, buenas o malas, porque
la fuerza puede ser empleada en ambas direcciones, de acuerdo con el principio
hermético de polaridad.En esta obrita indicaremos los principios básicos en los que
se funda la transmutación mental, de tal manera que todos los que
la estudien puedan comprender las leyes a que obedecen, y poseyendo así
la clave maestra, sean capaces de abrir las muchas puertas del principio
de polaridad.Ahora procederemos a considerar el primero de los siete principios herméticos,
el del mentalismo, el que se explica y desarrolla el axioma de que el TODO
es mental, de que el universo es una creación mental, según
las palabras de El Kybalion.Este principio debe estudiarse cuidadosamente, porque él es,
en realidad, la base de toda la Filosofía Hermética y del
arte hermético de transmutación mental.
Capítulo IV
del Espacio, de todo cuanto se mueve y cambia, se encuentra la realidad
Substancial, la Verdad Fundamental.»
«Sustancia» significa lo que yace oculto
bajo toda manifestación externa, la realidad esencial, la cosa en
sí misma. «Substancial» significa actualmente existente,
el elemento esencial, el ser real. «Realidad» significa el
estado del ser verdadero, real, eterno, permanente, fijo.Más allá de toda apariencia externa o manifestación
debe haber siempre una realidad substancial. Esta es la ley. El hombre
al considerar y examinar el universo, del cual es una unidad, no ve otra
cosa que un cambio continuo en la materia, en las fuerzas en los estados
mentales. Ve que nada es realmente, que todo se transforma y cambia. Nada
permanece: todo nace, crece, muere; tan pronto como una cosa ha adquirido
su máximo desarrollo empieza a declinar; la ley del ritmo está
en constante operación; no hay realidades, nada firme, nada duradero,
fijo o substancial, nada permanente, todo es cambio. Todas las cosas surgen
y evolucionan de otras cosas. Hay una acción continua que es seguida
siempre de su reacción correspondiente; todo fluye y refluye, todo
se construye y derrumba, todo es creación y destrucción,
vida y muerte. Y si el hombre que tal examen hace y tales cosas ve fuera
un pensador, comprendería que todas esas cosas en perpetuo cambio
no pueden ser sino simples apariencias externas o manifestaciones de algún
poder que se oculta tras ellas, de alguna realidad substancial encerrada
en las mismas.Todos los pensadores, de cualquier país o época, se han
visto obligados a afirmar la existencia de esta realidad substancial. Todas
las filosofías, cualquiera que haya sido su nombre, se han basado
en esta idea. Los hombres han dado a esta realidad substancial muchos nombres:
algunos la han denominado «Dios», otros «Divinidad Infinita»
y «Eterna Energía», «Materia», etc., pero
todos han reconocido su existencia. Es evidente por sí misma. No
necesita argumentos.En estas lecciones hemos seguido el ejemplo de algunos de los más
grandes pensadores del mundo, antiguos y modernos —los Maestros herméticos—
y hemos denominado a ese poder que se oculta tras todas las manifestaciones,
a esa realidad substancial, por su nombre hermético del TODO, cuyo
término nos parece es el más amplio de los que puede emplear
el hombre.Aceptamos y enseñamos las teorías de los grandes pensadores
herméticos, como también las de esas almas iluminadas que
han ascendido a planos superiores de existencia. Unos y otros afirman que
la naturaleza íntima del TODO es incognoscible. Y esto debe ser
así efectivamente, pues nadie, excepto el TODO mismo, puede comprender
su propia naturaleza y su propio ser. Los hermetistas creen y enseñan
que el TODO en sí mismo es y debe ser incognoscible. Consideran
las teorías y especulaciones de los teólogos y metafísicos
respecto a la naturaleza íntima del TODO como esfuerzos infantiles
de mentes mortales para sorprender el secreto del Infinito. Todos esos
esfuerzos han fracasado siempre, y seguirán fracasando, debido a
la naturaleza misma de la tarea. El que especula sobre ello se encuentra
perdido en un laberinto de pensamientos sin salida, y si persiste en su
intento acaba por perder toda capacidad para razonar sanamente, hasta llegar
a serle imposible la vida. Se encontraría en una situación
parecida a la de la ardilla, que en la jaula se pone a girar en su rueda,
sin moverse del mismo sitio, continuando tan prisionera como antes de haber
comenzado.Y aun muchos más presuntuosos son esos que tratan de atribuir
al TODO la personalidad, cualidades, propiedades, características
y atributos de ellos mismos, como si el TODO tuviera las emociones, sentimientos
y características de los humanos. Y llega hasta atribuirle malas
cualidades, como los celos, la susceptibilidad a la alabanza y a la oración,
el deseo de que se le ofrende y se le adore y todas esas otras cosas que
nos han legado como herencia de los primeros días de la infancia
de la humanidad. Tales ideas no le sirven para nada al hombre desarrollado
y acaba por dejarlas a un lado.Creemos debe indicar que hacemos una distinción entre la filosofía
y la metafísica. Religión significa para nosotros la realización
intuitiva de la existencia del TODO y de la relación entre uno mismo
y ÉL, mientras que la teología significa para nosotros el
esfuerzo o los esfuerzos que hace el hombre para atribuirle las propias
cualidades, personalidad, características, etc., así como
sus teorías proyectos, deseos y designios, asumiendo el papel del
intermediario entre el TODO y el pueblo. La filosofía significa
para nosotros la especulación que tiende a comprender las cosas
cognoscibles y pensables (permítasenos la palabra), en tanto que
la metafísica indica la tentativa de inquirir entre las nebulosidades
de las regiones de lo incognoscible y de lo impensable, la que, al fin
y al cabo, tiene la misma tendencia que la teología. Consecuentemente,
la religión y la filosofía significan para nosotros cosas
que tienen realidad por sí mismas, en tanto que la teología
y la metafísica son algo así como senderos tortuosos y laberínticos,
por los que circula la ignorancia, y forman la base más insegura
e inestable sobre la que puede apoyarse la mente o el alma del hombre.
No insistiremos para que aceptéis estas definiciones; las mencionamos
con el único objeto de deslindar nuestra posición. De todas
maneras, muy poco hablaremos en estas lecciones de teología y metafísica.Si bien es cierto que la naturaleza esencial del TODO es incognoscible,
hay, sin embargo, ciertas verdades relacionadas con su existencia, que
la mente humana se ve obligada a aceptar. El examen de éstas constituye
un asunto apropiado para la investigación, particularmente por lo
que se refiere a lo que el iluminado nos transmite de sus impresiones en
los más elevados planos de existencia. Y a esta investigación
os invitamos ahora.«Lo que constituye la Verdad fundamental, la Realidad
substancial, está más allá de toda denominación,
pero el sabio lo llama el TODO.»
y tratado con respeto.»
La razón humana, cuyo dictamen debemos aceptar
tanto como lo juzguemos conveniente, nos dice respeto al TODO, sin pretender
desgarrar el velo de lo incognoscible:1. EL TODO debe ser todo lo que realmente es. Nada puede existir fuera
del TODO, o, de lo contrario, el TODO no sería tal.2. EL TODO debe ser infinito, porque nada puede existir que defina,
limite o ponga restricciones al TODO. Debe ser infinito en tiempo, o Eterno,
debe haber existido siempre, continuamente, pues nada puede haberlo creado
jamás, y algo no puede nunca surgir de nada, y si alguna vez no
hubiera sido, aunque sólo fuera un instante, no podría ser.
Debe existir por siempre, porque nada hay que pueda destruirlo, y jamás
puede dejar de ser ni aun por un solo momento, porque algo nunca puede
convertirse en nada. Debe ser infinito en el Espacio, debe encontrarse
en todas partes, porque nada existe, ni hay sitio alguno que esté
más allá del TODO. No puede ser de otra manera, sino continuo
y omnipresente en el espacio, sin cesación, separación o
interrupción, porque no hay nada en ÉL que pueda interrumpirse,
separarse o cesar en su absoluta continuidad, y nada existe tampoco que
pueda «llenar las grietas». Debe ser infinito en Poder, o Absoluto,
porque nada hay que pueda limitarlo, restringirlo, confinarlo u obstaculizarlo.
No está sujeto a ningún poder, porque no hay otro que el
Suyo.3. EL TODO debe ser inmutable, esto es, no sujeto a cambio en su naturaleza
real, porque nada existe que pueda obligarlo a cambiar, ni nada de lo que
pueda haberse transformado. No puede ser aumentado ni disminuido, ni ser
mayor o menor, bajo ningún aspecto. Debe haber «sido»
siempre, y debe seguir «siendo» siempre también, idéntico
a lo que es ahora: el TODO. Nunca ha habido, ni hay, ni habrá algo
en lo que pueda transformarse o cambiar.Siendo el TODO Infinito, Absoluto, Eterno, Inmutable, debe deducirse
que todo lo que es finito, mudable, transformable y condicionado, no puede
ser el TODO. Y como nada existe fuera de Él en realidad, todo lo
que sea finito debe ser nada realmente. No os vayáis a sorprender
o asustar, porque no tratamos de embarcaros en Ciencia Cristiana, cubriendo
estas enseñanzas bajo el título de Filosofía Hermética.
Hay una reconciliación entre estos aparentemente contradictorios
asuntos. Tened paciencia, que a todo llegaremos a su debido tiempo.Vemos en torno a nosotros eso que se llama «materia», la
que constituye las bases físicas de todas las formas. ¿Es
el TODO materia simplemente? Absolutamente no. La materia no puede manifestar
Vida o Mentalidad, y como la mente está manifestada en el universo,
el TODO no puede ser materia, pues nada asciende más allá
de su propia fuente, nada puede manifestarse en un efecto si no lo está
también en la causa, nada puede evolucionar o emerger como consecuente
si no está involucrado o involucionado como antecedente. Y además
la ciencia moderna nos dice que la materia no existe realmente, sino que
es «energía o fuerza interrumpida», esto es, energía
o fuerza en un grado menor de intensidad vibratoria. Como ha dicho recientemente
un escritor, «la materia se sumerge en el Misterio». Aun la
ciencia materialista ha abandonado la teoría de la materia y ahora
descansa sobre la base de la «energía».¿Es pues, el TODO mera fuerza o energía? No. La fuerza,
tal como la entiendan los materialistas, es una cosa ciega, mecánica,
carente de vida o mentalidad. La vida y la mente no pueden nacer de ciega
energía, por las razones dadas un momento ha: «Nada puede
subir más alto que su propia fuente, nada evoluciona si no ha involucionado,
nada se manifiesta en un efecto si no está en la causa». Así
que el TODO no puede ser mera fuerza o energía, porque si lo fuera
no existiría eso que se llama mente y vida, y ambas sabemos que
existen, porque nosotros estamos vivos y estamos empleando nuestra mente
en considerar esta cuestión; y en iguales condiciones se encuentran
los que afirman que la energía es todo.¿Que es lo que hay superior a la materia y a la energía,
y que sepamos que existe en el Universo? ¡Vida y mente en todos sus
diversos grados de desenvolvimiento! Entonces preguntaréis: ¿Queréis
significar que el TODO es vida y mente? Si y no, es nuestra respuesta.
Si entendéis por vida y mente lo que nosotros, pobres mortales,
conocemos de ellas: ¡No, el TODO no es eso! Mas ¿qué
clase de vida y mentalidad significáis?, preguntaréis.La contestación es mente viviente, tan amplia como nosotros podamos
concebirla, puesto que la vida y la mente son muy superiores a la fuerza
puramente mecánica o a la materia. Mente infinita y viviente, si
se compara con la vida y la mentalidad finitas. Queremos indicar eso que
quieren significar las almas iluminadas, cuando reverentemente pronuncian
la palabra: ¡ESPÍRITU!.El TODO es mente viviente e infinita, los iluminados lo llaman Espíritu.
Capítulo V
en la mente del TODO.»
El TODO es espíritu. Mas ¿qué es
el espíritu? Esa pregunta no puede ser contestada, puesto que definirla
sería prácticamente definir al TODO, el cual no puede explicarse.
El espíritu es simplemente el nombre que los hombres dan a la más
elevada concepción de la infinita Mente Viviente, significa la esencia
real, tan superior a todo cuanto entendemos por mente y vida, como estas
últimas a la energía y la materia. El espíritu está
más allá de nuestra comprensión, y usamos dicho término
en el mismo sentido y queriendo significar lo mismo que cuando hablamos
del TODO. Para nuestro entendimiento podemos pensar del espíritu
como de una Infinita Mente Viviente, teniendo en cuenta, al mismo tiempo,
que no podemos comprenderlo del todo. O hacemos esto, o nos vemos obligados
a dejar de pensar.Procederemos ahora a estudiar la Naturaleza del Universo, como un todo,
y también en sus partes. ¿Qué es el Universo? Hemos
visto ya que nada puede existir fuera del TODO; entonces ¿El Universo
es el TODO? No, no puede serlo, porque el Universo parece estar hecho de
muchas, de múltiples unidades, y está en continuo cambio;
Y de todas maneras, no está de acuerdo con las ideas que nos hemos
visto obligados a aceptar respecto al TODO, según ya indicamos en
nuestra lección anterior. Entonces, si el Universo no es el TODO
debe ser nada; tal es la inevitable consecuencia que se presenta en la
mente aparentemente. Pero esto no satisface la pregunta, porque nosotros
somos sensibles y sentimos la existencia del Universo. Y si el universo
es algo y no es el TODO, ¿Qué puede ser? Examinemos la cuestión.Si el Universo existe absolutamente, o por lo menos parece que existe,
debe proceder en alguna forma del TODO, ser su creación. Pero como
algo no puede venir de nada, ¿de qué pudo crearlo el TODO?
Algunos filósofos han contestado a esta pregunta diciendo que el
TODO creó el Universo del sí mismo, esto es, sacándolo
de su propia sustancia. Mas esta respuesta no sirve, puesto que el TODO
no puede ser aumentado, ni disminuido, ni dividido, según hemos
ya visto, y aunque así fuera no podría cada partícula
del Universo estar segura de ser el TODO, puesto que éste no puede
perder el conocimiento de sí mismo, ni convertirse en un átomo
o fuerza ciega o un ser viviente inferior. Algunos, habiendo realizado
que el TODO es todo, y reconociendo que ellos existían, han llegado
a la extraordinaria conclusión de que ellos y el TODO eran idénticos,
y han llenado el aire con sus gritos de «yo soy Dios», sirviendo
de solaz a las multitudes y de motivo de pena para los sabios.Si el átomo gritara «yo soy hombre», todavía
sería modesto en comparación.Pero ¿qué es, en realidad, el Universo, si no es el TODO
ni ha sido creado por Él separándolo de su propia sustancia?
¿Que otra cosa debe ser? O, mejor preguntado. ¿De qué
otra cosa puede haberlo hecho? Esta es la gran cuestión. Nos encontramos
con que el principio de correspondencia (véase el capítulo
I) viene en nuestra ayuda. El antiguo axioma hermético «como
es arriba es abajo» puede ser empleado ahora para iluminar este punto.
Tratemos, pues, de comprender algo de lo que pasa en los planos superiores,
examinando lo que pasa en el nuestro propio. El principio de correspondencia
puede aplicarse a esto lo mismo que a cualquier otro problema. Veamos.
En su propio plano de existencia, ¿cómo crea el hombre? Primero,
puede crear haciendo o construyendo algo con los materiales que el mundo
externo le brinda. Mas esto no nos sirve, porque fuera del TODO no existen
materiales de ninguna clase con los que Él pueda crear. En segundo
lugar, el hombre puede crear por medio de la fecundación, que no
es más que su multiplicación, acompañada por la transferencia
de una parte de su propia sustancia a la matriz de la madre. Mas esto tampoco
nos sirve, porque el TODO no puede transferir o substraerse a sí
mismo una porción, ni puede reproducirse o multiplicarse a sí
mismo. En el primer caso habrá una substracción de su sustancia
o adición al TODO, lo que es un absurdo.¿No existe otro medio por el cual crea el hombre? Sí,
hay otro: la creación mental. Al crear en esta forma, él
no emplea materiales que le aporte el mundo externo, ni se reproduce a
sí mismo, y, sin embargo, su espíritu compenetra su creación
mental.Siguiendo el principio de correspondencia, se puede pensar justificadamente
que el TODO crea el Universo mentalmente, de una manera parecida al proceso
mediante el cual el hombre crea sus imágenes mentales. Y he aquí
que en esta descripción coinciden tanto el dictamen dado por la
razón como el de las almas iluminadas, según se puede encontrar
en sus escritos o en sus enseñanzas. Tales son las doctrinas de
los sabios. Tales las que enseñó Hermes.El TODO no puede crear de ninguna manera, excepto mentalmente, sin emplear
ni materiales (pues no hay ninguno), ni reproduciéndose (lo que
también es imposible). No hay escapatoria para esta conclusión
de la razón, la que, como hemos ya visto, concuerda perfectamente
con lo que dicen los iluminados. De igual manera que podéis vosotros
crear un universo en vuestra propia mente, así el TODO crea los
Kosmos en la suya propia.Mas vuestro universo sería la creación de una mente finita,
en tanto que la del TODO sería la creación de un infinito.
Las dos son iguales en clase, pero difieren infinitamente en grado. Examinaremos
más estrictamente el proceso de la creación y manifestación
conforme vayamos avanzando en nuestro estudio. Mas este es el punto que
debéis fijar por ahora en vuestras mentes: El Universo y todo lo
que él contiene es una creación mental del TODO; todo es
mente.«El TODO crea en su mente infinita, innumerables
universos, los que existen durante eones de tiempo, y así y todo,
para Él, la creación, desarrollo, decadencia y muerte de
un millón de universos no significa más que el tiempo que
se emplea en un abrir y cerrar de ojos.»
El principio de género o generación (véase
el capítulo I y otros que seguirán) se manifiesta en todos
los planos de la vida: material, mental y espiritual. Pero, según
ya hemos indicado anteriormente, el «género» no significa
«sexo», pues este último no es más que la manifestación
material del género. «Género» significa «lo
relativo» a la generación o creación. Y dondequiera
que algo se genera o se crea, sea en el plano que sea, es principio de
género se está allí manifestando. Y esto es verdad,
aun en lo que se refiere a la creación de los universos.Ahora no vayáis a suponer que estamos enseñando que hay
un dios creador macho y otro hembra. Esto no sería más que
una mistificación de las antiguas enseñanzas al respecto.
La verdad es que el TODO, en sí mismo, está más allá
del género, así como también está más
allá de toda otra ley, incluyendo las del tiempo y del espacio.
Él es la ley de la cual todas las leyes proceden, y, por lo tanto
no puede estar sujeto a estas últimas. Mas cuando el TODO se manifiesta
en el plano de la generación o creación, entonces actúa
de acuerdo con la ley y con el Principio, pues se está moviendo
en un plano inferior de existencia. Y consecuentemente, Él manifiesta
el principio de género, en sus aspectos masculino y femenino, en
el plano mental, por supuesto.Esta idea podría parecer un tanto chocante, si la oís
por primera vez, mas otras veces la habéis aceptado pasivamente
en vuestras concepciones diarias. Habláis de la paternidad de Dios
y de la maternidad de la Naturaleza, de Dios como padre divino y de la
Naturaleza como madre Universal, y así habréis conocido instintivamente
el principio del Género en el Universo. ¿No es así?Mas las enseñanzas herméticas no implican una dualidad
real —el TODO es UNO— siendo los dos aspectos simples fases de manifestación.
La doctrina es que el principio masculino manifestado por el TODO permanece,
en cierta manera, aparte de la creación mental del Universo. Proyecta
su voluntad sobre el principio femenino (que puede ser llamado naturaleza),
siendo en ésta que comienza la obra evolutiva de un Universo, desde
simples «centros de actividad» hasta el hombre, y aun a más
elevados planos de existencia que el humano, todo ello de acuerdo con bien
establecidas leyes de la Naturaleza. Si preferís las antiguas imágenes
mentales, podéis concebir el principio masculino como Dios, el padre,
y el principio femenino como Naturaleza, la madre universal, de cuya matriz
todas las cosas nacen. Esto es algo más que una simple figura poética
de lenguaje, es una idea del proceso de la creación de un Universo.
