De como la Iglesia por su egoismo y avaricia instauró el celibato obligatorio.
En la Epístola a Tito 1,5-7 en el apartado titulado “condiciones de los obispos”, San Pablo fijó por escrito unas instrucciones concretas para el que se acabase de ordenar: “Que sean irreprochables maridos de una sola mujer”.
Esto por supuesto no significaba tal y como manda hoy la iglesia católica, que fuesen célibes, sino más bien, que le fuesen sexualmente fieles a un asola mujer, aquella con la que se desposaron, norma que tampoco es que haya sido muy respetada por los clérigos del primer milenio.
En el Viejo Testamento, en el capítulo titulado “leyes acerca de la pureza habitual de los sacerdotes”, de la Ley proclamada en el Levítico, luego ratificada por Jesús según Mt. 5,17-18, ordenó este: “Tomará el sacerdote virgen por mujer, no viuda, ni repudiada, ni desflorada, ni prostituta. Tomará una virgen de las de su pueblo…” Parece pues que Dios tuvo especial cuidado hasta para legislar las características que debían cumplir las esposas de los sacerdotes.
El celibato de la Iglesia Católica no fue impuesto hasta el siglo XVI, sin embargo es bien sabido que los miembros de estas iglesia no están muy de acuerdo con el mismo hasta el punto donde se volvió a tocar el tema del celibato para cambiarlo como opcional en el Concilio Vaticano II, pero Paulo VI no se atrevió a replantear la cuestión del celibato tal y como se lo solicitaron muchos miembros del sínodo que defendían su opcionalidad.
Tan habitual era que los clérigos tuvieran concubinas y amantes que la iglesia en los primeros días de la instauración del celibato instauró la llamada “Renta de Putas” a todos los sacerdotes de la diócesis sin excepción, incluso a los que defendían su pureza, se les obligaba a pagar ya que el obispo afirmaba que era imposible el no mantener relaciones sexuales de algún tipo.
Con la celebración del concilio de Trento (1545-1563) el papa Paulo III (padre de varios hijos naturales) implantó definitivamente los edictos disciplinarios de Letrán y, además prohibió explícitamente que la iglesia pudiese ordenar a varones casados, practica que había sido normal hasta este concilio de Trento, debido a la escasez de vocación de muchos prelados, especialmente en el Tercer Mundo.
Pero entonces se preguntarán, ¿Si es bien sabido que los clérigos no están de acuerdo con el celibato e incluso muchos no lo cumplen a rajatabla, por que la Iglesia católica lo instauró y lo mantiene como obligatorio?
Muy sencilla es la respuesta, la Iglesia es sabia y es interesada y como hemos visto gusta de recibir riqueza pero no de repartirla como bien sabemos. Y lo que si ha logrado la Iglesia con la imposición de la ley del celibato obligatorio es un instrumento de control que le permite ejercer un poder abusivo y dictatorial sobre sus trabajadores, y una estrategia básicamente economicista para abaratar los costos de mantenimiento de su plantilla sacro-laboral, y también para incrementar su patrimonio institucional; por lo que, evidentemente la única humanidad que gana con este estado de cosas es la propia Iglesia católica.
Este obligado carácter célibe convierte al clero en una gran masa de mano de obra barata y de alto rendimiento y dotada de una movilidad geográfica y de una sumisión y dependencia jerárquica absoluta.
Un sacerdote célibe es mucho más barato de mantener que otro que tenga familia, ya que en este último supuesto la Iglesia tendría que triplicar, al menos, el salario actual del cura célibe para que este pudiese afrontar junto a su mujer e hijos, una vida material digna y suficiente para cubrir todas las necesidades que son corrientes en el núcleo familiar.
¿ Y entonces, por que al igual que otras confesiones cristianas, no permiten que los curas desarrollen además una profesión civil que les reporte ingresos y así pueda mantener una familia?
Pues sencillamente por que la Iglesia católica piensa de un modo egoísta y equivocado que un sacerdote que trabaje civilmente rendirá menos en sus labores sacerdotales y se anclará a cierta diócesis perdiendo así la Iglesia la posibilidad de movilizarlo a su antojo y necesidades. Esto ya sin entrar en la otra ventaja económica que proviene de la frustración vital que muchos sacerdotes llegan a padecer por sus carencias afectivo-sexuales y otras causas de índole emocional que se traducen en que una parte de ellos se vean espoleados a acumular riqueza como parte de un mecanismo psicológico compensatorio, y al ser obligatoriamente solteros, todos o la mayor parte de estos bienes pasan, por herencia, a engrosar el patrimonio de la Iglesia. Otro tanto suele suceder con los bienes que heredan de sus familias.
Si los sacerdotes estuviesen casados, resulta obvio que la Iglesia católica no heredaría sus posesiones, incluyendo las apetitosas donaciones patrimoniales de beatas, solitarias y ricas, ya que sus bienes acabarían, lógicamente, en manos de su esposa e hijos. Por eso y no por razones morales, desde el medioevo la Iglesia tomó la decisión de declarar como hijos ilegítimos a los hijos de los clérigos; de este modo, se les impedía legalmente cualquier posibilidad de heredar el patrimonio del padre.
Esto por supuesto no significaba tal y como manda hoy la iglesia católica, que fuesen célibes, sino más bien, que le fuesen sexualmente fieles a un asola mujer, aquella con la que se desposaron, norma que tampoco es que haya sido muy respetada por los clérigos del primer milenio.
En el Viejo Testamento, en el capítulo titulado “leyes acerca de la pureza habitual de los sacerdotes”, de la Ley proclamada en el Levítico, luego ratificada por Jesús según Mt. 5,17-18, ordenó este: “Tomará el sacerdote virgen por mujer, no viuda, ni repudiada, ni desflorada, ni prostituta. Tomará una virgen de las de su pueblo…” Parece pues que Dios tuvo especial cuidado hasta para legislar las características que debían cumplir las esposas de los sacerdotes.
El celibato de la Iglesia Católica no fue impuesto hasta el siglo XVI, sin embargo es bien sabido que los miembros de estas iglesia no están muy de acuerdo con el mismo hasta el punto donde se volvió a tocar el tema del celibato para cambiarlo como opcional en el Concilio Vaticano II, pero Paulo VI no se atrevió a replantear la cuestión del celibato tal y como se lo solicitaron muchos miembros del sínodo que defendían su opcionalidad.
Tan habitual era que los clérigos tuvieran concubinas y amantes que la iglesia en los primeros días de la instauración del celibato instauró la llamada “Renta de Putas” a todos los sacerdotes de la diócesis sin excepción, incluso a los que defendían su pureza, se les obligaba a pagar ya que el obispo afirmaba que era imposible el no mantener relaciones sexuales de algún tipo.
Con la celebración del concilio de Trento (1545-1563) el papa Paulo III (padre de varios hijos naturales) implantó definitivamente los edictos disciplinarios de Letrán y, además prohibió explícitamente que la iglesia pudiese ordenar a varones casados, practica que había sido normal hasta este concilio de Trento, debido a la escasez de vocación de muchos prelados, especialmente en el Tercer Mundo.
Pero entonces se preguntarán, ¿Si es bien sabido que los clérigos no están de acuerdo con el celibato e incluso muchos no lo cumplen a rajatabla, por que la Iglesia católica lo instauró y lo mantiene como obligatorio?
Muy sencilla es la respuesta, la Iglesia es sabia y es interesada y como hemos visto gusta de recibir riqueza pero no de repartirla como bien sabemos. Y lo que si ha logrado la Iglesia con la imposición de la ley del celibato obligatorio es un instrumento de control que le permite ejercer un poder abusivo y dictatorial sobre sus trabajadores, y una estrategia básicamente economicista para abaratar los costos de mantenimiento de su plantilla sacro-laboral, y también para incrementar su patrimonio institucional; por lo que, evidentemente la única humanidad que gana con este estado de cosas es la propia Iglesia católica.
Este obligado carácter célibe convierte al clero en una gran masa de mano de obra barata y de alto rendimiento y dotada de una movilidad geográfica y de una sumisión y dependencia jerárquica absoluta.