Pero recordad siempre que el TODO es UNO, y que en su mente infinita es
donde crean y generan y existen los Kosmos.Podría ayudaros a concebir esto propiamente el aplicarle la ley
de correspondencia en vuestra propia mente. Sabéis que esa parte
de vosotros que llamáis «yo», en cierto sentido, permanece
aparte de la creación y de vuestras imágenes mentales en
el intelecto. La parte de la mente en la que se efectúa la generación
de imágenes puede ser llamada el «mí», en distinción
con el «yo», que permanece aparte y que examina los pensamientos,
ideas e imágenes del «mí». Como «arriba
es abajo», acordaos, y los fenómenos de un plano pueden emplearse
para resolver los enigmas de los planos superiores e inferiores.¿Es acaso maravilloso que vosotros, los hijos, sintáis
una reverencia instintiva hacia Padre-Madre? ¿Es maravilloso que
cuando consideráis las obras y maravillas de la Naturaleza os sintáis
conmovidos hasta lo más profundo de vuestro ser? Es a vuestra madre-mente
a quien os estáis estrechando, como un niño se estrecha al
seno de su madre.No vayáis a suponer que el pequeñísimo mundo que
os circunda —la Tierra— que no es más que un grano de arena en el
Universo, es el universo mismo. Hay millones y millones de tales mundos,
y aun muchos mayores que él. Y aun hay millones de millones de tales
universos que existen en la Mente del Único. Y aun en nuestro sistema
solar hay regiones y planos de vida muy superiores a los nuestros, y seres
comparados con los que nosotros somos lo que las amebas respecto al hombre.
Hay seres cuyos poderes y atributos son mucho más elevados que los
del hombre, y éste jamás ha soñado que pudieran existir.
Mas, a pesar de esto, esos seres fueron en poco tiempo lo que nosotros
ahora, y seremos un tiempo como ellos son y aun superiores, porque tal
es el destino del hombre, a juzgar por lo que nos dicen los iluminados.La muerte no es real, ni aun en sentido relativo: no es sino nacer en
una vida nueva, y ascendemos y seguiremos ascendiendo a planos de vida
cada vez más elevados, durante eones y eones de tiempo. El universo
es nuestra casa, nuestro hogar y podemos explorarlo hasta sus más
lejanos confines, antes de la consumación de los tiempos. Estamos
en la mente del TODO y nuestras posibilidades y oportunidades son infinitas,
lo mismo en el tiempo que en el espacio. Y al fin del gran ciclo de eones,
cuando el TODO reabsorba sus creaciones en sí mismo, marcharemos
alegremente porque entonces seremos capaces de comprender la verdad toda
de ser UNO con el TODO. Esto es lo que nos afirman los iluminados, esos
que han avanzado tanto en el sendero de la realización.Y, en el entretanto, estemos tranquilos y serenos; estamos seguros y
protegidos por el Poder Infinito del Padre-Madre Mente.«En la Mente del Padre-Madre, los hijos están
en su hogar.»
Universo.»
Capítulo VI
relativa del Universo, se imagina que puede desafiar sus leyes, ése
no es más que un tonto vano y presuntuoso, que se estrellará
contra las rocas y será aplastado por los elementos, en razón
de su locura. El verdadero sabio conociendo la naturaleza del universo,
emplea la Ley contra las leyes: las superiores contra las inferiores, y
por medio de la alquimia transmuta lo que no es deseable, en lo valioso
y de esta manera triunfa. La maestría consiste, no en sueños
anormales, visiones o imágenes fantasmagóricas, sino en el
sabio empleo de las fuerzas superiores contra las inferiores vibrando en
los más elevados. La transmutación (no la negación
presuntuosa), es el arma del Maestro.»
Ésa es la paradoja del Universo, la que resulta
del principio de polaridad, principio que se manifiesta cuando el TODO
empieza a crear.Aunque para el TODO infinito el Universo, sus leyes, sus poderes, su
vida, sus fenómenos, son como cosas contempladas en el estado de
meditación o ensueño, el Universo debe ser tratado como real,
y la vida, las acciones y los pensamientos deben estar basados en ello,
acordemente, si bien se tenga un claro conocimiento y realización
de la Verdad Superior cada uno respecto a su propio plano y leyes. Si el
TODO hubiera imaginado un Universo real sería desastroso para éste,
porque entonces no podría ascenderse de lo inferior a lo superior,
el universo se habría convertido en una cosa fija, inmóvil
y el progreso resultaría imposible. Y si el hombre, por su parte,
debido a su media-sabiduría, actúa y vive y piensa en el
Universo como si fuera un sueño (parecido a sus propios ensueños
a finitos), así se convertirá efectivamente para él,
y, al igual de un cadáver que caminase, se encontrará dando
vueltas y más vueltas en un círculo, sin hacer el menor progreso
y siendo forzado por último a despertarse y vivir por las leyes
naturales que él hubiera olvidado. Conservad siempre la mente fija
en la Estrella, pero mirad donde ponéis los pies, no vayáis
a hundirlos en algún abismo. Recordad la paradoja divina que afirma
que si bien el «Universo no es, sin embargo es». Recordemos
siempre los dos polos de la verdad: lo absoluto y lo relativo. Guardémonos
de las verdades a medias.Lo que los hermetistas conocen como «Ley de la paradoja»
es un aspecto del principio de polaridad. Las escrituras herméticas
están llenas de toda clase de referencias respecto a esa paradoja
que se descubre en todos los problemas de la Vida y del Ser. Los instructores
están siempre batallando para impedir que sus estudiantes omitan
el «otro lado» de cualquier cuestión, y sus recomendaciones
se dirigen especialmente a los problemas de lo absoluto y de lo relativo,
que tanto confunden a los estudiantes de filosofía, y que obligan
a tantos a obrar y a pensar contrariamente a lo que se conoce como «sentido
común». Recomendamos mucho a nuestros estudiantes el que se
aseguren de haber comprendido bien la paradoja divina de lo absoluto y
lo relativo, evitando el ser hipnotizados por el falso miraje de la verdad
a medias. Desde este punto de vista ha sido escrita esta lección.
Leedla cuidadosamente.La primera idea que se le ocurre al pensador que ha comprendido y realizado
la verdad de que el Universo es una creación mental del TODO, es
la de que el Universo y todo cuanto éste contiene son una pura ilusión,
una irrealidad, contra cuya idea se revuelve instantáneamente. Pero
esto, al igual de otras grandes verdades, debe ser considerado desde los
puntos de vista absoluto, el Universo es, por supuesto, una ilusión,
un sueño, una fantasmagoría, si se compara con el TODO en
sí mismo. Esto lo reconocemos nosotros mismos cuando hablamos del
mundo como de un sueño, que va y viene, que nace y muere, desde
el momento que todo lo que es mudable, que cambia, que es finito e insustancial,
debe estar ligado a la idea de un Universo creado, cuando se compara con
el TODO mismo, no importando cual puede ser nuestra creencia respecto a
la naturaleza de ambos.Filósofos, metafísicos, científicos y teólogos,
todos están de acuerdo sobre ello, y esta concepción se encuentra
en todos los sistemas filosóficos y religiosos, así como
en las respectivas teorías de las escuelas metafísica y teológicas.Las enseñanzas herméticas no predican la insubstancialidad
del Universo en términos más fuertes que los que os son más
familiares, aunque la exposición del asunto pueda pareceros algo
más contundente. Todo cuanto tenga un principio y un fin, en cierto
sentido debe ser irreal e ilusorio, y el Universo se encuentra en este
caso, sea cual sea el sistema de las escuelas de pensamiento. Desde el
punto de vista absoluto nada hay real excepto el TODO, no importando los
términos que empleemos al pensar sobre ello o al discutirlo. Bien
sea que el Universo haya sido creado de materia, o bien que sea una creación
mental en la mente del TODO, es insustancial, mudable, sujeto al tiempo,
al espacio, al cambio. Debemos comprender y sentir bien esto antes de pensar
y examinar la concepción hermética de la naturaleza mental
del Universo. Examina cualesquiera otras concepciones, y ved si existe
alguna que no lo admita.Mas el punto de vista absoluto muestra únicamente un solo lado
de la cuestión, siendo el otro el aspecto relativo de la misma.
Las verdades absolutas han sido definidas «como las cosas, tal como
las conoce y las ve la mente de Dios», mientras que las verdades
relativas son «las cosas tal como la más elevada razón
del hombre las comprende». Y de esta manera, mientras que para el
TODO el Universo debe ser ilusorio e irreal, un simple sueño o resultado
de la meditación, sin embargo para las mentes finitas que forman
parte de ese Universo, y mirando a través de las mortales facultades,
el Universo es ciertamente real, y así debe ser considerado. Al
reconocer así el punto de vista absoluto, no cometeremos el error
de ignorar o negar los hechos y fenómenos del Universo, tal como
se nos presentan antes nuestras facultades mortales: no somos el TODO,
recordémoslo.Para emplear ilustraciones familiares, podemos reconocer el hecho de
que la materia «existe» para nuestros sentidos, y haríamos
muy mal si así no lo reconociéramos. Y, a pesar de ello,
nuestra mente finita reconoce la verdad científica de que no hay
tal materia desde el punto de vista de la ciencia, y que lo que llamamos
materia no es más que un agregado de átomos, átomos
los cuales a su vez, no son más que unidades de fuerza agrupadas
que llamamos «electrones» o «iones», vibrando constantemente
con movimiento circular. Golpeamos una piedra y sentimos el impacto, parece
ser real, y, a pesar de ello, sabemos que no es más que lo ya expuesto.Pero recuerden que nuestro pie, que siente el golpe mediante la intervención
del cerebro, es similarmente materia constituida por electrones, y por
que de esa materia está hecho también nuestro cerebro. Y,
por último, si no fuera por la mente, no sabríamos nada ni
del pie ni de la piedra absolutamente.Además, el ideal que un artista o un escultor tratan de reproducir
en el mármol o en el lienzo les parece muy real. Igualmente sucede
con los personajes que crea la mente de un autor teatral, quien trata de
expresarlos para que los demás puedan reconocerlos. Y si esto fuera
cierto en el caso de nuestras mentes finitas, ¿cuál sería
el grado de realidad de las imágenes mentales creadas en la mente
del Infinito? ¡Oh, para los mortales este universo de mentalidad
es ciertamente muy real! Es el único que jamás podremos conocer,
aunque nos elevemos de plano en plano, cada vez más alto. Para que
lo pudiéramos conocer de otra manera, por experiencia actual, tendríamos
que ser el TODO mismo. Es muy cierto que, cuanto más nos elevamos
en la escala, tanto más cerca nos encontraremos de la mente del
Padre y tanto más evidente se hace la naturaleza ilusoria de las
cosas finitas, pero hasta que el TODO no nos absorba finalmente dentro
de Él mismo no se desvanecerá la visión.De manera, pues, que no necesitamos basarnos en esa ilusión.
Reconozcamos más bien la verdadera naturaleza del Universo y tratemos
de comprender sus leyes mentales, esforzándonos en emplearlas en
la forma más efectiva para nuestro progreso ascendente en toda la
vida conforme vamos viajando de un plano a otro del ser. Las leyes del
Universo no dejan de ser «leyes de hierro» porque sean de naturaleza
mental. Todos excepto el TODO, están sujetos a ellas. Lo que está
en la infinita mente del TODO es real, sólo un grado menos que la
realidad misma que constituye la naturaleza del TODO.No nos sintamos, pues, inseguros o temerosos; sintámonos firmemente
sostenidos en la mente infinita, y nada existe que pueda dañarnos
o causarnos miedo. No hay poder alguno fuera del TODO que pueda afectarnos.
Podemos permanecer tranquilos y seguros. Y en esta realización,
una vez alcanzada, existe una plenitud de seguridad y calma. Entonces dormiremos
serenamente sobre la firmeza inconcebible de lo Profundo, y descansaremos
seguramente sobre el Océano de la mente Infinita que constituye
al TODO. En Él, ciertamente, vivimos, nos movemos y tenemos nuestro
ser.La materia no es menos materia para nosotros mientras permanezcamos
en ese plano, aunque sepamos que no es más que un agregado de partículas
de fuerza, o electrones, que vibran rápidamente, girando unas en
torno de otras, en la formación de los átomos. Los átomos,
a su vez giran y vibran y forman así las moléculas, y la
agrupación de estas últimas componen las grandes masas de
materia. Y no será menos materia por el hecho de que, cuando avancemos
en nuestra investigación, sepamos que la fuerza, cuyas unidades
son los electrones, no son a su vez más que unidades de manifestación
de la mente del TODO, y que como todo lo demás en el universo es
puramente mental en su naturaleza. Aunque en el plano de la Materia tenemos
que reconocer sus fenómenos, podemos dominarla (como lo hacen todos
los maestros en menor o mayor grado), aplicándoles las fuerzas superiores.
Cometeríamos así una locura si negáramos la existencia
de la materia en ese aspecto relativo. Podemos, sí, negar su dominio
sobre nosotros; está bien, pero no debemos intentar ignorarla en
su aspecto relativo, por lo menos mientras vivamos en este plano.Las leyes de la naturaleza tampoco se hacen menos constantes o efectivas
por el hecho de que las conozcamos y sepamos que son simples creaciones
mentales. Obran plenamente en todos los planos. Y nos libertamos de las
leyes inferiores, aplicándoles las superiores, y sólo podemos
conseguirlo de ésta manera. Pero no podemos escapar a la Ley o elevarnos
por encima de ella completamente. Nadie, sino el TODO, puede escapar a
la Ley, y esto es debido a que el TODO es la ley misma, de la cual todas
las demás brotan. Los más avanzados maestros pueden adquirir
los poderes que se atribuyen generalmente a los dioses, y existen muchos
grados del ser en la gran jerarquía de la vida, cuyos poderes trascienden
hasta los de los más elevados maestros, en un grado inconcebible
para los mortales, pero hasta el Maestro más grande y el ser más
elevado debe inclinarse ante la Ley y son como nada ante los ojos del TODO.
Así que si hasta esos elevados seres, cuyos poderes exceden a los
atribuidos por el hombre a sus dioses, están sujetos y sirven a
la Ley, imagina la presunción del mortal de nuestra raza cuando
mira las leyes de la Naturaleza como «irreales», visionarias
e ilusorias, porque ha podido alcanzar a ver que esas leyes son de naturaleza
mental, o simples creaciones del TODO. Esas leyes que el TODO quiere que
rijan no pueden ser desafiadas o transgredidas. Mientras subsista el Universo
subsistirán, porque aquel existe en virtud de esas leyes, las que
forman la trama o el esqueleto en que el Universo se apoya.El Principio hermético del Mentalismo, a la vez que explica la
verdadera naturaleza del Universo sobre la base de que todo es mental,
no cambia las concepciones científicas del Universo, de la vida
o de la evolución. En realidad, la ciencia no hace más que
corroborar las enseñanzas herméticas. Estas últimas
enseñan que la naturaleza del Universo es mental, mientras que la
ciencia afirma que es «material»; o, según sus últimas
noticias, que es «energía» en el último análisis.
Las enseñanzas herméticas tampoco están en pugna con
el principio básico de Herbert Spencer, que postuló la existencia
de una «Energía Infinita y Eterna, de la cual proceden todas
las cosas». En realidad, los hermetistas reconocen en la filosofía
de Spencer la más elevada expresión de la obra de las leyes
naturales que jamás se promulgara, y creen que Spencer era una reencarnación
de un antiguo filósofo que vivió en Egipto millares de años
ha, y que más tarde vivió como Heráclito, el filósofo
griego que viviera en el año 500 A. C. Y consideran su doctrina
de la «energía infinita y eterna» como de acuerdo con
las enseñanzas herméticas siempre con el agregado de que
esa energía es la mente del TODO. Con esta clave maestra de la filosofía
Hermética puede el estudiante de Spencer abrir muchas puertas de
las concepciones filosóficas internas del gran filósofo inglés,
cuyas obras demuestran los resultados de su preparación en sus encarnaciones
anteriores. Sus enseñanzas respecto a la Evolución y al Ritmo
están casi de perfecto acuerdo con la Doctrina Hermética
referente al principio del Ritmo.Así, pues, el estudiante no necesita dejar a un lado los puntos
de vista científicos referentes al Universo. Todo lo que se le pide
es que comprenda el principio básico de que el TODO es mente, de
que el Universo es mental: sostenido firmemente en la mente del TODO. Y
encontrará que los otros seis principios concuerdan perfectamente
con este conocimiento científico, y servirán para dilucidar
plenamente los puntos oscuros. No hay que maravillarse de ello, si se considera
la influencia que el pensamiento hermético ejerciera sobre los filósofos
primitivos de Grecia, sobre cuyas doctrinas descansan en gran parte las
teorías de la ciencia actual. La aceptación del primer principio
hermético (mentalismo) es la única gran diferencia entre
la ciencia moderna y los estudiantes herméticos, y la ciencia se
va dirigiendo gradualmente hacia ese punto, conforme avanza a través
de la oscuridad y va encontrando su camino en el laberinto en que se ha
metido en busca de la Realidad.El objeto de esta lección es imprimir en la mente del estudiante
el hecho de que el Universo y sus leyes y sus fenómenos son tan
reales, en lo que al hombre concierne, como lo serían bajo la hipótesis
del materialismo y de la energía. Bajo cualquier hipótesis,
el Universo, en su aspecto externo, está siempre cambiando y es
transitorio, y, por consiguiente, está desprovisto de realidad substancial.
Pero, y nótese el otro polo de la verdad, bajo cualquiera de dichas
hipótesis estamos obligados a obrar y a vivir como si esas cosas
fugaces fueran reales y substanciales. Con esta diferencia siempre, que
según las doctrinas se ignoraba el poder mental como Fuerza Natural,
mientras que ahora vemos que el Mentalismo es la mayor fuerza de esa clase.
Y esta sola diferencia basta para revolucionar la vida de aquellos que
comprenden el principio y la práctica y leyes resultantes.Por último, una vez que se comprenda la ventaja del Mentalismo
se aprende a conocer, emplear y aplicar las leyes resultantes. Pero no
se caiga en la tentación que, según indica El Kybalion,
acecha al medio-sabio que lo hace hipnotizarse por la aparente irrealidad
de las cosas, siendo su conciencia que camina de un lado para otro como
soñando, viviendo en un mundo de ensueños, ignorando la vida
diaria y su trabajo, siendo su final que se destrozará contra las
rocas y se disolverá en los elementos, en razón de su locura.
Más bien seguid el ejemplo del sabio que la misma autoridad indica:
«úsese la Ley contra las leyes; lo superior contra lo inferior,
y por el arte de la alquimia trasmutad lo que no es deseable en lo estimable,
triunfando en esa forma». De acuerdo con esta doctrina, debe evitarse
la media-sabiduría, que es locura y que ignora la verdad de que:
«El dominio consiste, no en sueños anormales o visiones y
fantásticas imaginaciones, sino en emplear las fuerzas superiores
contra las inferiores, escapando así a los dolores de los planos
inferiores mediante la elevación a los superiores». Recuérdese
siempre que la «transmutación y no la negación presuntuosa
es el arma del Maestro». Las citas antedichas pertenecen a El
Kybalion, y son muy dignas de tenerlas siempre presentes.No vivimos en un mundo de sueños, sino en un Universo que, si
bien es relativo, es real, por lo menos en lo que concierne a nuestra vida
y obras. Nuestra misión en el Universo no es negar su existencia,
sino vivir, empleando debidamente sus leyes para ascender de lo inferior
a lo superior, viviendo y haciendo lo mejor que podamos dentro de las circunstancias
que surgen cada día, y viviendo, todo lo posible, nuestras más
elevadas ideas e ideales. El verdadero significado de la vida no es conocido
por el hombre en este plano —si es que alguien lo conoce—; pero los más
sabios, y nuestras propias intuiciones también, nos enseñan
que no nos equivocaremos si tratamos de vivir lo mejor posible y realizar
la tendencia universal en el mismo sentido, a pesar de las aparentes evidencias
en contra. Todos estamos en el Camino, y esta vía va siempre ascendiendo,
con frecuentes sitios de reposo.Léase el mensaje de El Kybalion, y sígase el ejemplo
del sabio, evitando el error del medio-sabio, quien perece en razón
de su locura.
Capítulo VII
TODO, no lo es menos que el TODO está en todas las cosas. El que
comprende esto debidamente, ha adquirido gran conocimiento.»
¡Cuan a menudo se ha oído a la mayoría
repetir la afirmación de que su Deidad era «todo en todo»,
y cuán poco ha sospechado el íntimo significado oculto encerrado
en esas palabras emitidas tan sin ton ni son! La presión comúnmente
empleada es lo que ha quedado de la máxima hermética del
epígrafe. Como dice El Kybalion: «El que comprende
esto debidamente, ha adquirido gran conocimiento». Y si esto es así,
tratemos de comprender lo que significa, dada su gran importancia.En esa máxima está encerrada una de las más grandes
verdades filosóficas, científicas y religiosas.Ya hemos dado la enseñanza hermética concerniente a la
naturaleza mental del Universo —la verdad de que «el Universo es
Mental, sostenido en la mente del TODO». Como dice El Kybalion
en
el pasaje citado: «todas las cosas están en el TODO».
Pero nótese también la siguiente afirmación correlacionada:
«Es igualmente cierto que el TODO está en todas las cosas».
Esta contradicción aparente es conciliable según la ley de
la Paradoja. Es, además, una afirmación hermética
exacta sobre las relaciones que existen en el TODO y su Universo mental.
Ya hemos visto como es que todo está en el TODO; examinemos ahora
el segundo aspecto del asunto.La doctrina hermética indica que el TODO es inminente e inherente
al Universo, así como en toda parte, partícula, unidad o
combinación, dentro del universo.Los maestros suelen ilustrar este postulado, refiriéndose al
Principio de Correspondencia. El instructor pide al estudiante que forme
una imagen mental de algo, de una persona, una idea o alguna cosa que tenga
forma mental, siendo el ejemplo preferido el de un autor que se esté
formando una idea de los personajes, el de un pintor o escultor que esté
creando la imagen mental de lo que trata de expresar con su arte. En cada
caso el estudiante verá que, aunque la imagen tiene existencia y
ser únicamente dentro de su propia mente, sin embargo, el estudiante
mismo, autor, pintor, o escultor es, en cierto sentido, inmanente en dicha
imagen. En otras palabras, toda la virtud, vida, espíritu o realidad
de la imagen mental se deriva de la «inmanente mente» del pensador.
Medítese esto un instante hasta que se comprenda bien la idea.Empleando otro ejemplo, podríamos decir que Otelo, Yago, Hamlet,
Lear, Ricardo III, etc., existieron en la mente de Shakespeare en el momento
de su concepción o creación. Y, sin embargo, Shakespeare
existió también dentro de cada uno de esos personajes, dándoles
su vitalidad, su espíritu y su acción.¿Cuál es el espíritu de los personajes que conocemos
como Micawber, Oliver Twist, Uriah Heep?… ¿Es Charles Dickens o
tiene cada uno de ellos un espíritu personal, independiente de su
creador? ¿Tienen la Venus de Médicis, la Madonna Sixtina,
el Apolo de Belvedere, espíritus y realidad propios o representan
los poderes mentales y espirituales de sus creadores? La Ley de la Paradoja
explica que ambas proposiciones son ciertas, consideradas desde los puntos
de vista apropiados. Micawber es, a la vez, Micawber y Dickens. Y mientras
puede decirse que Micawber es Dickens, Dickens no es idéntico a
Micawber. El hombre, como Micawber, puede exclamar: «El espíritu
de mi creador me es inherente, y, sin embargo, yo no soy Él».
Esto es muy diferente de la chocante media-verdad que clamorosamente anuncian
algunos medio-sabios, diciendo: «Yo soy Dios». Imaginad al
pobre Micawber o al ratero Uriah Heep exclamando: «Yo soy Dickens»,
o a cualquier otro personaje de las obras de Shakespeare anunciando: «Yo
soy Shakespeare». El TODO está en la lombriz, pero la lombriz
está muy lejos de ser el TODO. Pero aunque la lombriz exista meramente
como una pequeña cosa, creada y teniendo su ser únicamente
en la mente del TODO, el TODO es inmanente a ella, así como en las
partículas que la componen. ¿Puede haber algún misterio
mayor que el encerrado en esa proposición: «Todo está
en el TODO y el TODO está en todo?».El estudiante comprenderá, por supuesto, que las ilustraciones
dadas más arriba son necesariamente imperfectas e inadecuadas, porque
representan la creación de imágenes mentales en mentes finitas,
mientras que el Universo es la creación de una mente infinita, y
la diferencia entre los dos polos las separa. Y, sin embargo, es sólo
cuestión de grado —el mismo Principio es el que opera— el Principio
de Correspondencia se manifiesta en cada una: «Como es arriba, es
abajo; como es abajo, es arriba».Y en proporción a la realización que obtenga el hombre
de la existencia del Espíritu Subyacente inmanente en su propio
ser se elevará en la escala de la vida. Esto es lo que significa
el desarrollo espiritual; el reconocimiento, la realización y la
manifestación del Espíritu interno. Recuérdese siempre
esta definición (la del desenvolvimiento espiritual), porque contiene
la verdad de toda verdadera Religión.Existen muchos Planos del Ser, muchos subplanos de vida, muchos grados
de existencia en el Universo. Y todos dependen del adelanto de los seres
en la escala, cuyo punto más bajo es la materia más densa,
estando el Ser más elevado separado del Espíritu del TODO
sólo por una sutilísima división, y por todas partes,
a lo largo de esta escala de la vida, todo está en movimiento. Todos
están en el sendero, cuyo fin y meta es el TODO. Todo progreso es
una vuelta al hogar. Todo se mueve hacia arriba, adelante, a pesar de las
aparentes contradicciones. Éste es el mensaje del iluminado.La doctrina hermética concerniente al proceso de la creación
mental del Universo es que, al principio del ciclo creador, el TODO, en
su aspecto de ser, proyecta su voluntad hacia su aspecto de «Devenir»
y el proceso de la creación comienza. Se dice que este proceso se
reduce a una disminución gradual de intensidad vibratoria hasta
que se alcanza un grado muy bajo de energía vibrante, en cuyo punto
se manifiesta la forma más densa posible de materia. Este proceso
se llama involución porque el TODO se «envuelve» en
su creación. Y esto tiene su correspondencia en los procesos mentales
de un artista, escritor o inventor, quien se «envuelve» tanto
en su creación mental que olvida casi completamente su propia existencia,
pues en esos momentos «vive en su creación». Si en vez
de la palabra «envolverse» empleáramos la de «absorberse»,
quizá se diera una idea más clara del significado que trata
de sugerir.A este estado involucionario de la creación suele también
llamársele la «Emanación» de la energía
divina, así como el estado evolucionario se denomina «Absorción».
Al polo más extremo del proceso creador, se le considera como el
más separado del TODO, en tanto que el principio del estado evolutivo
es mirado como un retorno de la oscilación del péndulo del
Ritmo, como una vuelta al hogar.La enseñanza es que durante la Efusión las vibraciones
se van amortiguando gradualmente hasta que el impulso amortiguador cesa
por último, y entonces se produce el retorno de la oscilación
pendular. Pero existe esta diferencia: que mientras en la efusión
se manifiestan las fuerzas creadoras compactamente, como un todo desde
el comienzo mismo del estado evolutivo o de «reabsorción»
se manifiesta la ley de la individualización; esto es, la tendencia
a separarse en unidades de fuerza, de tal manera que lo que dejó
al TODO como no individualizada energía vuelve a su fuente originaria
como innumerables unidades de vida, altamente desarrolladas, que se han
ido levantando cada vez más alto en la escala por medio de la evolución
física, mental y espiritual.Los antiguos herméticos empleaban la palabra «meditación»
para describir el proceso de la creación mental del Universo en
la mente del TODO, habiéndose empleado también frecuentemente
la palabra «contemplación».Pero la idea que parece sugerir es la del empleo de la Atención
Divina. «Atención» es una palabra derivada de raíz
latina, que significa «alcanzar, llegar», y el acto de atención
es realmente un «alcance, una extensión» de la energía
mental; de manera, pues, que comprenderemos perfectamente el concepto si
examinamos el verdadero significado de la atención.La doctrina hermética concerniente a la evolución es que
el TODO, habiendo meditado sobre el principio de la creación, y
establecido así la base material del Cosmos, pensándolo en
la existencia, gradualmente va despertándose de su meditación,
y al hacerlo produce la manifestación del proceso evolutivo, en
los planos material, mental y espiritual, sucesivamente en orden. Así
empieza el movimiento ascendente, y todos los seres comienzan a dirigirse
hacia el Espíritu. La materia se va haciendo menos densa, las unidades
vienen a ser, las combinaciones se inician, la vida aparece y va manifestándose
en formas cada vez más elevadas y la mente se va haciendo más
evidente, vibrando todo cada vez más intensamente. En una palabra,
el proceso entero de la evolución, en todas sus fases, comienza
y sigue de acuerdo con las leyes del proceso de «absorción».
Todo esto ocupa eones y eones de tiempo, estando compuesto cada eón
por millones de años; pero, según dice el iluminado, toda
la creación, incluyendo la involución y la evolución
de un universo, no es más que un abrir y cerrar de ojos para el
TODO. Al final de innúmeros ciclos de eones de tiempo el TODO retira
su atención (contemplación) o meditación del Universo,
porque la Gran Obra ha terminado, y todo queda absorbido en Él de
quien otrora emergiera.Pero el misterio de los misterios es que el Espíritu de cada
alma no queda aniquilado, sino que se expande infinitamente, sumergiéndose
uno en otro el Creador y el Creado. Ésa es la voz de la iluminación.La iluminación expuesta sobre la meditación y el subsiguiente
despertar de ella del TODO no es, por supuesto, más que un intento
de descripción del proceso infinito, mediante un ejemplo finito.
Pero, no obstante: «Como es arriba es abajo». La diferencia
es sólo de grado. Y así, como el TODO se despierta de su
meditación sobre el Universo, así también el hombre
(a su debido tiempo) cesará de manifestarse sobre el plano material
y se irá retirando cada vez más en el espíritu Interno,
que, ciertamente, es el «Ego Divino».Hay otra cosa más de la que deseamos hablar en esta lección,
y esto llega muy cerca del campo metafísico de especulación,
aunque nuestro propósito es simplemente el mostrar la futilidad
de tal especulación. Aludimos a la pregunta que inevitablemente
se presenta ante la mente de todos los pensadores que se han aventurado
a buscar la Verdad, la pregunta es: ¿Por qué creó
el TODO al Universo? Esta pregunta podrá ser formulada en diferente
forma, pero su esencia es siempre la misma.Mucho han luchado los hombres para contestársela, pero aún
no se posee respuesta alguna que merezca ese nombre. Algunos se han imaginado
que el TODO ganaría algo con ello, pero eso es absurdo, porque ¿qué
es lo que podrá obtener el TODO que ya no posea? Otros dicen que
el TODO desea amar a algo, o que lo había creado para divertirse,
o porque estaba silo, o para manifestar su poder. Pero todas esas respuestas
son pueriles e infantiles y pertenecen a la primera infancia del pensamiento.Algunos han tratado de explicar el misterio presumiendo que el TODO
se vio «compelido» a crear, en razón de su «naturaleza
interna», o su «instinto creador».Esa idea, si bien representa un adelanto sobre las otras, tiene un punto
débil. Si su «naturaleza interna o instinto creador»
lo impulsara a hacer algo, entonces la naturaleza interna o instinto creador
sería el Absoluto, en vez del TODO, y de ahí que la proposición
falle por su misma base. Sin embargo, el TODO crea y se manifiesta y parece
encontrar cierta satisfacción al hacerlo. Y es muy difícil
escapar a la conclusión de que en algún grado infinito tendría
que tener algo que correspondiera a una naturaleza interna o instinto creador
en el hombre, con un deseo y Voluntad correspondientemente infinito. No
podría obrar si no quisiera hacerlo, no podría hacerlo a
menos que lo deseara, y no lo desearía si no obtuviera con ello
una satisfacción. Y todas estas cosas pertenecerían a una
Naturaleza interna, y podría postularse su existencia de acuerdo
con la Ley de Correspondencia, tanto interna como externa. Éste
es el problema que yace en la raíz misma de la dificultad y la dificultad
que se encuentra en la misma raíz del problema.Estrictamente hablando, no puede decirse que haya ninguna «razón»
para obrar, porque una razón implica una causa, y el todo está
por encima de la causa y del efecto, salvo cuando su voluntad misma se
convierte en una causa, en cuyo momento el principio se pone en movimiento.
De manera, pues, que no puede pensarse en el mismo asunto, porque como
el mismo TODO es incognoscible. Así como nos vemos obligados a decir
simplemente: EL TODO ES, así también sólo podemos
decir que el TODO OBRA PORQUE OBRA. Y, en último término,
el TODO es la razón en sí misma, y puede decirse en verdad
que Él es su propia razón, su propia ley; su propio acto,
mejor aún: Que el TODO, su razón, su acto y su ley, son uno,
siendo las palabras diferentes nombres de la misma cosa. En opinión
de los que esto escriben, la respuesta se halla encerrada en el íntimo
ser del TODO, en su ser secreto. La Ley de correspondencia, en nuestra
opinión, sólo llega al aspecto del TODO que denominamos el
aspecto de devenir o de estado. Tras ese aspecto está el de ser,
en el cual todas las leyes se pierden en la Ley, todos los principios en
el Principio y el TODO, el Principio y el Ser, son idénticos, uno
y lo mismo.Por consiguiente, toda especulación metafísica sobre el
punto es fútil. Si nos ocupamos aquí de la cuestión
es sólo para mostrar que, si bien reconocemos el hecho, reconocemos
también lo absurdo de las respuestas dadas por metafísicos
y teólogos.En conclusión, podrá ser de interés para los estudiantes
el saber que en tanto que algunos de los antiguos y modernos instructores
herméticos se inclinan más bien a aplicar el Principio de
Correspondencia a la cuestión, que da por resultado la «naturaleza
interna», la leyenda dice que Hermes, el Grande, cuando le fue hecha
esa pregunta por algunos de sus más avanzados estudiantes, contestó
apretando los labios fuertemente y no diciendo una palabra, como si indicara
que no había respuesta. Pero también puede ser que quisiera
aplicar el axioma de esta filosofía que dice que «los labios
de la Sabiduría permanecen cerrados, excepto para los oídos
del entendimiento», en la creencia de que aún sus más
aventajados discípulos no poseían la comprensión necesaria
que los calificara para esa enseñanza. De cualquier manera, si Hermes
poseyó el Secreto no lo comunicó, y por lo menos en lo que
al mundo concierne los labios de Hermes están cerrados al respecto.
Y si Hermes el Grande vaciló en hablar, ¿quién sería
el osado mortal que tratara de enseñarlo?Pero, recordémoslo, cualquiera que sea la respuesta de este problema,
si es que hay alguna, la verdad es que: «Si bien es cierto que todo
está en el TODO, no lo es menos que el TODO está en todas
las cosas». La proposición en este punto es enfática.
Y, para terminar, repetiremos las palabras de la cita: «El que comprenda
esto debidamente, ha adquirido gran conocimiento».
Capítulo VIII
El segundo gran principio hermético encierra la
verdad de que existe entre los diversos planos de manifestación
de la vida y del ser una armonía, concordancia y correspondencia.
Esta verdad lo es porque todo cuanto hay en el Universo emanó de
la misma fuente, y las mismas leyes, principios y características
se aplican a cada unidad o combinación de unidades de actividad,
conforme cada una manifiesta su propio fenómeno en su propio plano.Para facilitar la meditación y el estudio, la Filosofía
hermética considera que el Universo puede dividirse en tres grandes
clases de fenómenos, conocidas como los tres Grandes Planos:
EL PLANO FÍSICO.
EL PLANO MENTAL.
EL PLANO ESPIRITUAL.
Estas divisiones son más o menos artificiales y arbitrarias, porque
la verdad es que las tres divisiones no son más que grados ascendentes
en la gran escala de la vida, siendo el punto más bajo la materia
indiferenciada, y el más elevado el del Espíritu. Y, además,
los diferentes planos se esfuman unos en otros, de manera que no puede
establecerse una división firme y nítida entre la parte superior
del Plano Físico y la inferior del Mental.En una palabra, los tres grandes planos pueden ser considerados como
tres grandes grupos de grados de vida en manifestación. Y aunque
el propósito de este libro no nos permite entrar en una explicación
extensa de los mismos, daremos una descripción general de ellos.Para principiar podemos considerar la pregunta tan a menudo formulada
por el neófito, que desea saber lo que significa realmente la palabra
«Plano», término que se usa libremente, y que apenas
ha sido explicado, en muchas obras de ocultismo. La pregunta se formula
generalmente así: «¿Un Plano es un lugar que tiene
dimensiones, o no es más que una condición o estado?»
Y podemos contestar «No, no es un lugar ni una dimensión ordinaria
del espacio; pero, sin embargo, es más que un estado o condición».
Puede ser considerado como un estado o condición; pero, no obstante,
el estado o condición es un grado dimensional, es una escala, y
está sujeto a medida. Parecerá esto quizá una paradoja,
pero examinemos el punto. Una «dimensión» es una medida
en línea recta, relacionada con una medida base, etc. Las dimensiones
ordinarias del espacio son longitud o largo, latitud o ancho, y grosor
o altura. Pero existe otra dimensión de las cosas creadas, o medida
en línea recta, conocida por los ocultistas y también por
los hombres de ciencia, aunque estos últimos no le hayan dado todavía
el nombre de dimensión. Esta nueva dimensión, que por el
momento es la base de muchas especulaciones bajo el nombre de Cuarta Dimensión,
es el tipo usado para determinar los «grados» o planos.Esta cuarta dimensión puede ser denominada la de la «Vibración».
Es un hecho bien conocido por la ciencia moderna, así como por los
hermetistas, quienes han encerrado esa verdad en su tercer principio, que
«todo está en movimiento, todo vibra, nada está en
reposo». Desde la más elevada manifestación hasta la
más baja, todas las cosas vibran. Y no solamente vibran con diferente
intensidad, sino en diferentes dimensiones y de diferente manera. Los grados
de «intensidad» vibratoria constituyen los grados para medir
en la escala de vibraciones, o sea los grados de la Cuarta Dimensión.