Un sacerdote célibe es mucho más barato de mantener que otro que tenga familia, ya que en este último supuesto la Iglesia tendría que triplicar, al menos, el salario actual del cura célibe para que este pudiese afrontar junto a su mujer e hijos, una vida material digna y suficiente para cubrir todas las necesidades que son corrientes en el núcleo familiar.
¿ Y entonces, por que al igual que otras confesiones cristianas, no permiten que los curas desarrollen además una profesión civil que les reporte ingresos y así pueda mantener una familia?
Pues sencillamente por que la Iglesia católica piensa de un modo egoísta y equivocado que un sacerdote que trabaje civilmente rendirá menos en sus labores sacerdotales y se anclará a cierta diócesis perdiendo así la Iglesia la posibilidad de movilizarlo a su antojo y necesidades. Esto ya sin entrar en la otra ventaja económica que proviene de la frustración vital que muchos sacerdotes llegan a padecer por sus carencias afectivo-sexuales y otras causas de índole emocional que se traducen en que una parte de ellos se vean espoleados a acumular riqueza como parte de un mecanismo psicológico compensatorio, y al ser obligatoriamente solteros, todos o la mayor parte de estos bienes pasan, por herencia, a engrosar el patrimonio de la Iglesia. Otro tanto suele suceder con los bienes que heredan de sus familias.
Si los sacerdotes estuviesen casados, resulta obvio que la Iglesia católica no heredaría sus posesiones, incluyendo las apetitosas donaciones patrimoniales de beatas, solitarias y ricas, ya que sus bienes acabarían, lógicamente, en manos de su esposa e hijos. Por eso y no por razones morales, desde el medioevo la Iglesia tomó la decisión de declarar como hijos ilegítimos a los hijos de los clérigos; de este modo, se les impedía legalmente cualquier posibilidad de heredar el patrimonio del padre.


4 Comments:
At 12:29 AM,
Chary said…
Sinceramente no sé quien me envió esto ni por qué. Toda mi vida he sido católica práctica y estoy de acuerdo con todas y cada una de las pautas que ésta me exige como su servidora y seguidora.
Me parece que es una falta de respeto que envien este tipo de "estudios" a personas cristianas. Por qué mejor no escriben sobre la importancia de seguir a Dios como nuestro único salvador? Independientemente de la Iglesia que sea.
Deberian dedicar mas tiempo a estudiar las razones por las cuales hay personas que no tienen control de si mismas ni ningun tipo de espiritualidad. Obviamente con cartas como esta no estan ayudando mucho a que nuestro planeta sea uno mejor.
Pero ni pensar en que nos han ofendido. En lo absoluto. Al contrario, oramos por las personas que tienen el atrevimiento de escribir cosas asi, para que tengan el valor de aceptar a Cristo en su corazón.
Ademas, personalmente, rezaré un novenario a la Virgen de la Milagrosa para que los cubra con su santo manto y los bendiga siempre.
At 12:35 PM,
Anónimo said…
Como en todas las instituciones hay gente que es fiel y sirve a ella a su institucion y a sus principios como es verdad que hay gente avariciosa, que por dinero y por muchas otras cosas se corrompe, yo creo en Dios y creo que hay representantes dignos de el como hay otros que no lo son y usan a Dios como frente para sus canalladas
At 5:00 PM,
Anónimo said…
chary: no toda persona cristiana es catolica, lo cual quiere decir que hay muchos cristianos que no piensan como tu y que estan en libertad de criticar a la iglesia catolia apostolica y romana, nunca olvides que en la historia ha habido muchas formas de interpretar a cristo, la iglesia catolica solo es una de ellas
pd: tus deseo de plegarias no ocultan ni por un momento la ira que sientes
At 10:40 AM,
Anónimo said…
creo que la iglesia catolica esta en decadencia,se esta corrompiendo y cada vez tiene menos poder;esto se vislumbra claramente en estos ultimos siglos.me parece positivo que se den a conocer todas sus mentiras e inescrupulosas manipulaciones y abusos.tarde o temprano van a caer.
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