Todos estos grados forman lo que los ocultistas llaman «planos».Cuanto más elevado es el grado de vibración, tanto más
elevado es el plano. De manera, pues, que aunque un plano no es un lugar,
ni estado o condición, posee, sin embargo, cualidades comunes a
ambos. Algo más tendremos que decir sobre las vibraciones en los
próximos capítulos, en los que estudiaremos el principio
hermético de Vibración.Se recordará, no obstante, que los tres grandes planos no son
divisiones actuales y reales de los fenómenos del Universo, sino
simples medios arbitrarios empleados por los herméticos para ayudar
al pensamiento y al estudio de los diversos grados y formas de la actividad
y de la vida universales. El átomo de la materia, la unidad de fuerza,
la mente del hombre y el ser del arcángel, no son más que
grados de una sola y misma escala, y todos son fundamentalmente los mismos,
siendo la diferencia sólo cuestión de grado y de intensidad
vibratoria: todos son creaciones del TODO, y tienen su existencia dentro
de su mente infinita.Los herméticos subdividen cada uno de esos tres grandes planos
en siete planos menores, y cada uno de éstos en siete subplanos,
siendo estas divisiones más o menos arbitrarias, esfumándose
unas en otras, pero han sido adoptadas por conveniencias del estudio científico.El Gran Plano Físico, y sus siete planos menores, es la división
que comprende todos los fenómenos del universo que se refieren a
las cosas, fuerzas y manifestaciones físicas. Incluye todas las
formas de lo que conocemos como materia, y toas las formas de lo que llamamos
energía o fuerza. Pero se debe recordar que la Filosofía
Hermética no reconoce la materia como una cosa en sí misma,
o como si tuviera una existencia separada de la mente del TODO. La proposición
es que la materia no es más que una forma de energía, esto
es, energía de una intensidad vibratoria inferior de cierta clase.
Y de acuerdo con ello, los herméticos clasifican la materia bajo
el título de energía, y le adjudican tres de los siete planos
menores del Gran Plano Físico.Dichas siete divisiones menores son las siguientes:
EL PLANO DE MATERIA (A)
EL PLANO DE MATERIA (B)
EL PLANO DE MATERIA (C)
EL PLANO DE SUSTANCIA ETÉRICA.
EL PLANO DE ENERGÍA (A)
EL PLANO DE ENERGÍA (B)
EL PLANO DE ENERGÍA (C)
El Plano de Materia A comprende las formas materiales sólidas, líquidas
y gases, tal como lo reconocen generalmente las obras de texto físicas.
El Plano de Materia B comprende ciertas formas más elevadas y sutiles
de la existencia que la ciencia recién comienza a conocer: los fenómenos
de la materia radiante, bajo sus fases de radium, etc., que pertenecen
a la subdivisión más inferior de este plano menor. El Plano
de la Materia C comprende formas de la materia más sutil y tenue,
cuya existencia ni siquiera sospechan los hombres de ciencia actuales.
El Plano de la sustancia Etérea comprende lo que la ciencia denomina
«éter», sustancia de tenuidad extrema y de prodigiosa
elasticidad, que compenetra todo el Espacio Universal y que obra como médium
para la transmisión de ondas de energía tales como la luz,
el calor, la electricidad, etc. Esta sustancia etérica es el eslabón
de unión entre la llamada materia y la energía, participando
de la naturaleza de ambas. La doctrina hermética dice que ese plano
tiene siete subdivisiones (como las tienen los demás planos menores),
y que, en realidad, hay siete éteres en vez de uno.Inmediatamente después viene el Plano de la Energía A,
que comprende las formas de energía que la ciencia conoce corrientemente,
siendo sus siete subdivisiones respectivamente: Calor, Luz, Magnetismo,
Electricidad, Atracción (gravitación, cohesión, afinidad
química, etc.) y otras varias formas de fuerza que revelan los experimentos
científicos, pero que aún no han sido denominadas o clasificadas.
El Plano de la Energía B comprende siete subdivisiones de las más
elevadas modalidades de energía, que aún no ha descubierto
la ciencia, pero que han sido llamadas «Las Fuerzas Sutiles de la
Naturaleza», cuya manifestación se provoca mediante ciertos
fenómenos mentales, cuyos fenómenos son posibles merced a
ellas. El Plano de la Energía C comprende siete subdivisiones de
energía tan elevadamente organizada que tiene muchas de las características
de la vida, pero no son reconocidas por el hombre en el actual estado de
desarrollo, siendo utilizables solamente para los seres del Planeta Espiritual.
Esa energía es inconcebible y puede ser considerada casi como «poder
divino». Los seres que la emplean son como dioses, aun comparándolos
con el tipo humano más elevado que conozcamos.El Gran Plano Mental comprende esas formas de cosas vivientes que conocemos
en la vida ordinaria, así como otras formas no tan bien conocidas,
salvo por los ocultistas.La clasificación de los siete planos mentales menores no es muy
satisfactoria sino más bien arbitraria (salvo que se acompañara
por complicadas explicaciones que son ajenas al propósito de este
libro), pero la mencionaremos.
EL PLANO DE LA MENTE MINERAL
EL PLANO DE LA MENTE ELEMENTAL A
EL PLANO DE LA MENTE VEGETAL
EL PLANO DE LA MENTE ELEMENTAL B
EL PLANO DE LA MENTE ANIMAL
EL PLANO DE LA MENTE ELEMENTAL C
EL PLANO DE LA MENTE HUMANA.
El Plano de la Mente Mineral comprende los estados o condiciones de las
unidades o entidades, o grupos y combinaciones de las mismas, que animan
las formas conocidas bajo el nombre de minerales, substancias químicas,
etc. Estas entidades no deben ser confundidas con las moléculas,
átomos y corpúsculos siendo estos últimos sólo
el cuerpo material de dichas entidades, así como el cuerpo del hombre
no es más que su forma material y no él mismo. A esas entidades
se las puede llamar «almas» en cierto sentido, y son seres
vivientes de escaso grado de desarrollo, vida y mentalidad, apenas un poco
más que las unidades de «energía viviente» que
comprenden las subdivisiones superiores del más elevado plano físico.
El hombre corriente no suele atribuir mente, alma o vida al reino mineral,
pero todos los ocultistas reconocen la existencia del mismo, y la ciencia
moderna se está encaminando rápidamente hacia este punto
de vista. Las moléculas, átomos y corpúsculos tienen
sus «odios y amores», gustos y desagrados, atracciones y repulsiones,
afinidades y no-afinidades, etc., y algunos hombres de ciencia han expresado
la opinión de que el deseo y la voluntad, las emociones y sentimientos
de los átomos sólo difieren en grado de los del hombre. No
tenemos espacio para discutir el asunto aquí. Todos los ocultistas
saben que es un hecho, y otros se refieren a los descubrimientos científicos
más recientes para que se vea su corroboración. Este plano
tiene las siete subdivisiones habituales.El Plano de la Mente Elemental A comprende el estado o condición
y grado de desarrollo mental y vital de una clase de entidades desconocidas
para el hombre corriente, pero que el ocultista conoce. Son invisibles
para los sentidos ordinarios del hombre, pero, no obstante, existen y desempeñan
su papel en el Drama del Universo. Su grado de inteligencia es intermedio
entre las entidades minerales y químicas por una parte y las entidades
del reino animal por la otra. Hay siete subdivisiones en este plano también.El Plano de la Mente Vegetal y sus siete subdivisiones comprende los
estados o condiciones de las entidades que encierra el mundo vegetal, los
fenómenos mentales y vitales que se conocen corrientemente. Muchas
e interesantes obras científicas se han escrito últimamente
sobre la mente y la vida en las plantas. Los vegetales tienen vida, mente
y alma, tanto como los animales, el hombre y el superhombre.El Plano de la Mente Elemental B y sus siete subdivisiones comprende
los estados y condiciones de una forma de elementales o entidades invisibles,
que hacen su obra en el Universo, cuya mente y vitalidad forma parte de
la escala entre el Plano de la Mente Vegetal y el Plano de la mente Animal,
participando dichas entidades de la naturaleza de ambos.El Plano de la Mente Animal y sus siete subdivisiones comprende los
estados y condiciones de las entidades, seres o almas, que animan los cuerpos
vivientes de los animales y que son familiares a todos. No es necesario
entrar en detalles concernientes a este reino o plano de vida, porque el
mundo animal nos es tan familiar como el nuestro propio.El Plano de la Mente Elemental C y sus siete subdivisiones comprende
las entidades o seres invisibles, que participan de la naturaleza de la
vida animal y humana, en determinado grado y combinación. Los elementos
pertenecientes a este plano y que están en el grado más elevado
del mismo, son semihumanos en inteligencia.El Plano de la mente Humana y sus siete subdivisiones comprende las
manifestaciones de la vida y mentalidad que son comunes al hombre en sus
varios grados y divisiones. En este punto debemos indicar el hecho de que
el hombre corriente actual ocupa la cuarta subdivisión del Plano
de la mente Humana, y sólo los más inteligentes han cruzado
los límites de la quinta subdivisión. Millones de años
ha empleado la raza para alcanzar este estadio, y tardará muchos
años más en llegar a las subdivisiones sexta y séptima.
Pero debemos recordar que ha habido razas anteriores a las nuestras que
han pasado por esos grados y después más allá de ellos.
Nuestra propia raza es la quinta (con más los rezagados de la cuarta)
que huella el Sendero. En ella ha habido unas cuantas almas avanzadas que
han sobrepasado a la masa y han llegado a la sexta y hasta la séptima
subdivisión, y algunos un poco más allá todavía.
El hombre de la sexta subdivisión será el superhombre, y
el de la séptima el ultra hombre.Al considerar los siete planos mentales menores nos hemos referido a
los tres planos elementales en un sentido general. No deseamos entrar en
mayores detalles en esta obra, porque el asunto no pertenece a este plano
de la filosofía y enseñanzas generales. Pero hemos dicho
esto para dar una idea un poco más clara de las relaciones de estos
planos con los que nos más familiares. Los Planos Elementales guardan
la misma relación en mentalidad y vitalidad con los Planos Mineral,
Vegetal, Animal y Humano, que las teclas negras de un piano con las blancas.
Las teclas blancas bastan para producir música, pero hay ciertas
escalas, melodías y armonías en las que las teclas negras
desempeñan su parte, siendo necesaria su presencia. Son también
necesarias como eslabones de unión en las condiciones anímicas,
o estados de ser diversos, entre los demás planos, alcanzándose
así ciertas formas de desenvolvimiento. Y este hecho dará
al lector que pueda leer entre líneas una luz nueva sobre el proceso
de la evolución, una nueva clave para la secreta puerta de la vida
que se oculta entre reino y reino. Todos los ocultistas conocen perfectamente
esos grandes reinos de Elementales, y las obras esotéricas están
llenas de alusiones a los mismos.Los que hayan leído Zanoni, de Bulwer Lytton, y otras
leyendas similares, reconocerán a esas entidades pertenecientes
a los mencionados planos de la vida.Pasando del gran Plano Mental al Gran Plano Espiritual, ¿qué
es lo que podríamos decir?, ¿Cómo podríamos
explicar esos elevados estados del ser, de la vida y de la mentalidad a
mentes que son todavía incapaces de comprender las subdivisiones
más elevadas del Plano de la Mente Humana? Esa tarea es imposible.
Sólo podemos hablar en los términos más generales.
¿Cómo podría describirse la luz a un hombre que haya
nacido ciego?, ¿Cómo explicar el azúcar a quien nunca
ha probado algo dulce?, ¿Cómo hablar de armonía a
un sordo?.Todo lo que podemos decir es que los siete planos menores del Gran Plano
Espiritual (cada uno de los cuales tiene las usuales siete subdivisiones),
comprenden seres tan superiores al hombre actual como este último
es superior al gusano o quizás a formas aún inferiores. La
vida de esos seres trasciende tanto a la nuestra que ni siquiera podemos
pensar en los detalles de las mismas. Su mente es tan elevada que, por
ellos, nosotros apenas si pensamos, y nuestros procesos mentales les parecen
puros procesos materiales. La materia que forma sus cuerpos es del plano
más elevado, y algunos se dicen que están envueltos por pura
energía. ¿Qué es lo que podría decirse sobre
tales seres?En los siete planos menores del Gran Plano Espiritual existen seres
de quienes hablamos como Ángeles, Arcángeles o semi-dioses.
En los planos menores inferiores viven aquellos a quienes damos el nombre
de Maestros y Adeptos. Sobre ellos están las grandes jerarquías
de huestes angélicas, inconcebibles para el hombre, y sobre ellas
están los que sin irreverencia alguna podrían llamarse dioses,
pues su grado de elevación en la escala es tan alto, tan grande
su poder e inteligencia, que sobrepasan a todas las concepciones que el
hombre se ha formado sobre la Deidad. Esos hombres están de todo
cuanto se pueda imaginar, siendo la palabra «Divino» la única
que se les podría aplicar. Muchos de esos seres, incluso las huestes
angelicales, tienen sumo interés por las cosas del Universo y desempeñan
un papel importantísimo en sus procesos. Esas invisibles divinidades
y auxiliares angélicas ejercen su influencia libremente y poderosamente
en la obra de la evolución y del progreso cósmico. Su intervención
ocasional y auxilio directo en los asuntos humanos han dado origen a muchas
leyendas, creencias, religiones y tradiciones de las razas pasadas y actuales.
Han superpuesto su conocimiento y poder sobre el mundo una y otra vez,
todo bajo la ley del TODO, por supuesto.Pero sin embargo, aún esos elevadísimos seres existen
meramente como creaciones de la mente del TODO y están sujetos a
los procesos cósmicos y a las leyes universales. Son todavía
mortales, podemos llamarlos «dioses» si nos agrada, pero no
son más que nuestros hermanos mayores: las almas avanzadas que han
sobrepasado a sus compañeras y que han renunciado temporalmente
al éxtasis de la absorción en el TODO, para poder ayudar
a la raza en su ascendente jornada en el Sendero. Pero pertenecen al Universo
y están sujetos a sus condiciones —son mortales y su plano es inferior
al del Espíritu Absoluto.Sólo los herméticos más avanzados son capaces de
comprender las enseñanzas secretas concernientes al estado de existencia
y a los poderes manifestados en los planos espirituales. El fenómeno
es tan superior al que se produce en los Planos Mentales que cualquier
intento de descripción sólo serviría para producir
una gran confusión de ideas. Únicamente aquellos cuya mentalidad
ha sido cuidadosamente educada en la Filosofía Hermética
durante años enteros, y los que han traído consigo, de encarnaciones
anteriores, el conocimiento adquirido previamente, pueden comprender adecuadamente
lo que significan las enseñanzas referentes a los planos espirituales.
Y muchas de ellas las guardan celosamente los herméticos por considerarlas
demasiado sagradas, importantes y hasta peligrosas, como para divulgarlas
públicamente. El estudiante inteligente comprenderá lo que
esto significa si dijéramos que el significado de la palabra «Espíritu»,
tal como lo usan los herméticos, es sinónimo de «poder
viviente», de fuerza animada, de esencia interna o vital, etc., significación
que no debe confundirse con lo que generalmente se atribuye al término
en cuestión: «religioso, eclesiástico, espiritual,
etéreo, santo, etc.». El ocultista emplea la palabra Espíritu
en el sentido de «principio animador», lo que lleva consigo
la idea de poder, de energía viviente, de fuerza mística,
etc. El ocultista sabe muy bien que lo que él conoce como poder
espiritual puede ser empleado con fines buenos o malos (de acuerdo con
el principio de polaridad), hecho que ha sido reconocido por la mayoría
de las religiones en sus concepciones de Satanás, Belcebú,
el Diablo, Lucifer, Ángeles caídos, etc. por esta razón
el conocimiento referente a esos planos ha sido mantenido en el secreto,
en el Santuario de los Santuarios de todas las fraternidades esotéricas
y órdenes ocultas. Ha sido guardado en la más secreta cámara
del Templo. Pero, y esto si podemos decirlo, los que han alcanzado grandes
poderes espirituales y los han empleado mal se han creado un Destino terrible,
y la oscilación del péndulo del Ritmo inevitablemente los
llevará al otro extremo de la existencia material, desde cuyo punto
tendrán que volver nuevamente a hacer el mismo camino a lo largo
de las múltiples espirales del Sendero, pero siempre tendrán
como castigo el recuerdo vibrante de las cumbres donde cayeron debido a
su mal obrar. Las leyendas sobre los ángeles caídos tienen
una base real, como saben todos los ocultistas. La lucha interesada por
el poder en los planos espirituales inevitablemente produce que el alma
egoísta pierda su equilibrio espiritual y caiga tan abajo como había
ascendido. Pero, aun a estas almas, se les presenta la oportunidad de volver
sobre sus pasos, y hacen la jornada de vuelta pagando la tremenda penalidad,
de acuerdo con la invariable ley.Para concluir, recordamos que, de acuerdo con el principio de Correspondencia
que encierra la verdad de que «Como es arriba, es abajo; como es
abajo, es arriba», todos los siete principios herméticos están
en plena operación en los diversos planos, físico, mental
y espiritual. El Principio de la Sustancia Mental se aplica, por supuesto,
a todos los planos, porque todos están en la mente del TODO. El
Principio de Correspondencia se manifiesta en todos, porque existe analogía,
acuerdo, correspondencia y concordancia entre los varios planos. El Principio
de Vibración se manifiesta también en todos los planos, pues
las diferenciales que los dividen son consecuencia de la vibración,
como ya hemos explicado. El Principio de Polaridad se manifiesta en cada
plano, siendo los extremos o polos aparentemente opuestos y contradictorios.
El Principio del ritmo se manifiesta en cada plano, con flujo y reflujo,
ascenso y descenso, ingreso y egreso. El Principio de Causa y Efecto se
manifiesta en cada plano, teniendo todo efecto su causa y toda causa su
efecto. El Principio de Género se manifiesta en cada plano, estando
siempre expresada la energía creadora y operando mediante los aspectos
masculino y femenino.«Como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba». Los
milenarios axiomas herméticos encierran los grandes principios de
los fenómenos universales. Conforme vayamos considerando los restantes
principios, veremos cada vez más clara la verdad de la naturaleza
universal de este gran Principio de Correspondencia.
Capítulo IX
El tercer Gran Principio Hermético —el Principio
de la Vibración— encierra la verdad de que el movimiento se manifiesta
en todo el Universo. Nada está en reposo, todo se mueve vibra y
circula. Este principio hermético fue reconocido por algunos de
los primitivos filósofos griegos, quienes lo expusieron en sus sistemas.
Pero después, durante siglos enteros, quedó olvidado, salvo
por los perseguidores de las doctrinas herméticas. En el siglo XIX
la ciencia física ha redescubierto esa verdad, y los descubrimientos
científicos del siglo XX han aportado su testimonio en corroboración
de esa verdad sostenida por la antiquísima Filosofía Hermética.La doctrina hermética no afirma solamente que todo está
en movimiento constante, sino que las diferencias entre las diversas manifestaciones
del poder universal se deben por completo al diferente modo e intensidad
vibratoria. Y no sólo esto, sino que aun el TODO mismo manifiesta
una vibración constante de tal infinita intensidad y rapidez, que
prácticamente puede considerarse como si estuviera en reposo. Los
instructores llaman la atención del estudiante sobre el hecho de
que aun en el plano físico un objeto que gire rápidamente,
como una rueda, por ejemplo, parece estar inmóvil. El espíritu
es uno de los polos de la vibración, constituyendo el otro polo
formas de materia extremadamente densas. Entre ambos polos hay millones
y millones de diferentes intensidades y modos de vibración.La ciencia moderna ha comprobado que todo lo que llamamos materia y
energía no es más que «modos de movimientos vibratorios»,
y algunos de los más avanzados hombres de ciencia se están
encaminando rápidamente hacia el punto de vista que los ocultistas
tienen sobre los fenómenos de la mente: simples modos de vibración
o movimiento. Veamos ahora lo que la ciencia tiene que decir sobre las
vibraciones en la materia y en la energía.En primer lugar, la ciencia dice que toda materia manifiesta, en algún
grado, la vibración producida por la temperatura o el calor. Esté
un objeto frío o caliente (pues ambos no son más que grados
de la misma cosa), manifiesta ciertas vibraciones calóricas, y en
ese sentido está en vibración. Todas las partículas
de materia están siguiendo un movimiento circular, lo mismo los
corpúsculos que los astros. Los planetas giran en torno de un sol,
y muchos de ellos giran también sobre sus propios ejes. Los soles,
a su vez, giran en torno de puntos centrales mayores, y se cree que éstos
giran también alrededor de otros todavía más grandes,
y así sucesivamente, ad infinitum. Las moléculas de
que se compone cualquier clase de materia están en constante vibración,
moviéndose unas en torno de otras, y también unas contra
otras. Las moléculas están compuestas por átomos,
los que, como aquellas, también están en constante movimiento
y vibración. Los átomos están compuestos por corpúsculos,
llamados también «electrones», «iones»,
etc., los que también están en un estado de rapidísima
moción, girando unos en torno de otros, con diversas modalidades
vibratorias. Y de esta manera toda materia manifiesta vibración,
de acuerdo con el principio hermético correspondiente.Y así sucede también con las diversas formas de energía.
La ciencia dice que la luz, el calor, el magnetismo y la electricidad no
son más que formas de movimiento vibratorio relacionado de alguna
manera con el éter, o probablemente emanado de él. La ciencia
no ha tratado aún de explicar la naturaleza del fenómeno
conocido como cohesión, que es el principio de la atracción
molecular, ni de la afinidad química, que es el principio de la
atracción atómica; ni de la gravitación (el mayor
misterio de los tres), que es el principio de atracción por el cual
toda partícula o masa de materia se siente atraída hacia
toda otra partícula o masa. Estas tres modalidades de la energía
no las comprende aún la ciencia, si bien los estudiosos se inclinan
a pensar que son también manifestaciones de alguna forma de energía
vibratoria, cosa que los herméticos han enseñado durante
largas edades en el pasado.El éter universal, cuya existencia postula la ciencia sin comprender
claramente su naturaleza, ya había sido explicado por los herméticos,
quienes aseguraban que era una manifestación superior de lo que
erróneamente se llamaba materia; es decir, que el éter era
materia en un grado de vibración superior. El nombre que le daban
era el de Sustancia Etérea, y decían que esta sustancia era
de tenuidad y elasticidad extremas, llenando el espacio universal, sirviendo
como médium de transmisión para las ondas de energía
vibratoria como el calor, la luz, la electricidad, el magnetismo, etc.
La sustancia etérea es el eslabón de unión entre la
modalidad de energía vibratoria que conocemos como materia por un
lado y la que conocemos como energía o fuerza, por el otro, manifestando
además un grado de vibración, en intensidad y modo, completamente
propio.Los hombres de ciencia proponen como ilustración para ver los
efectos del aumento de vibración una rueda girando con gran rapidez.
Supongamos primeramente que la rueda gira lentamente. Entonces diríamos
que es un «objeto». Si el objeto gira lentamente lo podremos
ver fácilmente, pero no sentimos el menor sonido. Aumentándose
gradualmente la velocidad en pocos momentos se hace ésta tan rápida
que comienza a oírse una nota muy baja y grave. Conforme sigue aumentando
la velocidad la nota se va elevando en la escala musical, y así
se van distinguiendo unas tras otras las diversas notas conforme aumenta
la
velocidad de rotación. Finalmente, cuando el movimiento ha llegado
a cierto límite se llega a la última nota perceptible por
el oído humano, y si la velocidad aumenta aún, sigue el mayor
silencio.Nada se oye ya, pues la intensidad del movimiento es tan alta que el
oído humano no puede registrar sus vibraciones. Entonces comienzan
a percibirse poco a poco sucesivos grados de color. Después de un
tiempo el ojo comienza a percibir un oscuro color rojo. Este rojo va haciéndose
cada vez más brillante. Si la velocidad sigue aumentando el rojo
se convertirá en anaranjado, el anaranjado en amarillo. Después
seguirán sucesivamente matices verdes, azules y añil, y finalmente
aparecerá el matiz violeta. La velocidad se acrecienta más
aún: entonces desaparece todo color, porque el ojo humano ya no
puede registrarlos. Pero ciertas radiaciones humanas emanan del objeto
en revolución: los rayos que se usan en la fotografía y otras
radiaciones sutiles de la luz.Después comienzan a manifestarse los rayos conocidos bajo el
nombre de X, y más tarde empiezan a emanarse electricidad y magnetismo.Cuando el objeto ha alcanzado cierto grado de vibración, sus
moléculas se desintegran, resolviéndose en sus elementos
originales o átomos. Después de los átomos, según
el principio de vibración, se separarían en innumerables
corpúsculos o electrones, de los que están compuestos. Y,
finalmente, hasta los corpúsculos desaparecerían y podría
decirse que el objeto estaría compuesto por sustancia etérea.
La ciencia no se atreve a llevar la ilustración más allá,
pero los herméticos dicen que si las vibraciones continuaran aumentando
el objeto pasaría sucesivamente por estados de manifestación
superiores, llegando al plano mental y después al espiritual, hasta
ser por último absorbido en el TODO QUE ES EL Espíritu Absoluto.
El «objeto», sin embargo, habría dejado de ser tal mucho
antes de llegar a la sustancia etérea, pero de todas maneras la
ilustración es correcta en cuanto demuestra los efectos del aumento
continuo de la intensidad vibratoria. Debe recordarse que en la ilustración
anterior, con el llegar a los estados en que el objeto irradia color, luz,
etc., no se ha resuelto aún la cuestión en esas formas de
energía (que están en un grado mucho más elevado),
sino que simplemente llega a un grado de vibración en el que esas
energías se libertan hasta cierto punto de las limitadoras influencias
de las moléculas, átomos y corpúsculos. Esas energías,
si bien son muy superiores en la escala a la materia, están aprisionadas
y confinadas en las combinaciones materiales, en razón de las fuerzas
que se manifiestan a través de ellas, y empleando formas materiales,
y de esta manera se confinan en sus creaciones corpóreas, lo que,
hasta cierto punto, es cierto en toda creación, quedando la fuerza
creadora envuelta en su propia creación.Pero la doctrina hermética va mucho más allá que
la ciencia moderna, y afirma que toda manifestación de pensamiento,
emoción, razón, voluntad, deseo o cualquier otro estado mental,
va acompañada por vibraciones, parte de las cuales se emanan al
exterior y tienden a afectar las mentes de los demás por «inducción».
Esta es la causa de la telepatía, de la influencia mental y de otros
efectos del poder de una mente sobre otra, la que ya va siendo de dominio
público, debido a la gran cantidad de obras de ocultismo que están
publicando discípulos e instructores sobre estas materias.Cada pensamiento, emoción o estado mental tiene en su correspondiente
intensidad y modalidad vibratoria. Y, otras, esos estados mentales pueden
ser reproducidos, así como una nota musical puede ser reproducida
haciendo vibrar las cuerdas de un instrumento con la velocidad requerida,
o como se puede reproducir un color cualquiera. Conociendo el Principio
de Vibración, aplicado a los fenómenos mentales, uno puede
polarizar su mente en el grado que quiera, obteniendo así un perfecto
dominio y contralor sobre sus estados mentales. De la misma manera, podrá
afectar las mentes de los demás, produciendo en ellos los requeridos
estados mentales. En una palabra, podrá producir en el Plano Mental
lo que la ciencia produce en el físico, o sea las vibraciones a
voluntad. Este poder, por supuesto, puede adquirirse únicamente
mediante las instrucciones, ejercicios y prácticas apropiadas, siendo
la ciencia que las enseña, la de la «transmutación
mental», una de la rama de la Filosofía Hermética.Un poco de reflexión sobre lo que hemos dicho mostrará
que el Principio de Vibración está oculto tras todos los
maravillosos fenómenos de los poderes manifestados por los Maestros
y Adeptos, quienes pueden aparentemente eludir las leyes de la Naturaleza,
pero que, realmente, no hacen más que emplear una ley contra otra,
un principio contra otros, y que llevan a cabo sus resultados modificando
las vibraciones de las cosas materiales o de las energías, realizando
así lo que comúnmente llamamos milagros.Como dijo una de las más antiguas autoridades herméticas:
«Aquel que ha comprendido el Principio de Vibración, ha alcanzado
el cetro del Poder».
Capítulo X
opuestos; los semejantes y desemejantes son los mismos; los opuestos son
idénticos en naturaleza, difiriendo sólo en grado; los extremos
se tocan; todas las verdades, son medias verdades, todas las paradojas
pueden reconciliarse.»
El Cuarto Gran Principio Hermético —el Principio
de polaridad— encierra la verdad de que todas las cosas manifestadas tienen
dos lados, dos aspectos, dos polos; un par de opuestos con innumerables
grados entre ambos extremos. Las antiguas paradojas, que siempre han confundido
la mente de los hombres, quedan explicadas si se comprende este principio.
El hombre siempre ha reconocido algo semejante a este principio y ha tratado
de expresarlas con dichos, máximas o aforismos como los siguientes:
«Todo es y no es al mismo tiempo»; «todas las verdades
no son más que medias-verdades»; «toda verdad es medio-falsa»;
«Todas las cosas tienen dos lados»; «siempre hay un reverso
para cada anverso», etc.Las enseñanzas herméticas opinan sobre la diferencia que
existe entre cosas aparentemente opuestas diametralmente, que es sólo
cuestión de grado. Y afirma que todo par de opuestos puede conciliarse
y que la tesis y la antítesis son idénticas en naturaleza,
difiriendo sólo en grado. La conciliación universal de los
opuestos se efectúa reconociendo este Principio de Polaridad. Ejemplo
de este principio pueden encontrarse en todas partes, después de
un examen de la naturaleza real de las cosas.El espíritu y la materia no son más que polos de las mismas
cosas, siendo los planos intermediarios cuestión de grados vibratorios
meramente. El TODO y los muchos son los mismos, residiendo la diferencia
solamente en el grado de manifestación mental. De manera, pues,
que la LEY y las leyes son los dos polos de una sola y misma cosa. E igual
sucede con el PRINCIPIO y los principios, con la MENTE infinita y la mente
finita.Si pasamos al plano físico encontramos que el Calor y el Frío
son de naturaleza idéntica, siendo la diferencia simple cuestión
de grados. El termómetro indica los grados de temperatura, siendo
el polo inferior el llamado «frío» y el superior «calor».
Entre ambos hay muchos grados de calor y frío, pues cualquier nombre
que se les dé es correcto. De dos grados, el superior es siempre
más caliente en comparación con el inferior, que es más
frío. No hay absolutamente un tipo fijo: todo es cuestión
de grado. No hay ningún sitio en el termómetro en el que
cese el calor y comience el frío absolutamente. Todo se reduce a
vibraciones más o menos elevadas o bajas. Las mismas palabras «elevado»
y «bajo» que nos vemos obligados a usar, no son más
que polos de la misma cosa: los términos son relativos. Así
sucede igualmente con el «Este» y el «Oeste». Si
viajamos alrededor del mundo en dirección al oriente, llegaremos
a un punto que se llama occidente, considerándolo desde el punto
de partida. Marchemos suficientemente lejos hacia el Norte y pronto nos
encontraremos viajando hacia el sur y viceversa.La Luz y la oscuridad son polos de la misma cosa, con muchos grados
entre ambos. La escala musical es la misma. Partiendo del sí en
adelante llegaremos a encontrar otro sí y así sucesivamente,
siendo las diferencias entre los extremos también cuestión
de grados. En la escala del color sucede otro tanto, siendo la intensidad
vibratoria la única diferencia que existe entre el rojo y el violeta.
Lo grande y lo pequeño son cosas relativas. Igualmente lo es el
ruido y la quietud, lo duro y lo blando, lo afilado y lo romo. Positivo
y negativo son los dos polos de una misma cosa, con innumerables gradaciones
entre ambos.Bueno y malo no son cosas absolutas; A un extremo lo llamamos bueno
y al otro malo, o Bien al uno y Mal al otro, de acuerdo con el sentido
que queramos darle. Una cosa es menos buena que la que le es superior en
la escala, pero esa cosa menos buena, a su vez, es mejor comparada con
la que tenga el más o el menos regido por la posición que
tenga en la escala.Igual cosa sucede en el plano mental. El amor y el odio son considerados
como diametralmente opuestos, completamente diferentes e irreconciliables.
Pero si aplicamos el Principio de Polaridad, encontraremos que no existe
un amor absoluto o un odio absoluto, diferentes uno de otro. Los dos no
son más que términos aplicados a los dos polos de la misma
cosa. Empezando en cualquier punto de la escala, encontramos «más
amor» o «menos odio», si ascendemos por ella, o «menos
amor» si por ella descendemos, y esto es cierto, sin importar nada
el punto, alto y bajo, que tomemos como partida.Hay muchos grados de amor y de odio, y existe también un punto
medio donde el agrado y el desagrado se mezclan en tal forma que es imposible
distinguirlos. El valor y el miedo quedan también bajo la misma
regla. Los pares de opuestos existen por doquier. Donde encontremos una
cosa, encontraremos también su opuesta: los dos polos.Este hecho es el que permite al hermético transmutar un estado
mental en otro, siguiendo las líneas de polarización. Las
cosas de diferente clase no pueden transmutarse unas en otras, pero sí
las de igual clase. Así, pues, el Amor no podrá convertirse
en Este u Oeste, o Rojo o Violeta, pero puede tornarse en Odio, e igualmente
el Odio puede tornarse en Amor cambiando su polaridad. El valor puede transmutarse
en miedo y viceversa. Las cosas duras pueden tornarse blandas, las calientes,
frías, y así sucesivamente, efectuándose siempre la
transmutación entre cosas de la misma clase, pero de grado diferente.
Tratándose de un hombre cobarde, si se elevan sus vibraciones mentales
a lo largo de la línea Miedo-valor, se llenará de valentía
y desprecio por el peligro. E igualmente el perezoso puede hacerse activo
y enérgico, polarizándose simplemente a lo largo de las líneas
de la deseada cualidad.Los discípulos familiarizados con los procedimientos mediante
los cuales producen las diversas escuelas de ciencia mental cambios en
los estados mentales de sus seguidores, quizás, no comprendan fácilmente
cuál es el principio que se oculta tras esos cambios. Pero, no obstante,
una vez que se ha entendido el Principio de Polaridad, se ve inmediatamente
que esos cambios mentales son ocasionados por un cambio de polaridad, por
un deslizamiento a lo largo de la misma escala. Este cambio no es de la
naturaleza de transmutar una cosa en otra completamente diferente, sino
que se reduce a un simple cambio de grado de la misma cosa, lo que es una
diferencia importantísima. Por ejemplo, y sacando un ejemplo del
Mundo Físico, es imposible cambiar el calor en agudeza o filosidad,
pesadez, elevación, etc., pero puede ser fácilmente transmutado
en frío, con sólo amortiguar la vibración. De la misma
manera el odio y el amor son recíprocamente transmutables, así
como el miedo y el valor. Pero el Miedo no puede transformarse en Amor,
ni el Valor en Odio. Los estados mentales pertenecen a innumerables clases,
cada una de las cuales tienen sus polos opuestos, a lo largo de los cuales
es posible la transmutación.Se comprenderá fácilmente que, tanto en los estados mentales
como en los fenómenos del plano físico, los dos polos pueden
ser clasificados como positivo y negativo, respectivamente. Así,
pues, el amor es positivo respecto al odio; el valor respecto al miedo;
la actividad respecto de la inercia, etc. Y también se notará,
aun desconociendo el principio de vibración, que el polo positivo
parece ser de grado superior que el negativo, pudiendo aquel dominar fácilmente
a este. La tendencia de la Naturaleza es en dirección a la actividad
dominante del polo positivo.Además del cambio de los polos de los propios estados mentales
mediante la aplicación del arte de la polarización, el fenómeno
de la influencia mental, en sus múltiples fases, demuestra que el
principio puede extenderse hasta abarcar los fenómenos de la influencia
de una mente sobre otra, de lo que tanto ha sido escrito en los últimos
años. Cuando se comprende que la inducción mental es posible,
esto es, que los estados mentales pueden producirse por inducción
de los demás, entonces se verá como puede comunicarse a otra
cierta clase de vibración o polaridad, cambiándose así
la polarización de la mente entera. La mayoría de los resultados
obtenidos mediante los «tratamientos mentales» se obtienen
según ese principio. Por ejemplo, una persona está triste,
melancólica y temerosa. Un científico de la mente eleva su
propia mentalidad al deseado grado de vibración, mediante su voluntad
previamente ejercitada, y de esta manera obtiene la polarización
requerida en su propia mentalidad. Entonces por inducción, produce
un estado mental análogo en el otro, siendo el resultado que las
vibraciones de éste se intensifican y el paciente se polariza hacia
el polo positivo de la escala, en vez de polarizarse hacia el negativo,
y
sus temores, melancolía, etc., se transforman en valor, contento
y parecidos estados internos. Un poco de meditación sobre el asunto
demostrará que esos cambios mentales se efectúan casi todos
a lo largo de las líneas de polarización, siendo el cambio
más bien cuestión que de clase.El conocimiento de este gran principio hermético permitirá
comprender mejor los propios estados mentales, así como los de los
demás. Y se verá que esos estados son puramente cuestión
de grados, y al comprobar el hecho podrá elevar las vibraciones
interiores a voluntad, cambiando su polaridad, haciéndose dueño
de sus pensamientos, en vez de ser su esclavo y servidor. Este conocimiento
le permitirá además ayudar a otros inteligentemente, cambiando,
mediante los métodos apropiados, su polaridad. Es muy conveniente
familiarizarse con este principio, porque su comprensión correcta
arrojará muchísima luz sobre problemas difíciles y
oscuros.
Capítulo XI
la oscilación pendular se manifiesta en todas las cosas; la medida
del movimiento hacia la derecha es la misma que el de la oscilación
a la izquierda; el Ritmo es la compensación.»
El Quinto Gran Principio Hermético —El Principio
del Ritmo— encierra la verdad de que en todos se manifiesta una oscilación
medida, movimiento de ida y vuelta, un flujo y reflujo, un movimiento semejante
al del péndulo, una marea con suba y baja, manifestándose
siempre entre los dos polos los planos físico, mental y espiritual.
El principio del Ritmo está estrechamente relacionado con el principio
de polaridad, descrito en el capítulo anterior. El ritmo se manifiesta
entre los dos polos establecidos por el principio de polaridad. Esto no
significa, sin embargo, que la oscilación rítmica vaya hasta
los extremos de cada polo, pues esto sucede rarísimas veces. En
realidad, es muy difícil establecer los opuestos polares extremos
en la mayoría de los casos.Pero la oscilación es siempre «hacia» un polo primero,
y después «hacia» el otro.Siempre hay una acción y una reacción, un avance y un
retroceso, una elevación y una caída, manifestándose
en todas las cosas y fenómenos del universo. Moles, mundos, hombres,
animales, vegetales, minerales, energías, fuerzas, mente, y materia,
y hasta el mismo espíritu manifiestan este principio. El principio
se manifiesta en la creación y destrucción de los mundos,
en la elevación y caída de las naciones, en la historia de
la vida de todas las cosas y, finalmente, en los estados mentales del hombre.Empezando por las manifestaciones del Espíritu —el TODO— se verá
que siempre hay una Emanación, seguida de Absorción, «la
respiración y la aspiración de Brahma», según
dicen los brahmines. Los universos se crean, alcanzan el punto más
bajo de maternidad y entonces comienzan la oscilación de vuelta.
Los soles nacen, alcanzan la cumbre de su poder, empieza el progreso de
su retrogresión y después de eones sin cuento se convierten
en muertas masas de materia, esperando otro impulso que imparta en ellos
nuevas energías internas y que los lleve a un nuevo ciclo de vida
solar. Y así sucede con todos los mundos: nacen, crecen y mueren,
sólo para renacer de nuevo. E igualmente sucede con todas las cosas
de cuerpo o forma: oscilan de la acción a la reacción, del
nacimiento a la muerte, de la actividad a la inactividad, y de nuevo comienza
el ciclo. Lo mismo pasa con todos los grandes movimientos filosóficos,
credos de cualquier clase, gobiernos, naciones, etc.: nacen, crecen, llegan
a su madurez, decaen, mueren, sólo para renacer de nuevo.La oscilación pendular es evidente por doquiera.
La noche sigue al día y el día a la noche. El péndulo
oscila del verano al invierno y de éste a aquél. Los corpúsculos,
átomos y moléculas y todas las masas de materia, oscilan
en torno del círculo que corresponde a su naturaleza. No hay tal
reposo absoluto o cesación de movimiento. Todo movimiento participa
del Ritmo. Este principio es de aplicación universal. Puede ser
aplicado a cualquier cuestión o fenómeno de las muchas fases
de la vida. Puede aplicarse a todas las fases de la humana actividad. Siempre
existe la oscilación rítmica de un polo a otro. El Péndulo
Universal está siempre en movimiento. Las mareas de la vida fluyen
y refluyen de acuerdo con la Ley.La ciencia moderna reconoce el principio del Ritmo, y lo considera de
aplicación universal en cuanto se refiere a las cosas materiales.
Pero los herméticos llevan el principio mucho más allá
y saben que sus manifestaciones se extienden a las actividades mentales
del hombre, y que él solo explica la gran sucesión de sus
modalidades, sentimientos y otros cambios contundentes que notamos en nosotros
mismos. Pero los herméticos, al estudiar la operación de
este principio, han descubierto el modo de substraerse a las actividades
mediante la Transmutación.Los Maestros Herméticos descubrieron que en tanto que el principio
del Ritmo era invariable, y evidente en todos los fenómenos mentales,
había dos planos de manifestación en lo que a los fenómenos
mentales concernía. Descubrieron que había dos planos generales
de conciencia, el Inferior y el Superior, y este descubrimiento les permitió
elevarse al plano superior, escapando a la oscilación del péndulo
rítmico, que se manifestaba en el plano inferior. En otras palabras,
la oscilación del péndulo se produce en el plano inconsciente
y la conciencia no queda, por consiguiente, afectada. A esta ley la llamaron
la Ley de la Neutralización. Su operación consiste en elevar
al Ego sobre las vibraciones del plano inconsciente de la actividad mental,
de manera que la oscilación negativa del péndulo no se manifieste
en la conciencia y no quede uno afectado por ella. Es lo mismo que levantarse
por encima de una cosa y dejar que pase esta por debajo de uno. El instructor
o discípulo hermético se polariza a sí mismo en el
polo requerido, y por un procedimiento semejante a «rehusar»
el participar en la oscilación retrógrada, o si se prefiere,
«negando» su influencia sobre él, se mantiene firmemente
en su posición polarizada, y permite al péndulo mental oscilar
hacia atrás en el plano inconsciente. Todo hombre, que en mayor
o menor grado, ha adquirido cierto dominio de sí mismo, realiza
esto más o menos conscientemente, impidiendo que sus modalidades
o estados mentales negativos lo afecten, mediante la aplicación
de la ley de la neutralización. El maestro, sin embargo, lleva esto
hasta un grado muchísimo mayor de eficacia y proficiencia, y, mediante
su voluntad, llega a un grado de equilibrio e inflexibilidad mental casi
imposible de concebir por aquellos que se dejan llevar y traer por el péndulo
mental de sus sentimientos y modalidades.Todo pensador apreciará debidamente la gran importancia del asunto
con sólo considerar lo esclavo que, en su mayoría, la gente
es de su propio estado de ánimo, sentimientos y emociones y el poco
dominio de sí mismo que tienen. A poco que se medite el asunto se
comprenderá cuanto nos han afectado en nuestra vida esas oscilaciones
del ritmo; como a un período de entusiasmo ha seguido un correspondiente
período de depresión.Igualmente, tenemos períodos de valor, que son seguidos de períodos
de desaliento y miedo. Y así sucede con todos o la mayoría
por lo menos: marea de sentimientos y emociones se elevan y caen, pero
nunca sospechan la causa de ese fenómeno. Si se comprende la operación
de este principio, se obtendrá la clave para dominar esas oscilaciones
y uno podrá conocerse a sí mismo mucho mejor, evitando además
el dejarse llevar por esos flujos y reflujos. La voluntad es muy superior
a la manifestación consciente de este principio, por más
que el principio mismo nunca puede ser destruido. Podremos sustraernos
a sus efectos, pero, no obstante, el principio obrará. El péndulo
siempre oscila, si bien podemos evitar el ser arrastrados por su oscilación.Existen, además, otras particularidades en la operación
de este Principio del Ritmo, de las que vamos a hablar ahora. Dentro de
su operación entra lo que se conoce como ley de compensación.
Una de las definiciones o significados de la palabra compensación
es «contrabalancear», «equilibrar», y en este sentido
se emplea dicho término en la Filosofía Hermética.
A esta ley de compensación se refiere El Kybalion cuando
dice: «La medida de la oscilación hacia la derecha es la misma
que la de la oscilación a la izquierda; el ritmo es la compensación».La ley de compensación es la que hace que la oscilación
en una dirección determine otra oscilación en sentido contrario,
y así se equilibran mutuamente. En el Plano Físico vemos
muchos ejemplos de esta ley. El péndulo de un reloj oscila hasta
cierto punto hacia la derecha y de allí vuelve a oscilar hacia la
izquierda otro tanto. Las estaciones se equilibran unas a otras de la misma
manera. Las mareas obedecen a la misma ley. Y la misma ley se manifiesta
en todos los fenómenos del Ritmo. El péndulo que sólo
hace una oscilación corta hacia la derecha, hace otra oscilación
corta hacia la izquierda. Si la oscilación hacia la derecha es grande,
la oscilación hacia la izquierda lo es igualmente, un objeto cualquiera
arrojado hacia arriba, tiene que recorrer exactamente el mismo camino de
vuelta. La fuerza con que se lanza un proyectil hacia arriba se reproduce
cuando el proyectil vuelve a la tierra. Esta ley es constante en el Plano
Físico, como cualquier referencia a la mayor autoridad científica
lo corroborará.Pero el hermético lo lleva aún más allá.
Y afirma que los estados mentales están sujetos a la misma ley.
El hombre capaz de gozar agudamente, es también capaz de sufrir
en igual grado. El que sólo es capaz de escaso dolor, tampoco puede
gozar más que escaso placer. El cerdo sufre mentalmente muy poco;
pero, en cambio, tampoco puede gozar gran cosa: está compensado.
Por otra parte, hay animales que gozan extraordinariamente, pero también
su sistema nervioso y temperamento los hacen sufrir extremos grados de
dolor. Igualmente sucede con el hombre. Hay temperamentos que sólo
son capaces de muy poco goce, pero entonces sólo existe, como compensación,
una capacidad para soportar muy poco dolor, en tanto que otros hombres
pueden gozar intensamente sufren en igual grado. La regla es que la capacidad
para el placer y el dolor en cada individuo está equilibrada. La
ley de compensación opera ampliamente aquí también.Pero el hermético va más allá aún en esta
materia, y afirma que antes de que uno pueda gozar de cierto grado de placer
es necesario que haya oscilado proporcionalmente otro tanto hacia el otro
polo del sentimiento o sensación. El negativo en esta materia precede
al positivo; es decir, que al experimentar cierto grado de placer no se
seguirá que «haya que pagarlo» con un correspondiente
grado de dolor; por el contrario, el placer es la oscilación rítmica,
de acuerdo con la ley de compensación, originada por un grado de
dolor experimentado previamente, bien en la vida actual o en encarnaciones
anteriores. Y esto arroja una nueva luz sobre el problema del dolor.Los herméticos consideran la cadena de vidas como continua, como
simples puertas de una sola vida del individuo, de suerte que la oscilación
rítmica es considerada en esta forma, mientras que no tendría
significado alguno si no se admitiera la doctrina de la reencarnación.Pero, además, el hermético sostiene que el maestro o el
discípulo avanzado es capaz, en grado superlativo, de rehuir la
oscilación hacia el dolor, realizando el proceso de neutralización
a que aludiéramos anteriormente. Ascendiendo al plano superior del
Ego, se evitan muchas de las experiencias que llegan a los que habitan
en planos inferiores.La ley de compensación desempeña una parte importante
en la vida de los hombres, pues se verá que uno generalmente paga
el precio de lo que tiene o le falta. Si se posee una cosa, falta otra,
y así se equilibra la balanza. Nadie puede guardarse su centavo
y tener al mismo tiempo la torta, todo tiene su lado agradable y desagradable.
Las cosas que uno obtiene siempre las paga con las que pierde. El rico
posee mucho de lo que al pobre le falta, mientras que el pobre posee cosas
que frecuentemente están fuera del alcance del rico. El millonario
que gusta de los festines, y que tiene la fortuna necesaria para satisfacer
sus deseos y asegurarse la satisfacción de su gula, carece del apetito
necesario para gustarlos, y envidia el apetito y la digestión del
obrero a quien le falta la fortuna y la inclinación del millonario,
gozando más de su sencillo alimento que el millonario sin apetito
y con el estómago arruinado. Y así sucede con todo en la
vida. La ley de compensación está siempre obrando, equilibrando
y contrabalanceando las cosas continuamente, en la sucesión del
tiempo, aunque la oscilación del ritmo tarde vidas enteras.
Capítulo XII
su causa; todo ocurre de acuerdo con la ley. Azar no es más que
el nombre que se le da a la ley no reconocida; hay muchos planos de causalidad,
pero ninguno escapa a la ley.»
EL Sexto Gran Principio Hermético —el principio
de Causa y Efecto— encierra la verdad de que nada sucede casualmente; que
la casualidad es sólo un término que indica la existencia
de una causa no reconocida o percibida; que el fenómeno es continuo,
sin soluciones de continuidad.El Principio de Causa y Efecto está tras todo pensamiento científico,
antiguo o moderno, y fue enunciado por los Instructores Herméticos
de los tiempos primitivos.Y si bien han surgido muchas discusiones y disputas entre las varias
escuelas de pensamiento, esas disputas han versado especialmente sobre
los detalles de la operación del citado principio, y también
sobre el significado de determinadas palabras. El inmanente principio de
Causa y Efecto ha sido aceptado como correcto por todos los pensadores
del mundo que merecen realmente tal calificativo. Pensar de otra manera
sería sacar el fenómeno del universo del dominio de la ley
y del orden, relegándolo a ese algo imaginario al que el hombre
ha dado el nombre de casualidad.Un poco de meditación evidenciaría que no existe absolutamente
tal casualidad. Webster define la palabra casualidad diciendo que: «es
un supuesto agente o modo de actividad diferente de una fuerza, ley o propósito;
la operación o actividad de dicho agente; el efecto supuesto de
tal agente; un suceso, una cosa fortuita, una casualidad, etc.».
Pero un poco de meditación demostrará que no puede existir
dicho agente casual, en el sentido de algo externo y fuera de la ley, algo
aparte de la causa y del efecto.¿Cómo podría existir algo actuando en el universo
fenomenal, independiente de las leyes, del orden y de la continuidad del
último? Tal agente sería algo completamente independiente
del tren coordinado del universo, y, por consiguiente, sería superior
a él. No podemos imaginar nada fuera del TODO, más allá
de la ley, y esto porque el TODO es precisamente la ley en sí mismo.
No hay sitio en el universo para nada externo o independiente de la ley.
La existencia de algo semejante convertiría a todas las leyes naturales
en inefectivas, y sumergiría al universo todo en el desorden más
caótico.Un examen cuidadoso demostrará que lo que llamamos casualidad
es meramente una expresión concerniente a causas oscuras, causas
que no podemos percibir, causas que no podemos comprender. La palabra casualidad
se deriva de una frase que significa «echar los dados», siendo
la idea encerrada que la caída es meramente una ocurrencia, sin
relación con causa alguna. Y en este sentido suele emplearse la
palabra en cuestión. Pero cuando se examina el asunto detalladamente
se verá que no hay tal casualidad absolutamente en la caída
de un dado. Cada vez que cae el dado mostrando cierto número, obedece
a una ley tan infalible como la que gobierna la revolución de los
planetas en torno del Sol. Tras la caída del dado existen causas,
o cadenas de causas, eslabones en ininterrumpida sucesión, hasta
donde la mente no puede alcanzar. La posición del dado en la caja,
la suma de energía muscular empleada al arrojarlo, el estado de
la mesa, etc., son otras tantas causas cuyo efecto puede verse. Pero, tras
éstas, hay encadenamiento de causas invisibles precedentes, todas
las cuales obran sobre el número que el dado debe mostrar en su
cara superior.Si se arrojan los dados un gran número de veces, se verá
que los puntos marcados son casi iguales, esto es, que habrá igual
número de unos, de dos, etc. Arrójese una moneda al aire,
y al caer dará cara o cruz. Pero si se arroja un número de
veces suficiente, las caras y las cruces se igualarán. Pero todo
cae bajo la operación de la Ley de Causa y Efecto, y si pudiéramos
examinar todo el eslabonamiento de causas veríamos claramente que
era sencillamente imposible que el dado cayera en otra forma que en la
que cayó, bajo las mismas circunstancias y al mismo tiempo. Siendo
las mismas causas, se produce siempre el mismo resultado. Toda ocurrencia
tiene su causa y su porqué. Nada ocurre sin causa, o, mejor dicho,
sin una cadena de causas.Al considerar este principio muchos se quedan confusos, porque no pueden
explicar como una cosa puede ser causa de otra, esto es, ser la primera
creadora de la segunda. En realidad, ninguna cosa puede producir o crear
otra. La causa y el efecto residen meramente en los sucesos. Un suceso
o acontecimiento es lo que viene, llega u ocurre como consecuencia o resultado
de un acontecimiento o evento anterior. Ningún acontecimiento crea
otro, sino que no es nada más que el eslabón precedente en
la gran cadena coordenada de sucesos que fluyen de la energía creadora
del TODO. Hay una continuidad de solución entre todos los acontecimientos
precedentes, consecuentes y subsecuentes. Existe siempre una relación
entre todo lo que ha pasado y todo lo que sigue. Una piedra se desprende
de la montaña y se aplasta contra el tejado de una granja situada
en el valle vecino. A primera vista parece obra de la casualidad; pero
si se examina la materia se encontrará una gran cadena de causas
tras ese acontecimiento. En primer lugar estaba la lluvia que ablandó
la tierra que sostenía a la piedra, permitiéndole así
caer; antes de esa causa estaba la influencia precedente del Sol y de otras
lluvias, las que gradualmente fueron desintegrando la piedra de la roca;
antes aún, estaban las causas que contribuyeron o produjeron la
formación de la montaña y su elevación sucesiva por
medio de las convulsiones de la Naturaleza, y así ad infinitum.Además podemos revisar las causas de la lluvia, podemos considerar
la existencia del tejado. En una palabra, pronto nos encontraríamos
envueltos en un laberinto de causas y efectos del que pronto tendríamos
que luchar para escaparnos.Así como un hombre tiene dos padres y cuatro abuelos y ocho bisabuelos,
y dieciséis tatarabuelos y así sucesivamente, de manera que
al cabo de cuarenta generaciones se calcula el número de antecesores
en muchos millones, así también suceden con el número
de causas que subyacen tras el suceso o fenómeno más nimio,
tal como el paso de un liviano trocito de carbón llevado por el
viento. No es nada fácil seguir la pista de esa partícula
de hollín hasta los primitivos períodos de la historia del
mundo, cuando formaba parte de un macizo tronco, que más tarde se
convirtió en carbón, y así sucesivamente, hasta el
momento en que pasaba volando ante nosotros en busca de otras muchas aventuras.
Y una poderosísima cadena de acontecimientos, de causas y efectos,
la llevó hasta su actual condición, y ésta no es más
que uno de los tantos sucesos de la cadena, y que seguirán produciendo
más y más eventos durante centenares y centenares de años
a contar desde ahora. Una de las series de acontecimientos originados por
esa partícula de hollín flotante ha sido el escribir estas
líneas, lo que ha obligado a un tipógrafo a realizar cierto
trabajo; esto despertará en vuestras mentes ciertos pensamientos,
así como en las de los demás, los que a su vez afectarán
a otros, y así sucesivamente, hasta donde la mente no puede alcanzar,
y todo por el simplismo vuelito de una partícula de hollín,
todo lo cual muestra la relatividad y asociación de las cosas y
la deducción consiguiente de que nada hay grande ni pequeño
en la mente que todo lo creó.Meditemos un momento. Si cierto hombre no hubiera encontrado a cierta
mujer en la obscura Edad de Piedra, vos, que estáis ahora leyendo
estas líneas, no estaríais ahora aquí. Y si, quizá,
la misma pareja no se hubiera encontrado, los que escribimos estas líneas
tampoco estaríamos aquí. Y el mismo hecho de que nosotros,
por nuestra parte, escribamos, y de que vos leáis por la vuestra,
afectará no solamente nuestras propias vidas, sino que también
tendrá un efecto directo o indirecto sobre muchas otras personas
que viven actualmente o que vivirán en las edades por venir. Todo
pensamiento generado en nuestra mente, todo acto realizado, tiene sus resultados
directos e indirectos, que se eslabonan coordinadamente en la gran cadena
de Causas y Efectos.No deseamos entrar a discutir sobre el libre albedrío y el determinismo,
en esta obra, por múltiples razones. Entre otras muchas, la principal
es que ningún lado del asunto es completamente exacto, siendo en
realidad ambos parcialmente verdad, de acuerdo con las enseñanzas
herméticas. El Principio de Polaridad demuestra que ambos aspectos
son medias-verdades: los opuestos polos de la verdad. La verdad es que
el hombre puede ser a la vez libre y limitado por la necesidad, dependiendo
todo del significado de los términos y de la altura de la verdad
desde la cual se examine el asunto. Los antiguos escritores expresaban
el punto diciendo que: «Cuanto más lejana está la creación
del Centro, tanto más limitada está. Cuanto más próxima
está del Centro, tanto más libre está».Los hombres en su mayoría, son más o menos esclavos de
la herencia, del medio ambiente, etc., y manifiestan muy poco libre albedrío.
Se ven arrastrados por las opiniones, costumbres y pensamientos del mundo
externo, así como también por sus emociones, sentimientos
y modalidades. No manifiestan el menor dominio de sí mismo que merezca
ese nombre. Y con indignación rechazan esa afirmación diciendo:
«Yo puedo obrar ciertamente con plena libertad y hacer lo que se
me dé la gana; hago precisamente lo que quiero hacer». Pero
no pueden explicar por qué o de donde viene el «necesito»
y me «gusta». ¿Qué es lo que les hace querer
una cosa con preferencia a otra? ¿Qué es lo que les hace
«gustar» una cosa y no otra? ¿No hay ninguna «razón»
para sus «gustos» y «necesidades»? El maestro puede
transformar los «agrados y «necesidades» en otros en
el extremo opuesto de su polo mental. Puede y tiene la capacidad de «querer,
querer» en vez de querer porque algún sentimiento, modalidad,
emoción o sugestión del medio ambiente despierte en él
una tendencia o deseo de hacer tal o cual cosa.La mayoría de los hombres es arrastrada como si fuera una piedra,
obedeciendo al medio ambiente, a las influencias externas y a las modalidades,
deseos y emociones internas, etc., por no hablar de los deseos y voluntades
de los demás que son más fuertes. La herencia, el medio ambiente
y las sugestiones los arrastran sin la menor resistencia por su parte,
sin que ejerciten en modo alguno su voluntad. Movidos como las fichas en
el tablero de ajedrez de la vida, desempeñan su parte y se quedan
a un lado después del juego. Pero los Maestros, que conocen las
reglas del juego, se elevan por encima del plano de la vida material, y
colocándose en contacto con los poderes superiores de sus naturalezas
dominan sus propias modalidades, caracteres, cualidades y polaridades,
así como el medio ambiente que los rodee, haciéndose en esta
forma directores del juego en vez de meras fichas: Causas en vez de Efectos.
Los Maestros no se libran de la causalidad en los planos superiores, sino
que están bajo el contralor de esas más elevadas leyes, y
haciendo uso de éstas se hacen dueños de las circunstancias
en los planos inferiores. De esta manera forman una parte consciente de
la Ley, en vez de ser sus ciegos instrumentos. Mientras obedecen y sirven
en los Planos Superiores, dominan y son dueños del plano material.Pero, tanto arriba como abajo, la Ley está siempre en operación.
No existe tal casualidad o azar. La ciega diosa ha sido abolida por la
razón. Ahora podemos ver, con ojos iluminados por el conocimiento,
que todo está gobernado por la ley universal y que el infinito número
de leyes no es más que manifestaciones de la Única Gran Ley:
la Ley que es el TODO. Es, pues, muy cierto que ni siquiera un gorrión
deja de estar presente en la Mente del TODO, que hasta los cabellos de
nuestra cabeza están contados, según dicen las escrituras.
Nada hay fuera de la ley; nada ocurre en contra de ella. Pero, a pesar
de ello, no se vaya a caer en el error de que el hombre es un autómata
ciego, al contrario. La doctrina hermética dice que el hombre puede
emplear la Ley contra las leyes, que lo superior siempre prevalecerá
contra lo inferior, hasta que el hombre haya alcanzado aquel estado en
el que buscará refugio en la LEY misma y podrá evadirse de
todas las leyes fenomenales. ¿Se puede comprender el significado
íntimo, interno, de esto?.
Capítulo XIII
su principio masculino y femenino; el género se manifiesta en todos
los planos.»
EL Séptimo Gran Principio Hermético —el
Principio de Género— encierra la verdad de que el género
se manifiesta en todas las cosas, de que los principios masculinos y femeninos
están siempre presentes en plena actividad en todos los fenómenos
y en cada uno de los planos de la vida. En este punto es bueno llamar la
atención sobre el hecho de que el Género, en su sentido hermético,
y el sexo, en la acepción ordinariamente aceptada del término,
no son lo mismos.La palabra «género» deriva de la raíz latina
que significa «concebir, procrear, generar, crear, producir».
Un momento de consideración sobre el asunto demostrará que
esa palabra tiene un significado mucho más amplio y general que
el término «sexo», pues este se refiere a las distinciones
físicas entre los seres machos y hembras. El sexo no es más
que una mera manifestación del Género en cierto plano del
Gran Plano Físico: el de la vida orgánica. Es necesario que
esta distinción se imprima en la mente, porque ciertos escritores
que han adquirido algunas nociones de filosofía hermética
han tratado de identificar este séptimo principio con estúpidas
y a veces reprensibles teorías y enseñanzas concernientes
al sexo.El oficio del género es solamente el de crear, producir, generar,
etc., y sus manifestaciones son visibles en todos los planos fenomenales.
Es un tanto difícil aportar pruebas de esto siguiendo las líneas
científicas, porque la ciencia no ha reconocido todavía a
este principio como de aplicación universal. Pero, así y
todo, van produciéndose algunas pruebas provenientes de fuentes
científicas. En primer lugar, encontramos una manifestación
distinta del Principio del Género entre los corpúsculos,
iones o electrones, que constituyen las bases de la materia como la ciencia
lo reconoce actualmente, y que, al constituir determinadas combinaciones,
forman el átomo, que anteriormente se consideraba como el punto
final e indivisible.La última palabra de la ciencia es que el átomo está
compuesto por una multitud de corpúsculos, electrones o iones (diversos
nombres de la misma cosa), que giran unos en torno de otros y vibran con
un elevado grado de intensidad. Pero se postula además que la formación
del átomo se debe realmente a que los corpúsculos negativos
se pongan a girar en torno de uno positivo. Los corpúsculos positivos
parecen ejercer cierta influencia sobre los negativos, impulsando a estos
a constituir ciertas combinaciones que dan como resultado la «creación»
o «generación» de un átomo. Y esto está
perfectamente de acuerdo con las más antiguas enseñanzas
herméticas, que han identificado siempre al principio masculino
del género con lo «positivo» y al femenino con lo «negativo»,
como en la electricidad, por ejemplo.Puédese agregar ahora que la mente pública se ha formulado
una impresión completamente errónea sobre las cualidades
del llamado «polo negativo» de la materia electrizada o magnetizada.
Los términos positivos y negativos han sido pésimamente aplicados
a este fenómeno. La palabra «positivo» significa algo
real y fuerte en comparación con la irrealidad o debilidad del negativo.
Pero nada está más lejos de los hechos reales de los fenómenos
eléctricos. El polo negativo de la batería es realmente el
polo en y por el cual se manifiesta la generación o producción
de formas y energías nuevas. Nada hay de «negativo»
en él. Los hombres de ciencia de mayor autoridad están actualmente
empleando la palabra «cátodo» en vez de «negativo»,
derivando cátodo de una raíz griega que significa «desciende,
el recorrido o camino de la generación», etc. Del cátodo
emerge el torbellino de electrones o corpúsculos; del mismo polo
surgen esos maravillosos «rayos» que han revolucionado las
concepciones científicas durante la pasada década. El polo
catódico es la madre de todos los extraños fenómenos
que han convertido en inútiles a los antiguos libros de texto y
que han hecho que teorías mucho tiempo aceptadas hayan sido relegadas
al montón de los desechos de las especulaciones científicas.
El cátodo, o polo negativo, es el principio madre de los Fenómenos
Eléctricos y de las más sutiles formas de materia que la
ciencia conoce actualmente. De manera, pues, que existen poderosas razones
que impulsan a rechazar el término «negativo», insistiendo
en sustituirlo por la palabra «femenino» en vez del término
antiguo. Los hechos nos conducen a esto, sin tener en cuenta para nada
la doctrina hermética, y, por consiguiente, emplearemos la palabra
«femenino» en vez de «negativo» al hablar de dicho
polo de actividad.Las últimas enseñanzas científicas dicen que los
corpúsculos o electrones creadores son femeninos. (La ciencia dice
que «están compuestos por electricidad negativa» y nosotros
que están compuestos por energía femenina).Un corpúsculo femenino se destaca, o mejor dicho, deja a un corpúsculo
masculino y comienza una nueva carrera. Activamente busca una unión
con un corpúsculo masculino, animado por el impulso natural a crear
nuevas formas de materia o energía. Cierto autor va aún más
lejos y dice que «enseguida busca, por su propia voluntad, una unión»…
este desprendimiento y unión forman la base de la mayor parte de
las actividades en el mundo químico. Cuando un corpúsculo
femenino se une a otro masculino, empieza determinado proceso. Las partículas
femeninas vibran más intensamente bajo la influencia de la energía
masculina y giran rápidamente en torno de esta última. El
resultado es el nacimiento de un nuevo átomo. Este nuevo átomo
está compuesto realmente por una unión de electrones masculinos
y femeninos, pero cuando la unión se efectúa el átomo
es una cosa separada, que posee ciertas propiedades, pero que ya no manifiesta
más la propiedad de electricidad en libertad. El proceso del desprendimiento
o separación de los electrones femeninos se llama «ionización».
Estos electrones o corpúsculos son los obreros más activos
en el campo de la Naturaleza. De sus uniones o combinaciones surgen las
diversas manifestaciones de la luz, del calor, de la electricidad, del
magnetismo, de la atracción, de la repulsión, de las afinidades
químicas y sus contrarios, así como otros fenómenos
de índole similar. Y todo surge de la operación del principio
de género en el plano de la energía.El papel del principio masculino parece ser el de dirigir a cierta energía
inherente hacia el principio femenino, poniendo así en actividad
el proceso creador. Pero el principio femenino es el único que ejecuta
siempre el trabajo activo creador en todos los planos absolutamente. Pero,
sin embargo, cada principio es incapaz de energía operadora sin
la ayuda del otro. En algunas de las formas de la vida los dos principios
se combinan en un solo organismo. Por esta razón, todo en el mundo
orgánico manifiesta ambos géneros: siempre está el
principio masculino presente en la forma femenina. Las enseñanzas
herméticas comprenden en gran parte la operación de los dos
principios del género en la producción y manifestación
de las diversas formas de energía, etc., pero no es necesario entrar
en detalles sobre el mismo en este asunto, pues no es posible endosarlas
momentáneamente con pruebas científicas que aún no
existen, debido a que la ciencia no ha progresado todavía suficientemente.
Pero el ejemplo expuesto sobre los fenómenos de los electrones o
corpúsculos demuestra que la ciencia está en el verdadero
camino y también da una idea general sobre los principios subyacentes.Algunos investigadores científicos han anunciado su creencia
de que, en la formación de los cristales, se encuentra algo que
corresponde a una especie de actividad sexual, lo que es una prueba más
de la dirección de donde sopla el viento actualmente sobre el campo
de la ciencia.Y cada año que pasa aportará nuevos hechos que corroborarán
la exactitud del Principio Hermético de Género. Se encontrará
que el género está en operación constante, manifestándose
en todo el campo de la materia inorgánica, así como en el
campo de la energía o fuerza. La electricidad se considera actualmente
como «algo» en lo que todas las demás formas de energía
se mezclan o disuelven. La Teoría Eléctrica del Universo
es la última doctrina científica emitida, y está adquiriendo
rápidamente gran popularidad y aceptación. Y de esto se deduce
que, si hemos podido descubrir en el fenómeno de la electricidad,
en la misma raíz o fuente de sus manifestaciones, una evidencia
clara e inequívoca de la presencia del género y de sus actividades,
se puede afirmar sin miedo que la ciencia llegará, últimamente,
a ofrecer pruebas de la existencia, en todos los fenómenos del universo,
de ese gran principio hermético: el Principio de Género.No es necesario perder el tiempo hablando del conocido fenómeno
de la «atracción y de la repulsión» de los átomos,
de la afinidad química, de los amores y odios de las moléculas,
de la atracción o cohesión entre las partículas de
la materia. Esos hechos son harto conocidos como para exigir mayores comentarios.
Pero, ¿se ha pensado alguna vez en que todas esas cosas no son más
que manifestaciones del principio de Género? ¿No se ve claramente
que el fenómeno es general, trátese de corpúsculos,
moléculas o electrones? Y todavía más: ¿no
es enteramente razonable y lógica la enseñanza hermética
que afirma que la misma ley de la gravitación —esa extraña
atracción por la cual todas las partículas y cuerpos en el
universo tienden unos hacia otros— no es sino otra manera de manifestarse
del principio del género, que opera en la dirección de atraer
las energías masculinas hacia las femeninas y viceversa? No es posible
ofrecer pruebas científicas por el momento, pero si se examinan
los fenómenos a la luz de las doctrinas herméticas sobre
el asunto se verá que no existe hipótesis alguna mejor que
la actual, que explique los problemas. Sométanse todos los fenómenos
físicos a la prueba, y se verá que el principio del género
se hace evidente.Pasemos ahora a considerar la operación de este principio en
el plano mental. Muchos hechos interesantes están esperando nuestro
examen.
Capítulo XIV
Los estudiantes de sicología que han seguido atentamente
el tren del pensamiento moderno en lo que respecta a los fenómenos
mentales habrán quedado extrañados de la rara insistencia
de la idea o concepto de la dualidad mental que se ha manifestado tan fuertemente
durante los diez o quince años últimos, y que ha dado origen
a gran número de plausibles teorías concernientes a la naturaleza
y constitución de esa «doble mente». El difunto Thomson
J. Hudson alcanzó gran popularidad en 1893 al enunciar su conocida
teoría sobre las «mentes objetiva y subjetiva», que,
según sostenía, existían en cada individuo. Otros
autores han llamado igualmente la atención con sus teorías
referentes a las mentes «consciente y subconsciente», mentes
voluntaria e involuntaria, mente activa y pasiva, etc. Esas teorías
podrán diferir según cada autor, pero siempre queda el principio
básico que es el de la dualidad mental.El estudiante de la filosofía hermética se siente tentado
por la sonrisa cuando lee y oye hablar de esas numerosas teorías
nuevas, respecto a la dualidad de la mente, adhiriéndose cada escuela
tenazmente a su propia doctrina, proclamando cada una con empeño
que ha sido ella la que ha descubierto la verdad. El estudiante que hojee
el libro de la historia oculta encontrará en su mismo principio
referencias a las antiguas enseñanzas herméticas sobre el
principio del género. Y si prosigue su examen, encontrará
que esa antigua filosofía conoció el fenómeno de la
dualidad mental y la explicó mediante la teoría del género
en la mente. Este concepto del género mental puede ser explicado
en pocas palabras a los estudiantes que ya se han familiarizado con las
teorías modernas que aluden al mismo. El principio masculino de
la mente corresponde a la llamada mente objetiva, mente consciente, mente
voluntaria o activa, etc., en tanto que el principio femenino corresponde
a la llamada mente subjetiva, subconsciente, involuntaria, pasiva, etc.Por supuesto, la enseñanza hermética no concuerda con
las muchas teorías modernas concernientes a las dos fases de la
mente, ni admite muchos de los hechos proclamados por esas escuelas en
apoyo de ese doble aspecto. Si indicamos la base de la concordancia es
para facilitar al estudiante la asimilación de los conocimientos
adquiridos con anterioridad sobre la filosofía hermética.
Los estudiantes de Hudson conocerán la proposición que se
hace en el principio del segundo capítulo de su obra The Law
of Psychic Phenomena (la Ley de los Fenómenos Psíquicos),
que dice: «la jerigonza mística de los filósofos herméticos
expresa la misma idea general»… o sea la dualidad de la mente. Si
el doctor Hudson se hubiera tomado el trabajo de descifrar algo más
«la jerigonza mística de la Filosofía Hermética»
hubiera recibido mucha luz sobre el punto de la dualidad de la mente; pero
entonces, quizás, su obra más interesante no hubiera sido
escrita. Consideremos ahora las enseñanzas herméticas concernientes
al género mental.Los instructores herméticos imparten enseñanzas concernientes
a este punto, pidiendo a sus discípulos que se atengan al proceso
de su propia conciencia, a su propio yo. El discípulo fija entonces
su atención internamente sobre el ego que está en cada uno
de nosotros. Cada estudiante ve que su propia conciencia le da como primer
resultante de la existencia de su yo: «Yo Soy». Esto, al principio,
parece ser la palabra final de la conciencia, pero un examen ulterior desprende
el hecho de que esto «yo soy» puede separarse en dos partes
distintas o aspectos que, si bien trabajan al unísono y en conjunción,
sin embargo puede ser separadas en la conciencia.Si bien al principio parece que sólo existe un único Yo,
un examen más cuidadoso revela que existe un «yo» y
un «mí». Este par mental difiere en características
y naturaleza, y el examen de esta, así como de los fenómenos
que surgen de la misma, arrojan gran luz sobre muchos de los problemas
de la influencia mental.Comencemos considerando el «mí», que generalmente
se confunde con el «yo», si no se profundiza mucho en los recesos
de la conciencia. El hombre piensa de sí mismo (en su aspecto de
«mí» o «me») como si estuvieran compuesto
por ciertos sentimientos, agrados, gustos, y disgustos, hábitos,
lazos especiales, características, etc., todo lo cual forma su personalidad,
o el ser que conoce él mismo y los demás. El hombre sabe
que estas emociones y sentimientos cambian, que nacen y mueren, que están
sujetos al principio del Ritmo y al de la Polaridad, cuyos principios lo
llevan de un extremo a otro. También piensa de sí mismo como
cierta suma de conocimientos agrupados en su mente, que forman así
una parte de él.Éste es el «mí» o «me» del hombre.
Pero quizás hemos precedido demasiado aprisa. El «mí»
de muchos hombres está compuesto en gran parte de la conciencia
que tiene de su propio cuerpo y de sus apetitos físicos, etc. Y,
estando su conciencia limitadas en alto grado a su naturaleza corporal,
prácticamente «viven allí». Algunos hombres van
tan allá en esto que consideran su apariencia personal como parte
de su «mí», y realmente la consideran parte de sí
mismo. Un escritor dijo con mucho humorismo en una oportunidad que el hombre
se compone de tres partes: «Alma, cuerpo y vestidos». Y esto
haría que muchos perdieran su personalidad si se les despojara de
sus vestidos. Pero, aun aquellos que no están tan estrechamente
esclavizados con la idea de su apariencia personal, lo están por
la conciencia de sus cuerpos. No pueden concebirse sin él. Su mente
les parece que es algo «que pertenece» a su cuerpo, lo que,
en muchos casos, es realmente cierto.Pero conforme el hombre adelanta en la escala de la conciencia, va adquiriendo
el poder de desprender a su «mí» de esa idea corporal,
y puede pensar de su cuerpo que es algo «que pertenece» a su
propia parte mental. Pero aun entonces es muy capaz de identificar el «mí»
completamente con sus estados mentales, sensaciones, etc., que siente existen
dentro de él. E identificará esos estados consigo mismo,
en vez de estimarlos como simples «cosas» producidas por su
mentalidad, existentes en él, dentro de él y proviniendo
de él, pero que, sin embargo, no son él mismo. Puede comprobar
también que esos estados cambian mediante un esfuerzo volitivo,
y que es capaz de producir una sensación o estado de naturaleza
completamente opuesta de la misma manera, y, sin embargo, sigue existiendo
siempre el mismo «mí». Después de un tiempo,
podrá así dejar a un lado esos diversos estados mentales,
emociones, sentimientos, hábitos, cualidades, características
y otras posesiones personales, considerándolas como una colección
de cualidades, curiosidades o valiosas posesiones del «no mí».
Esto exige mucha concentración mental y poder de análisis
de parte del estudiante. Pero ese trabajo es posible, y hasta los que no
están muy adelantados pueden ver, en su imaginación, como
se realiza el proceso descrito.Después de realizado ese ejercicio el discípulo se encontrará
en posesión consciente de un «Ser» que puede ser considerado
bajo su doble aspecto del «yo» y de «mí».
El «mí» se sentirá como algo mental en lo que
pueden producirse los pensamientos, ideas, emociones, sentimientos y otros
estados mentales. Puede ser considerado como si fuera la «matriz
mental», según decían los antiguos, capaz de generar
mentalmente. Este «mí» se denuncia a la conciencia poseyendo
poderes de creación y generación latentes, de todas clases.
Su poder de energía creadora es enorme, según puede sentirlo
uno mismo. Pero, a pesar de todo, se tiene la conciencia de que debe recibir
alguna forma de energía, bien del mismo «yo», inseparable
compañero, o bien de algún otro «yo», a fin de
que así pueda producir sus creaciones mentales. Esta conciencia
aporta consigo una realización de la enorme capacidad de trabajo
mental y de poder creador que encierra.El estudiante encuentra pronto que no es todo lo que hay en conciencia
íntima, pues ve que existe un algo mental que puede «querer»
que el «mí» obre de acuerdo con cierta línea
creadora y que, sin embargo, permanece aparte, como testigo de esa creación
mental. A esta parte de sí mismo se le da el nombre del «yo».
Y puede reposar en su conciencia a voluntad. Allí se encuentra,
no una conciencia de una capacidad de generar y crear activamente en el
sentido del proceso gradual común a las operaciones mentales, sino
más bien de la conciencia de una capacidad de proyectar una energía
del «yo» al «mí»: «Querer» que
la creación mental comience y proceda.También se experimenta que el «yo» puede permanecer
aparte, testigo de las operaciones o creaciones mentales del «mí».
Este doble aspecto existe en la mente de toda persona, el «yo»
representa al Principio Masculino del género mental, y el «mí»
al Principio Femenino. El «yo» representa el aspecto de Ser;
el «mí» el aspecto de «devenir». Se notará
que el principio de correspondencia opera en este plano lo mismo que en
el que se realiza la creación del Universo. Los dos son parecidos,
si bien difieren enormemente de grado. «Como es arriba, es abajo;
como es abajo, es arriba».Estos aspectos de la mente —los principios masculinos y femeninos— el
«yo» y el «mí» —considerados en relación
con los fenómenos psíquicos y mentales ya conocidos—, dan
la clave maestra para dilucidar la operación y manifestación
de esas nebulosas regiones de la mente. El principio del género
mental aporta la verdad que se encierra en todo el campo de los fenómenos
de influencia mental.La tendencia del principio femenino es siempre la de recibir impresiones,
mientras que la tendencia del masculino es a darlas o a expresarlas. El
principio femenino tiene un campo de acción mucho más variado
que el masculino. El principio femenino conduce el trabajo de generar nuevos
pensamientos, conceptos, ideas, incluso la obra de la imaginación.
El masculino se contenta con el acto de «querer» en sus varias
fases. Sin embargo, sin la ayuda activa de la voluntad del principio masculino,
el femenino puede contentarse con generar imágenes mentales que
son el resultado de impresiones recibidas del exterior, en vez de producir
creaciones mentales originales.Las personas que pueden prestar continuada atención a un sujeto
emplean activamente ambos principios mentales: el femenino, en el trabajo
activo de la generación mental, y el masculino en estimular y dar
energía a la porción creadora de la mente. La mayoría
apenas hace uso del principio masculino, y se contenta con vivir de acuerdo
con los pensamientos e ideas que se filtran en su «mí»
y provienen del «yo» de otras mentalidades. Pero no es nuestro
propósito detenernos en esta faz del asunto, cosa que puede estudiarse
en cualquier tratado bueno de sicología, con la clave ya indicada
sobre el género mental.El estudiante de los fenómenos psíquicos conoce la realidad
de los maravillosos fenómenos clasificados como telepatía,
influencia mental, sugestión, hipnotismo, etc. Muchos han buscado
explicación a estas diversas fases de los fenómenos, siguiendo
las teorías de dualidad mental promulgadas por los diferentes instructores.
Y, hasta cierto punto, están en lo cierto, porque, realmente existe
una manifestación clara y definida de dos fases distintas de actividad
mental. Pero si esos estudiantes consideran esa dualidad a la luz de las
enseñanzas herméticas concernientes a la vibración
y al género mental, verían que la clave tan buscada la tienen
al alcance de la mano.En los fenómenos telepáticos se ve que la energía
vibratoria del principio masculino se proyecta hacia el principio femenino
de otra persona, y que esta última absorbe ese pensamiento y le
permite desarrollarlo y madurarlo. En la misma forma obra la sugestión
y el hipnotismo. El principio masculino de una persona da la sugestión
dirigiendo una corriente de energía o poder vibratorio hacia el
principio femenino de otra, y ésta, al aceptarla, la hace suya y
piensa en consecuencia. Una idea así alojada en la mente de otra
persona crece y se desenvuelve, y a su tiempo es considerada como una verdadera
creación mental del individuo, mientras que en realidad no es más
que el huevo de un cuco puesto en el nido del gorrión, pues aquel
pájaro pone sus huevos en un nido ajeno. El proceso normal es que
el principio masculino y el femenino de una persona obren coordinada y
armoniosamente conjuntamente. Pero, desgraciadamente, el principio masculino
del hombre corriente es demasiado inerte y perezoso para obrar y el y el
despliegue de poder volitivo es muy ligero, y, en consecuencia, la mayoría
está dirigida por las mentes y voluntades de los demás a
quienes se permite querer y pensar por uno mismo. ¿Cuántos
pensamientos u obras originales hace el hombre corriente? ¿No es
la mayoría de los hombres simple sombra o eco de los que tienen
una mente o voluntad más fuerte que la suya? La perturbación
proviene de que el hombre corriente descansa casi completamente en su conciencia
del «mí» y no comprende que, realmente tiene un «yo».
Está polarizado en su principio femenino mental, y su principio
masculino, en el que reside la voluntad, está inactivo e inerte.El hombre fuerte del mundo manifiesta invariablemente el principio masculino
de voluntad, y su fuerza depende materialmente de este hecho. Y en vez
de vivir en las impresiones que le producen otras mentalidades, domina
su propia mente, mediante su voluntad, obteniendo así la clase de
imágenes mentales que quiere y domina y dominando así también
las mentes ajenas de la misma manera.Contémplese un hombre fuerte y véase como se las arregla
para implantar sus gérmenes mentales en la mente de las masas, obligándolas
así a pensar de acuerdo con sus deseos. Este es el porqué
las masas son como rebaños de carneros, que nunca originan una idea
propia ni emplean sus propios poderes y actividades mentales.La manifestación del género mental puede notarse en todas
partes diariamente. Las personas magnéticas son las que pueden emplear
su principio masculino para imprimir sus ideas sobre los demás.
El actor que hace reír o llorar a la concurrencia está haciendo
uso de este principio. Igualmente sucede con el orador, político,
predicador o cualquier o cualquier otro que atraiga la atención
pública. La influencia peculiar que ejerce un hombre sobre otro
es debido a la manifestación del género mental según
las líneas vibratorias ya indicadas. En este principio está
el secreto del magnetismo personal, de la fascinación, etc., así
como también de los fenómenos agrupados bajo el nombre de
hipnotismo.El estudiante que se ha familiarizado con los fenómenos generalmente
denominados psíquicos habrá descubierto la importante parte
que desempeña en los citados fenómenos esa fuerza que la
ciencia llama «sugestión», por cuyo término se
indica el proceso o método por el cual se transfiere una idea o
se imprime sobre la mente de otro, obligando así a la segunda mentalidad
a obrar concordantemente. Una verdadera comprensión de la sugestión
es necesaria para comprender inteligentemente los varios fenómenos
psíquicos a que la sugestión da origen. Pero aún es
más necesario el conocimiento de la vibración y del género
mental, porque todo el principio sugestivo depende de estos.Los escritores sobre la materia de sugestión dicen que la mente
objetiva o voluntaria es la que hace la impresión mental, o sugestión,
sobre la mente subjetiva o involuntaria. Pero no describen el proceso ni
indican alguna analogía mediante la cual sea más fácil
comprender la idea. Si se contempla el asunto a la luz de las enseñanzas
herméticas, se verá que la energetización del principio
femenino por la energía vibratoria del masculino está de
acuerdo con las leyes universales de la naturaleza, y el mundo natural
ofrece innumerables analogías que facilitan la comprensión
del principio. En realidad, la doctrina hermética afirma que la
misma creación del universo obedece a dicha ley y que en todas las
manifestaciones creadoras sobre los planos espiritual, mental, y físico,
siempre está en operación el principio de género:
la expresión de los principios masculino y femenino. «Como
es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba». Y aun más
que esto: cuando se comprende este principio se es capaz de clasificar
inteligentemente de inmediato los variados fenómenos psicológicos,
en vez de quedarse confuso ante ellos. El principio realmente trabaja en
la práctica, porque está basado sobre las leyes universales
e inmutables de la vida.No entraremos ahora en una dilucidación detallada de los diversos
fenómenos concernientes a la influencia mental o a la actividad
psíquica. Hay muchos libros, en su mayor parte muy buenos, que se
han escrito últimamente sobre el asunto. Los hechos principales
señalados en esas obras son exactos, aunque los diversos autores
tratan de explicarlos por las diferentes teorías de su propia cosecha.
El estudiante puede familiarizarse con estas materias, y utilizando la
doctrina del género mental podrá coordinar convenientemente
la masa caótica de teorías y enseñanzas en conflicto,
y podrá, además, adueñarse completamente del asunto
si a ello se sintiera inclinado. El objeto de esta obra no es el de dar
una explicación extensa de los fenómenos psíquicos,
sino más bien el de indicar sencillamente la clave maestra que abre
las muchas puertas que conducen al Templo del Saber, si se desea explorar
su interior. Creemos que al examinar las enseñanzas encerradas en
El
Kybalion es fácil encontrar la explicación de muchas
dificultades que confunden. De nada sirve entrar en detalles referentes
a las muchas características de los fenómenos psíquicos
y mentales si al estudiante le son dados los medios para comprender el
asunto que atrae su atención. Con la ayuda de El Kybalion se
puede entrar en cualquier biblioteca, pues la antigua luz de Egipto iluminará
las páginas confusas y los problemas obscuros. Éste es el
verdadero objeto de esta obra. No venimos a exponer una filosofía
nueva, sino a suministrar las bases fundamentales de la antigua enseñanza
universal que esclarece todas las doctrinas, y que servirá para
conciliar todas las teorías, por diferentes u opuestas que parezcan.
Capítulo XV
acompañada por una manifestación y expresión en la
práctica y en la obra, es lo mismo que el enterrar metales preciosos:
una cosa vana e inútil. El conocimiento, lo mismo que la fortuna,
deben emplearse. La ley del uso es universal, y el que la viola sufre por
haberse puesto en conflicto con las fuerzas naturales.»
Las enseñanzas herméticas han sido cuidadosamente
mantenidas en secreto, en el corazón de sus afortunados poseedores,
por las razones ya expuestas, pero nunca se pensó en mantenerlas
siempre así. La ley del uso está encerrada en dichas enseñanzas,
como puede verse en el párrafo anterior. Si no se emplea y expresa,
el conocimiento es una cosa vana que no puede aportar el menor beneficio
a su poseedor ni a su raza. Guardémonos de toda avaricia mental,
y expresemos en la acción lo que hayamos aprendido. Estúdiense
los axiomas y aforismos, pero practíquenselos también.Damos a continuación algunos de los más importantes axiomas
herméticos, tomados de El Kybalion, con algunos comentarios
agregados. Que cada uno los haga suyos y los practique y emplee, porque
nunca serán realmente una posesión propia hasta que se los
haya llevado a la práctica.«Para cambiar vuestra característica o
estado mental, cambiad vuestra vibración.»
Uno puede cambiar sus vibraciones mentales, mediante un esfuerzo de la
voluntad, fijando la atención deliberadamente sobre el estado deseado.
La voluntad es la que dirige a la atención, y ésta es la
que cambia la vibración. Cultívese el arte de estar atento,
por medio de la voluntad y se habrá resuelto el problema de dominar
las propias modalidades y estados de la mente.«Para destruir un grado de vibración no
deseable, póngase en operación el principio de polaridad
y concéntrese a la atención en le polo opuesto al que se
desea suprimir. Lo no deseable se mata cambiando su polaridad.»
Ésta es una de las más importantes fórmulas herméticas
y está basada sobre verdaderos principios científicos. Ya
se indicó que un estado mental y su opuesto eran sencillamente dos
polos de una misma cosa, y que mediante la transmutación mental
esa polaridad podía ser invertida. Los modernos psicólogos
conocen ese principio y lo aplican para disolver los hábitos no
deseables, aconsejando a sus discípulos la concentración
sobre la opuesta cualidad. Si uno tiene miedo, es inútil que pierda
su tiempo tratando de matar el miedo, sino que debe cultivar el valor,
y entonces el miedo desaparecerá. Algunos autores han expresado
esta idea, ilustrándola con el ejemplo de una habitación
oscura. No hay que perder el tiempo tratando de arrojar afuera a la oscuridad,
sino que es muchísimo mejor abrir las ventanas y dejar entrar la
luz, y la oscuridad desaparecerá por sí sola. Para matar
una cualidad negativa es necesario concentrarse sobre el polo positivo
de esa misma cualidad, y las vibraciones cambiarán gradualmente
de negativas en positivas, hasta que finalmente se polarizará en
el polo positivo, en vez de estarlo en el negativo. La inversa es también
verdad, porque muchos han encontrado el dolor por haberse permitido vibrar
demasiado constantemente en el polo negativo de las cosas. Cambiando la
polaridad pueden dominarse las modalidades y estados mentales, rehaciendo
toda la disposición propia y construyendo así el carácter.
Mucha parte del dominio que los herméticos avanzados poseen sobre
su mentalidad es debida a la inteligente aplicación de la polaridad,
que es uno de los más importantes aspectos de la transmutación
mental. Recuérdese el axioma hermético, citado anteriormente,
que dice:«La mente, así como los metales y los elementos,
puede transmutarse de grado en grado, de condición en condición,
de polo a polo, de vibración en vibración.»
Dominar la polaridad significa dominar los principios de la transmutación
o alquimia mental; porque, salvo que se adquiera el arte de cambiar la
propia polaridad, no se podrá afectar el ambiente que nos rodea.
Si comprendemos ese principio podemos cambiar nuestra propia polaridad,
así como la de los demás, siempre que dediquemos a ello el
tiempo, el cuidado, el estudio y la práctica necesarios para dominar
ese arte. El principio es verdad, pero los resultados que se obtienen dependen
de la persistente paciencia y práctica del estudiante.«El ritmo puede neutralizarse mediante el arte
de la polarización.»
Como ya explicamos en los capítulos anteriores, los herméticos
sostienen que el principio del Ritmo se manifiesta en el Plano Mental,
así como en el Plano Físico, y que la encadenada sucesión
de modalidades, sentimientos, emociones y otros estados mentales, son debida
al movimiento oscilante del péndulo mental, que nos arrastra de
un extremo a otro. Los herméticos enseñan además que
la ley de la neutralización nos capacita, en gran extensión,
a sobreponernos a la operación del Ritmo en la conciencia. Como
ya hemos explicado, existe un plano de conciencia superior, así
como uno inferior, y el maestro, elevándose mentalmente al plano
superior, hace que la oscilación del péndulo mental se manifieste
en el plano inferior, mientras él permanece en el otro, librando
así su conciencia de la oscilación contraria.Ésta se efectúa polarizándose en el Yo Superior,
elevando así las vibraciones mentales del Ego sobre el plano de
conciencia ordinario. Es lo mismo que levantarse por encima de una cosa
y permitir que ésta pase por debajo. El hermético avanzado
se polariza en el polo positivo de su ser, el YO SOY, más bien que
en el polo de su personalidad, y, rehusando y negando la operación
del Ritmo, se eleva sobre su plano de conciencia, permaneciendo firme en
su afirmación de ser, y la oscilación pasa en el plano inferior,
sin cambiar para nada su propia polaridad. Esto lo realizan todos los individuos
que han alcanzado cualquier grado de dominio propio, comprendan o no la
ley. Esas personas rehúsan sencillamente el dejarse arrastrar por
la oscilación, y afirmando resueltamente su superioridad permanecen
polarizados positivamente. El maestro por supuesto, alcanza un mayor grado
de perfeccionamiento porque comprende perfectamente la ley que está
dominando con la ayuda de una ley Superior, y mediante su voluntad adquiere
un grado de equilibrio y firmeza casi imposible de concebir por los que
se dejan llevar de un lado a otro por las oscilaciones de la emotividad.Recuérdese siempre, sin embargo, que el principio del Ritmo no
puede ser destruido, porque es indestructible. Sólo es posible sobreponerse
a una ley equilibrándola con otra, manteniéndose así
el equilibrio. Las leyes del equilibrio operan tanto en el plano mental
como en el físico, y la comprensión de esas leyes le permiten
a uno sobreponerse a ellas, contrabalanceándolas.«Nada escapa al principio de causa y efecto, pero
hay muchos planos de Causalidad y uno puede emplear las leyes del plano
superior para dominar a las del inferior.»
Comprendiendo la práctica de la polarización, el hermético
se eleva al plano superior de causalidad, equilibrando así las leyes
de los planos inferiores. Elevándose sobre el plano de las causas
ordinarias se convierte uno, hasta cierto punto, en una causa, en vez de
ser un simple efecto. Pudiendo dominar los sentimientos y modalidades propias,
y neutralizando el ritmo, se puede rehuir gran parte de las operaciones
de la ley de causa y efecto en el plano ordinario. Las masas se dejan arrastrar,
obedeciendo al ambiente que las rodea, a las voluntades y deseos de algunos
hombres más fuertes que ellas, a los efectos de las tendencias heredades
o a las sugestiones u otras causas exteriores, no siendo más que
simples fichas en el tablero de ajedrez de la vida. Elevándose sobre
esas causas, los herméticos avanzados buscan un plano de acción
mental superior, y dominando sus propias cualidades, se crean un nuevo
carácter, cualidades y poderes, mediante los cuales se sobreponen
a su ambiente ordinario, haciéndose así directores en vez
de dirigidos. Esos individuos ayudan a la realización del juego
de la vida conscientemente, en vez de dejarse mover por influencias, poderes
o voluntades externas. Emplean el principio de causa y efecto en vez de
dejarse dominar por él. Por supuesto, aun los seres más elevados
están sujetos a este principio según se manifiesta en los
planos superiores, pero en los inferiores son señores y no esclavos.
Según dice El Kybalion:«El sabio sirve en lo superior, pero rige en lo
inferior. Obedece a las leyes que están por encima de él,
pero en su propio plano y en las que están por debajo de él,
rige y ordena. Sin embargo, al hacerlo, forma parte del principio en vez
de oponerse al mismo. El sabio se sumerge en la Ley, y comprendiendo sus
movimientos, opera en ella en vez de ser su ciego esclavo. Semejantemente
al buen nadador, va de aquí para allá, según su propia
voluntad, en vez de dejarse arrastrar como el madero que flota en la corriente.
Sin embargo el nadador, el sabio y el ignorante, están todos sujetos
a la ley. Aquél que esto comprenda va en el buen camino que conduce
a la Maestría.»
Para concluir, recordamos nuevamente el axioma hermético que dice
que: «La verdadera transmutación hermética es un arte
mental».En dicho axioma el hermético indica que el ambiente externo se
influencia mediante el poder de la mente. El Universo, que es totalmente
mental, puede ser solamente dominado mediante la mentalidad. En esta verdad
se encontrará la explicación de todos los fenómenos
y manifestaciones de los diversos poderes mentales que tanto están
atrayendo la atención actualmente, en pleno siglo XX. Tras toda
la enseñanza dada por las diversas escuelas o religiones, yace siempre
constantemente el principio de la substancialidad mental del Universo.
Si éste es mental, en su naturaleza intrínseca, fácilmente
se deduce que la transmutación mental debe modificar y transformar
las condiciones y los fenómenos del Universo, y que la mente debe
ser el mayor poder que pueda afectar sus fenómenos. Si se comprende
esta verdad, todos los llamados milagros y maravillas dejarán de
tener punto alguno oscuro, porque la explicación es por demás
clara y sencilla.«El TODO es MENTE; el Universo es mental.»
El esoterismo es rico en palabras claves, símbolos y «esencias»
conceptuales. Su transmisión, a través de las edades, implicó
un esforzado aprendizaje, una memorización de significados, «acentos»
y una persistente custodia de sus valores originales para que nada de lo
preservado perdiera su color, su sabor, su propósito y su intensidad.
Al amparo de tales premisas fue creciendo paulatinamente el árbol
de la ciencia hermética que reconoce como sus raíces a El
Kybalion. Y este último resumen de un conocimiento intemporal,
encontró en Hermes Trismegisto a su más consumado mentor
y mensajero. En estas páginas redactadas con hondura y exactitud
por tres iniciados, es posible pasar revista a tópicos realmente
sapienciales sobre la filosofía oculta. Sus principios rectores
(en los que el mentalismo, la correspondencia, la vibración, la
polaridad, causa y efecto, y la generación juegan papeles preponderantes);
la transmutación mental, la totalidad, el universo mental, la paradoja
divina y los axiomas herméticos son tan sólo algunos de los
temas tan bien expuestos aquí. El Kybalion es, pues, una
exposición sincera y rotunda de los esquemas básicos del
esoterismo, y como muy bien lo señalan los tres iniciados, no se
proponen erigir un nuevo templo de la sabiduría, sino poner manos
del investigador la llave que abrirá las numerosas puertas internas
que conducen hacia el Templo del Misterio. Y, en rigor de la verdad, las
muchas reediciones de esta obra, su constante renovación, a través
de los distintos círculos herméticos del mundo en sus reflexiones,
pláticas, conferencias y clases, son ratificación elocuentísima
de las bondades de una doctrina que ilumina a la humanidad desde hace siglos.


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